“Por mi propio pie” es el libro que presentó este miércoles Demac (Documentación y Estudios de Mujeres A.C), en un esfuerzo de recopilar las historias de mujeres que buscan su libertad, tanto de expresión como social, familiar, de pareja, en fin. Se trata de un enorme esfuerzo por parte de la Fundación Espinosa Rugarcía para promover a través de la impartición de talleres autobiográficos el autodescubrimiento de las mujeres, sin importar su edad o condición social.
En lo personal, supe de la existencia de Demac cuando recibí por correo electrónico una invitación para participar en su taller autobiográfico, al cual asistí. Es cuando descubrí que no importa tu profesión, cuántos estudios tengas, qué tan preparado estés, incluso si sabes de literatura o no.
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Cuando te sientas, y en la soledad del silencio, encuentras tu verdad y la tratas de plasmar en un papel en blanco (o en la pantalla de tu computadora, es igual), el miedo es brutal y la parálisis es total. Y es que el ejercicio de verte en el espejo tal cual eres, con tus errores, tus culpas, no es fácil.
Se requiere de un valor, de una fortaleza, que muchas veces no se tiene. Pero al final algo ocurre; y aunque te desesperas, lloras, enfureces, tarde o temprano las letras brotan… como la verdad.
Esta ‘verdad’ de muchas mujeres sale a relucir a lo largo de los talleres de autobiografía que imparte Demac, tanto en Puebla como en otras partes del país, y son esos fragmentos, como pequeños diamantes que fueron pulidos con lágrimas y entereza, los que se recopilan en ‘Por mi propio pie’.
Por ejemplo, aquí un fragmento del testimonio de Norma Alejandra Álvarez Cortés:
“Mucha gente me ha preguntado por qué dejé a mi esposo, por qué renuncié de repente a mi hogar, por qué no luché más. No, yo no terminé de tajo con mi hogar, ni con el amor. Éste se fue destruyendo poco a poco y nadie, ni yo misma, supo en qué momento el amor se nos convirtió en una pavorosa costumbre, en dolorosa carga, en estúpida obligación que me llevó a lastimar y lastimarme tanto. Quizás es ahí donde tantos matrimonios o relaciones de pareja deberían poner atención: en el poco a poco, en el día a día. Vivo una etapa diferente, no más fácil, no menos dura, pero si más feliz, más libre, más independiente”.
El valor de la escritura autobiográfica es la liberación, la independencia, la revolución interna, la evolución personal.
Es así como DEMAC, desde hace 30 años a nivel nacional y 15 en Puebla ha ayudado, guiado, orientado a cientos, miles de mujeres, (yo incluida), a encontrar su voz, su identidad, muchas veces sumergida en “el deber ser”, maniatada por el temor a la soledad, en la búsqueda incesante de la familia perfecta, de la pareja soñada, en la madre abnegada ante sus hijos y de la sociedad entera que nos hizo creer “en el destino natural de las mujeres por servir primero a los demás”, en la entrega incondicional de la esposa, porque en este país, como en muchas culturas latinas, la mujer abnegada tiene mucho rating, pues “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”.
A través de estos talleres autobiográficos, de este esfuerzo literario que promueve DEMAC, a través de su directora Alejandra Montero, la mujer encuentra las herramientas para dejar de ser víctima, y convertirse en la responsable única de su felicidad.
Creo que ahora muchas mujeres tenemos la misión personal de romper mitos, estereotipos sociales e idealismos culturales, como convertirnos en ‘la mujer perfecta’, con ‘la familia perfecta’ al encontrar al ‘hombre perfecto’ que le puede dar ‘los hijos perfectos’.
Sueños infantiles que se rompen frágiles como una pompa de jabón cuando se enfrentan a la realidad.
En cambio, cada día más mujeres experimentamos el despertar a una consciencia más abierta, flexible, tolerante… que se construye día a día y que crece en fuertes raíces que reposan en la autonomía, plenitud, libertad, independencia, paz… los únicos caminos que nos llevan a una felicidad real… y por lo tanto, posible.
Sí, hay que pagar un precio alto… aquí la muestra en ‘Por mi propio pie’ de muchas mujeres que ya están pagando el precio.
Estoy segura que vale la pena el esfuerzo.