A varias décadas de su publicación, existen varias interpretaciones a la siguiente cita de Alvin Toffler[[1]], “Los analfabetos del Siglo XXI no serán los que no sepan leer y escribir sino los que no puedan aprender a olvidar lo aprendido y aprender de nuevo”.
Traer esta reflexión al texto se justifica en mi opinión porque a la fecha, las tendencias en los indicadores del comportamiento económico y social del territorio poblano (ampliamente difundidos en los medios de comunicación), siguen siendo adversas. Imagine usted respetable lector(a): Si con aportaciones federales multimillonarias más el endeudamiento local de Puebla en los últimos cuatro años las cosas no caminan en el sentido que la sociedad poblana espera, las medidas de recorte al presupuesto nacional recientemente anunciadas, muy probablemente agravarán la situación de la población en todo el territorio.
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La realidad que enfrentamos tiene una lectura que ya ha sido comentada en este espacio desde hace varios años y se relaciona con los modelos (y funcionarios públicos, añado ahora) anacrónicos para interpretar los escenarios socio-económico-ambientales locales y proponer su manejo. Las estructuras de la administración pública centralizada de nuestro país son monolíticas y se reproducen en las entidades federativas y en los municipios. Así tendría que ser en una sociedad burocrática que se exhibe hoy tan vulnerable.
Disculpará usted lector(a) amigo(a) que recurra con insistencia a este apoyo referencial para contextualizar mi idea: Se atribuye[[2]] al físico Albert Einstein la siguiente cita: “No hay nada que sea un signo más claro de demencia que hacer algo una y otra vez y esperar que los resultados sean diferentes”. Pues es esto en mi opinión, lo que ha caracterizado a las administraciones públicas en nuestro país y por ende a nuestro estado y sus municipios.
En Puebla se sigue apostando como política económica a la carísima promoción de inversiones en un modelo industrial basado en principios newtonianos que fueron la base de la revolución industrial del siglo XVIII, cuando hoy nos encontramos ya con aplicaciones generadas en el marco de una física cuántica que pone a esos principios en entredicho. En materia de desarrollo social se mantiene el asistencialismo que ha demostrado su ineficiencia como política pública; y en el tema de medio ambiente la omisión oficial ha permitido el agravamiento de un campo de la administración pública al que le subyace un vasto horizonte de posibilidades e innovaciones de beneficios sustentables.
Muy pronto estaremos escuchando en el discurso oficial local, la auto-justificación de su ineficiencia en razón de la caída internacional de los precios del petróleo y los consecuentes recortes en el presupuesto para los estados. Pero el problema no nace con la caída de los precios del petróleo, sino con la histórica falta de imaginación para impulsar las economías de las comunidades basadas en el aprovechamiento sustentables de sus propios recursos naturales. La política hacendaria nacional sigue fundada equivocadamente en administrar una riqueza no renovable y ya con síntomas de extinción, cuyos precios son determinados por terceros.
Las políticas estatales consecuentemente se hicieron dependientes de tales políticas nacionales y tampoco fue necesario desde la óptica de los funcionarios públicos, cambiar un ápice a los modelos programáticos de distribución de tal riqueza entre las comunidades locales. Las consecuencias están a la vista y el horizonte es nada claro. El gobierno del estado no ha tenido, no tiene, ni tendrá una alternativa por compartir con la población. Su escudo para contener la inconformidad social será la economía internacional. Pregunte usted a cualquier diputado poblano o candidato a diputado sobre el tema y se convencerá.
Son estos momentos en los que se dimensiona la equivocada política del multimillonario ejercicio presupuestal poblano en los últimos cuatro años, que fue entregado en obra pública y contratos de servicio a foráneos cuando pudieron ser ejercidos totalmente en Puebla para las industrias, proveedores, empleados y trabajadores locales.
Pocos caminos alternativos quedan y cobra entonces vigencia la visión casi profética de Toffler en sus libros El choque del futuro y La tercera ola, que le invito a usted a leer.
Aún en estos escenarios poco halagüeños estoy convencido que en Puebla podemos disminuir exitosamente y con esfuerzo la situación. “No podemos resolver los problemas usando el mismo nivel de pensamiento que usamos cuando se crearon” decía Einstein. Y eso significa que es necesario innovar desde la base; en primer lugar reconocer que las opciones de la política económica, social y ambiental locales son monolíticas, anacrónicas y dependientes del exterior; en segundo lugar, que los municipios y sus localidades deben voltear con el acompañamiento de las instituciones de educación superior, a observar su horizonte territorial de recursos y oportunidades; en tercero, apoyarse en el menú de plataformas de la comunicación para ofrecer productos y servicios sin intermediarios; y en cuarto lugar, dialogar si fuera necesario, directamente con sus cámaras y asociaciones locales para consensuar los términos en que puedan ser apoyados para el desarrollo sustentable de sus comunidades.
Como corolario, no puedo dejar de traer una última cita, que podría resumir el contexto de mi opinión de hoy, pues sugiere la razón del movimiento nacional sobre la refundación del estado: “Al diablo con las instituciones”: AMLO.
[1] Toffler, A. Future shock. 1970. Bantam books. Edición en español: Plaza y Janés 1995.
[2] Fernández-Vidal, S. Desayuno con partículas. Plaza y Janés. 2013.