Me tomo el permiso de compartir con los lectores de este medio una experiencia que viví en estos últimos tres meses, el reto de vivir desconectado de la red social Facebook por 99 días. El reto se llama 99 Days of freedom (99 días de libertad) y fue promovido por Merijn Straathof, quien es director de arte de Just una agencia creativa en la ciudad de Leiden en Holanda. Este reto fue una respuesta a un acto poco ético de los administradores de la red social al realizar un experimento no autorizado con 700 mil de sus usuarios y resaltó un dato estadístico muy conservador sobre el tiempo que los usuarios de esta red social destinamos a estar navegando e interactuando con otros, más de 28 horas al trimestre. Este reto empezó el 8 de julio de 2014 y los primeros usuarios en empezarlo ya cumplieron su tiempo, entre ellos el suscrito que escribe estas líneas para compartir su impresión. Debo hacer énfasis que mucha gente no se enteró de este reto porque la cobertura periodística que recibió fue escaza. Con realizar una búsqueda en Google usted notará que las notas periodísticas son cortas, pocas y no llamó la atención de los principales medios de prensa, seguramente porque en este mundo de nativos digitales pensar vivir desconectado de la red social podría ser considerado inconcebible y hasta un suicidio virtual.
El reto es además una investigación en la que se busca que 99,000 personas se unan voluntariamente para estar desconectado de la red social por 99 días. Si consideramos que para el 30 de junio de 2014 Facebook podría ser considerada la segunda nación más grande del mundo con 1.32 mil millones de usuarios, superada sólo por China y sobre India, las que tienen 1.32 y 1.27 mil millones de habitantes respectivamente, el número de participantes que desean alcanzar representa tan sólo el 0.0075% de los usuarios de la red social. A la fecha el reto sólo ha podido superar 1/3 de los participantes deseados con poco más de 37,000 personas registradas, los que representan tan sólo el 0.0028% de los usuarios de Facebook, nada que pudiera preocupar a su fundador y administradores. La incorporación de usuarios a este reto tiene una tasa de 370 nuevos miembros diariamente, aunque no se reporta qué porcentaje de usuarios abandonan el reto sin terminarlo ni cuántos usuarios aún están en el reto. Debo incluso ser sincero y reconocer que en algún momento durante el reto entré accidentalmente a la red y al darme cuenta de mi equivocación lo cerré inmediatamente sin leer contenido alguno en mi usuario, lo que reconozco fue un error por actuar inconscientemente pero que creo no afectó mi vivencia que comparto.
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Luego de esta introducción continúo con la experiencia que viví, aunque debo reconocer que nunca se me ocurrió llevar una bitácora de mis ideas y pensamientos diarios porque en ese momento no pensé en compartir mi experiencia. En primer lugar, tomé de manera personal el reto con el entusiasmo que siento cuando recuerdo que tengo casi 10 años que dejé el hábito de fumar. Entonces, con pensarlo solo 48 horas me inscribí en él avisando a mis contactos de mis vacaciones de la red social y emprendiendo el camino a una aventura que para muchos es innecesaria y sin razón. Los primeros días fueron de mucha ansiedad porque obviamente dejé de enterarme lo que sucedía en la vida de mis contactos y, especialmente, cómo habían reaccionado mis contactos al reto, y si había podido motivar a alguno a empezar el reto. Debo haber sentido ansiedad los primeros 20 o 30 días del reto, pero luego con el pasar de los días mi fortaleza fue aumentando.
En segundo lugar, la sensación que más me acompañó estos días fue el de aislamiento porque con el transcurrir del tirmpo empezó a crecer en mi la idea de que mis amigos no sabían que yo había asumido un reto personal, idea que se confirmó al reconectarme y encontrar que mis contactos me habían seguido enviando mensajes por la red a pesar de la imagen permanente de que estaba en un reto de 99 días de libertad, seguramente porque muchos no sabían en qué consistía. El aislamiento me hizo apreciar que Facebook se ha convertido en el monopolio de las redes sociales, y que si no formas parte de ella dejas de existir. El aislamiento se hizo más evidente al notar que Facebook también es la agenda más importante que tengo. La red social no sólo me recuerda las fechas de cumpleaños de mis amigos, sino que tengo muchos contactos en esa red social cuyos números de teléfono y correos electrónicos desconozco porque al simplificar tanto la vida uno no es consciente de la falta de información de contacto sobre los demás. Facebook no sólo es la red social monopólica, sino que monopoliza los medios de comunicación. Este monopolio es sólo comparable con el que ejerce la compañía de telefonía celular más importante en México, y que se aprecia cuando uno desea cambiarse de compañía a otra con menor participación de mercado y tus amigos y familiares te responden ¿Quién tiene esa red? Lo mismo sucede con Facebook, si no tienes esa red, no existes para tus amigos, sí para otras personas con las que no tienes lazos de amistad y que te siguen por las cualidades de tus mensajes, aportaciones o contribuciones en otras redes sociales o profesionales.
