De las primeras cosas que llaman la atención en cuanto uno desciende del avión en el Aeropuerto Internacional José María Córdoba de Medellín, son dos anuncios contrastantes que cualquier visitante o habitante de esta bella ciudad del noroeste de Colombia encontrará continuamente en su deambular por calles y edificios públicos.
El primero de ellos es un letrero que señala que la práctica de la prostitución y la explotación sexual de niños y adolescentes es un delito grave penado por la ley. A este letrero lo acompañarán durante toda nuestra estancia y recorridos por Medellín las imágenes de la campaña contra el turismo sexual.
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El segundo es el logo de una campaña oficial que parece tener ya un buen número de años vigente, buscando promover una cultura ciudadana de respeto y no violencia y cuyo slogan es: Antioquia, la más educada.
Medellín es la capital del departamento (el equivalente a estado en nuestro contexto nacional) de Antioquia, que es el sexto en cuanto a extensión geográfica en el país y el más poblado descontando al distrito capital de Bogotá que tiene otra condición administrativa.
Durante muchos años todo el departamento y en especial la ciudad de Medellín estuvieron inmersos en una situación de violencia extrema por el control casi absoluto del cártel del mismo nombre y otras agrupaciones rivales dedicadas al tráfico de drogas. Los taxistas, comerciantes y ciudadanos con los que uno tiene la oportunidad de conversar refieren que la situación era extremadamente difícil, que prácticamente no había trabajo si no estaba relacionado y/o autorizado por los grupos delincuenciales y que muchas zonas de la ciudad eran intransitables.
Estas mismas personas hablan del gran cambio que se ha vivido a partir de entonces y de la forma en que Medellín ha logrado convertirse en una ciudad pacífica, pujante y emprendedora en la que se puede circular prácticamente por cualquier sitio salvo algunas zonas muy delimitadas –que existen en cualquier ciudad grande del mundo-, con una buena planeación urbana –les han tocado “políticos que roban pero sí invierten en cosas que benefician a la ciudad” dicen textualmente- y una vida cultural en ascenso.
Quedan algunos resabios de los malos tiempos: muchos jóvenes que no estudiaron ni aprendieron a trabajar y se acostumbraron al dinero fácil que les brindaba el servicio a los cárteles y sobre todo, la muy triste realidad del turismo sexual y de su faceta más cruel e inhumana que es el tráfico de personas, sobre todo niños y adolescentes. Contra esto se está enfocando la fuerza gubernamental y social pero llevará todavía mucho tiempo revertir la situación.
Sin embargo puede notarse en todos los ciudadanos de esta urbe colombiana –les llaman “paisas” a todos los de la región de Antioquia- el orgullo por su origen y su cultura, el convencimiento de que las cosas están infinitamente mejor que hace unas décadas y el compromiso activo con seguir transformando su situación social.
En esta transformación, la educación ha jugado un papel muy relevante. Por una parte la educación escolarizada que se imparte en escuelas y universidades que han asumido con mucha seriedad el asunto de la responsabilidad social (escolar, universitaria) –asunto que nos convocó en esa ciudad en la Fundación Universitaria Luis Amigó- y trabajado con mucho acierto en la construcción de instituciones que cuidan el medio ambiente, promueven el respeto a la dignidad y los derechos humanos, trabajan con visión de combate a la desigualdad y construyen día a día una cultura que promueve estos valores.
Pero no solamente la educación formal. En la reconstrucción del tejido social de Medellín, Antioquia y buena parte de Colombia ha jugado un papel muy relevante la educación informal, extramuros, que se ha promovido desde los espacios de cultura como las bibliotecas públicas, los museos, el acuario, el jardín botánico, etc. y que se refuerza con mensajes positivos en las calles y plazas y en los medios de comunicación masiva.
Por el sistema de sonido de los vagones del metro se escucha: “El metro es un sistema de transporte colectivo, por lo que es usado por un número muy grande de personas diariamente. Le pedimos que ponga atención a sus bolsos y portafolios… (aquí un mexicano promedio piensa que le van a advertir sobre el riesgo de que le roben)… porque podrían golpear o incomodar a quienes viajan a su lado”. Este es un ejemplo del tipo de mensajes positivos que van cambiando la tesitura de las relaciones sociales y las hacen centrarse en el respeto y el cuidado del otro en vez de en la desconfianza y actitud defensiva frente a los demás.
Cuando uno sube por el “Metrocable” –el teleférico que no es una atracción turística sino una parte importante del sistema de transporte público de la ciudad- encuentra que en medio de colonias de muy bajos ingresos en las que predominan casas autoconstruidas, muchas de ellas con techos de lámina, se levanta la muy impresionante plaza y biblioteca de España, un edificio enorme y moderno construido con apoyo económico de ese país para dar un servicio educativo público y gratuito a esta población vulnerable.
De manera que el mensaje: “Antioquia, la más educada” es la expresión de una apuesta por la paz y la convivencia social sana a partir del apoyo real y consistente del gobierno a la educación formal y no formal de sus ciudadanos.
Habría que aprender mucho mirándonos en ese espejo.