Los partidos más fuertes reciclan candidatos, postulan chapulines y protegen sus intereses en cada elección, por otro lado los nuevos institutos políticos se inclinan por personajes populares que significan votos y tal vez otros años de prerrogativas.
Con todo respeto pero entonces ¿Cualquier famoso tiene tablas de alcalde o diputado? ¿Basta un nombre conocido en la farándula ó el fútbol para ganar una elección y después qué? ¿No les parece que además de buenas intenciones, una representación popular también implica preparación profesional y conocimientos del área legislativa y municipal?
El péndulo de la partidocracia nos llevará del extremo de la corrupción a la ineficacia. Jugar con las candidaturas es igual de dañino que defraudar la confianza de los electores en el ejercicio del poder.
No dudo del talento actoral de Alejandro Camacho ó Laura Zapata ni de las habilidades en el terreno de juego de Cuauhtémoc Blanco ó de la honestidad de "Lagrimita" pero representar un estado y gobernar una ciudad requieren algo más que reflectores y anhelos personales.
Frustrantes experiencias en el pasado reciente sobre espontáneos y famosos que han sido un fiasco en la actividad pública. Quién no recuerda a "Juanito", el ídolo de Iztapalapa que terminó dando pena ajena, o la velocista Ana Guevara que ni siquiera sabía donde rendir protesta y después fue presidenta de la comisión de migración en el Senado de la República.
Carlos Hermosillo declaró alguna vez: "Duelen más las patadas de la política que las recibidas en la cancha”, cansado de las grillas y de los problemas de pantalón largo; su trayectoria futbolística fue insuficiente para dar buenos resultados en la Conade.
El caso de "Lagrimita" es quizá de lo más novedoso en esta elección 2015. Detrás de la simpatía, la nariz roja y los grandes zapatos, hay un hombre que vendió pepitas, paletas, gelatinas, trabajó como bolero y terminó sus estudios de secundaria. Desde hace 39 años lleva el entretenimiento en la sangre.
Platiqué con él en Vértice 102 y reconoce que no sabe de leyes pero tiene sueños y aspiraciones en gobernar Guadalajara, una ciudad con buenos índices turísticos pero con mediana incidencia delictiva y desempleo.
Su destape político despertó interés en las planas informativas; no es común que un payaso prometa renunciar a las camionetas de lujo y en general a los privilegios que ha distinguido a la élite gubernamental desde hace mucho tiempo.
Debido a que cientos de ciudadanos muestran hastío hacia el político tradicional encuentran "simpático y atrevido" que un cómico callejero sea mejor opción que los actuales. Si consigue 23 mil firmas antes del 7 de febrero, 'Lagrimita' figurará en la boleta electoral y promete asesorarse con quienes entienden los conceptos administrativos.
Ya veremos si la suerte le sonríe al tapatío y a la lista de famosos interesados en participar en esta elección federal. Desconozco si son opción real de cambio, lo único que tengo claro es que el país no necesita más bufones, improvisados ni mucho menos ladrones de presupuesto.
Ahí les dejó de tarea la pregunta que lanzó 'Lagrimita', es preferible ¿Un político payaso o un payaso en la política? Yo francamente pedí una tercera opción.
Mi cuenta en Twitter @estradapaty
OPINIÓN
¿Políticos payasos o payasos políticos?
De lo denigrante a lo ridículo; la política mexicana cae en la mediocridad.
Patricia Estrada
Directora de noticias y conductora del noticiero de La Tropical Caliente 102.1 FM
Ex reportera de Ultranoticias, Radio Oro, Radio Tribuna y Momento Diario. Aprendizaje permanente del año 2001 a la fecha; egresada en Ciencias de la Comunicación UPAEP.
Domingo, Enero 25, 2015