El tercer punto que deseo abordar es el de la productividad. Si bien es cierto pude dedicar más horas y mayor concentración a las actividades de mi vida personal y profesional, la falta de conectividad afectó de manera negativa la comunicación con mis clientes. Por un lado, dediqué más y mejor tiempo a mi familia, puedo presumir que gracias a este reto ya he leído siete novelas en lo que va del año, y que no me sobresaltan los mensajes que llegan a mi celular, porque cada vez son menores y se limitan sólo a correos electrónicos informativos, porque gracias a Facebook ya nadie envía correos electrónicos a sus amigos. También he tenido la oportunidad de disfrutar más mi servicio de televisión de paga y jugar videojuegos con los que me entretenía hace 15 años y que algunos jóvenes de esta nueva generación aún disfrutan. Pero por mi actividad profesional la comunicación es importante, y mis clientes (alumnos en su mayoría) no revisan, o reciben, los correos electrónicos por lo que la comunicación con ellos se vio seriamente afectada. Y si bien es cierto hay otros medios de mensajería instantánea, como Skype o WhatsApp, los muchachos aun prefieren Facebook sobre las demás, y el correo ya no es considerado como antes, un medio de mensajería instantánea, sino como un servicio para enviar información que no sirve para nada. Lo más irónico que me sucedió en este reto fue el reclamo de mi esposa por no poder conversar por el servicio de video llamada de Facebook cada vez que salía de viaje, y quien se negó a acompañarme en el reto porque ella sí disfruta usar su red social y los otros servicios que genera.
Creo que el cuarto punto es el más importante, y tomé conciencia de ellos ya muy avanzado el reto. Comprendí mejor la interacción que tenía en Facebook: compartir fotos, experiencias y opiniones, así como enviar saludos de cumpleaños a gente que ni recuerdo quien es, pero por otro lado uno se entera de la vida de mis amigos y familiares, y hasta de quien no conoces o no quieres saber, por las cosas que publican y no por estar en contacto con ellos. El mayor valor que tiene Facebook para mi es su servicio de mensajería, y no porque sea un servicio extraordinario o el mejor de todos, sino porque todos mis contactos están allí y a pesar de tener otros servicios de mensajería no los usan. A través de este reto comprendí que puedo vivir bien, e incluso mejor, sin los demás servicios que ofrece la red social, y eso brinda finalmente algo que no hemos notado que se ha perdido en estos años, la independencia de vivir amarrado a un producto o servicio informático que te hace sentir importante. He apreciado y disfrutado mucho más los elementos de mi entorno y he interactuado más con él y con las personas en él de una manera más expresiva, compleja y directa, y eso sinceramente no tiene precio.
Debo reconocer que no hice más ejercicio ni agarré el teléfono para hablar con mis amistades. Disfruté mucho más hablar personalmente con la gente, pero soy consciente que el costo de estar desconectado es bastante grande. Cerré la forma de comunicación más importante y me quedo con la impresión de que los contactos se olvidan que existes porque la red está diseñada para eso, como todas. Existes mientras más contenido pongas en ellas, sino vas desapareciendo en este universo virtual o digital, no existes porque te recuerden, sino porque apareces en sus muros, o hasta que te haces necesarios para ellos. Hay mucha gente que no usa esta red social, ni ninguna otra, pero estoy seguro que todos los que me leen sí lo hacen y por ninguna razón aceptarían estar desconectados 99 días de Facebook, y si me equivoco lo invito a que participe en www.99daysoffreedom.com, disfrute su independencia y luego me diga qué piensa.
Dos cosas llamaron mi atención. La primera es que pienso que el reto pudo dejar de ser importante para los organizadores porque dejaron de comunicarse conmigo y eso me hace cuestionar si el proyecto aún existe como reto, o tal vez fue un timo. Al iniciar del reto los organizadores informan que se pondrán en contacto con el participante luego de 33, 66 y 99 días de iniciado el proyecto para conocer cómo estás disfrutando tu vida y cómo te sientes. Yo sólo fui encuestado a los 33 días de iniciado el reto, a la fecha no he vuelto a saber de ellos, pero eso no es relevante porque inicié el reto por mí mismo. La segunda es cómo fue cambiando la perspectiva y actitud de los participantes conforme íbamos avanzando en el tiempo. Gracias a Twitter he conocido de otras personas que empezaron el reto conmigo. Al inicio todos celebrábamos cómo disfrutábamos nuestras vidas y cómo nos sentíamos, y llegando a las semanas finales del reto cambiamos nuestro discurso: celebrábamos los días que habíamos disfrutado y contábamos los días para terminar. Hoy no estoy feliz de regresar a Facebook, ni porque fuera a obtener un beneficio económico o monetario por hacerlo, estoy feliz de poder decidir cuándo quiero entrar a la red y no sentir la necesidad de hacerlo, así como por qué y cómo quiero interactuar. Sólo me queda expresar a mis lectores que sí hay vida sin Facebook.
William Steinwascher
@billsteinwa