El fin de año está a punto de llegar y junto con él una recapitulación de los hechos acontecidos. El país vivió una de las etapas más oscuras de su historia como nación, en diversos ámbitos; una serie de reformas que no han rendido frutos; inestabilidad económica; inflación galopante; crisis de los derechos humanos; típicos casos de corrupción; y lamentablemente, un retroceso democrático. Para este número de navidad y los dos primeros de año nuevo, nos enfocaremos en descifrar las vertientes de este retroceso en los logros democráticos del país.
¿Qué significa la crisis generada en torno a Ayotzinapa para la consolidación democrática en México?
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Hace tres meses nos enteramos de la desaparición de 43 normalistas en Guerrero. La aparición de al menos 29 fosas clandestinas evidencia la inseguridad que vive la sociedad mexicana en diversas regiones del país; tampoco sería la primera vez que en México se ataca a los estudiante por parte de elementos de seguridad de distintos ordenes de gobierno. La crisis que está viviendo México puede culminar en la ruptura parcial o total de las instituciones públicas y en un nuevo orden de gobierno NO democrático.
De acuerdo con Milenio, “En tres años el cártel Guerreros Unidos ha tenido al menos cuatro cabezas, tres han sido capturadas pero la organización ha seguido operando”. El cártel opera con éxito el tráfico de drogas a Chicago, gracias al apoyo que recibía del gobierno municipal de Iguala; mientras el gobierno se mostraba a favor de un cartel del crimen organizado, no parece casualidad que las cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública (2011), muestren a Guerrero con la tasa de homicidios dolosos más alta del país. El crimen organizado ha logrado penetrar las frágiles instituciones mexicanas para imponer su propia ley en ese territorio.
Para explicar la preocupante situación de la democracia mexicana utilizaremos el famoso artículo de Samuel Huntington “La tercera ola de la democratización” de 1991. En el se analizan las transiciones a la democracia entre 1974 a 1990 en 30 países y los llama “la tercera ola de la democratización” en el mundo moderno; entre los países analizados se encuentra México, por lo cual resulta conveniente analizar desde su perspectiva. Como augurio Huntington pronosticó que al igual que en las otras dos olas democratizadoras, se viviría un retroceso que llamo una “contra-ola democratizadora”, la cual tiene mucho sentido al ser vista desde el caso mexicano.
Los determinantes de la “contra-ola democratizadora” son: Debilidad de valores democráticos, crisis económicas y movimientos sociales, polarización económica y social exclusión de clases populares, la ruptura de la ley y el orden por terrorismo o insurgencia, influencia de una potencia externa (En el caso de México podríamos hablar de una interna, el narcotráfico y los grupos de crimen organizado) y detonantes externos como Snowballyng.
Huntington (1991) no determina el orden de los factores para la contra-ola, sin embargo en México son visibles al menos cinco. Polarización social en las percepciones de los individuos respecto al presidente y la forma de mejorar la situación actual del país; la evidente ruptura de la ley y el orden por terrorismo del Estado y grupos del crimen organizado; influencia de una potencia interna, grupos de crimen organizado que penetran en las instituciones mexicanas rompiendo con la ley y el orden; una contra-ola en la región de América Latina expresada por dictaduras y procesos dictatoriales; y condiciones de pobreza en diversas regiones del país que muestran la exclusión social. Para ésta columna analizaremos la polarización social, la siguiente semana la ruptura de la ley y el orden y la influencia del crimen organizado y finalmente en enero concluiremos con la contra ola en América Latina y la situación de pobreza.
Polarización social
En México la polarización de la opinión pública existía desde antes de la crisis generada en torno a Ayotzinapa, sin embargo, esta polarización ha crecido y se torna relevante ante una eventual ruptura social. De acuerdo con Huntington, la polarización de la sociedad puede desencadenar en una guerra civil que termine con las transiciones democráticas, los actuales hechos de violencia por parte de grupos radicales de la sociedad civil y el gobierno han mostrado como la polarización de las opiniones conlleva a acciones del mismo tipo. Con esto quiero decir que la opinión de la sociedad no solo influye en su manera de pensar, también en su manera de actuar y entender las problemáticas que nos han afectado el último año.
Fuente: Elaboración propia desde la ENCUP 2012.
Para 2012, la sociedad mexicana se encontraba dividida entre los individuos que estaban de acuerdo en el uso de la fuerza por parte del ejecutivo si el país tenía problemas serios y los que no estaban de acuerdo. Lógicamente, el uso de la fuerza por órdenes verticales del presidente no es una forma autoritaria de solucionar los conflictos, lo cual muestra que la mitad de la sociedad dispuesta a aceptar soluciones dictatoriales a sus problemáticas.
Fuente: Elaboración propia desde la ENCUP 2012.
Hondando más en el pensamiento antidemocrático del mexicano, un 40% estaba de acuerdo en 2012 de que el país funcionaría mejor con líderes duros. Las órdenes efectuadas en los municipios de Iguala y Cocula muestran a líderes duros tratando de dar una lección a grupos estudiantiles de insurgencia, ¿Eso queremos para todo México?; en una democracia las decisiones son tomadas por los distintos actores sociales involucrados, por lo cual la aceptación de la idea de “líder duro” es claramente la aceptación de actores dictatoriales. Esta división de opiniones en la sociedad se radicaliza con acciones que buscan perpetuar la paz y democracia y otras acciones que buscan erradicar la problemática violentamente con decisiones dictatoriales como las que lamentablemente hemos visto.
Las opiniones públicas son reflejadas en acciones de violencia y paz por parte de los grupos de la sociedad civil. Mientras en Guerrero se toman e incendian edificios de orden público y de partidos políticos como parte de las manifestaciones por la desaparición de 43 normalistas, en Puebla se marcha pacíficamente y se hacen actividades culturales en torno al mismo problema y en el Distrito Federal se despliegan granaderos que desalojan del zócalo capitalino a cualquier individuo sin importar su edad o condición física. Todas estas acciones, las de guerrero claramente violentas y antidemocráticas, al igual que las de los granaderos en Distrito Federal son reflejo de las dos ideas existentes en el imaginario del mexicano que se pregunta ¿Cómo se resuelve el problema?
A manera de reflexión te pregunto, ¿Tu qué prefieres, una solución democrática o una dictatorial? Violencia o paz, líderes duros o líderes que escuchen a la gente, quema de edificios o movilizaciones pacíficas, granaderos o el derecho a manifestarse, guerra civil o diálogo. Estas son las diferentes caras que se visualizan en la ruptura social del mexicano desde El Aleph, ¡Felices fiestas!
Alan Betancourt Torres
alan.betancourtts@gmail.com