El diario de circulación nacional, “EL FINANCIERO”, publicó el sábado 2 de mayo de 1998 en la sección “FUTURO” que coordinaba por aquel entonces mi amigo Adip Sabag un artículo de la autoría de quién esto escribe titulado “ ¿CATASTROFE INMINENTE DE LA BANCA?.
En la publicación referida podía leerse el siguiente comentario:
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“Tras la devaluación del 22 de diciembre de 1994, el Fobaproa resultó ser un instrumento ineficiente para afrontar la crisis sistémica de las instituciones de crádito, lo cual, dicho sea de paso, tampoco resultaba sorprendente, dado que uno de los redactores de la ley bancaria en vigor, Francisco Borja Martínez, habría escrito en 1991 lo siguiente:
‘…el mecanismo descrito (fobaproa) puede considerase como idóneo para abordar problemas individuales de liquidez o insolvencia de instituciones en forma aislada, pero no para resolver situaciones de liquidez generalizadas del sistema bancario, que sólo pueden ser atendidas por el banco central en su carácter de prestamista de última instancia ‘.
Ante el derrumbe de la banca mexicana, quedaba la asignación de préstamos por parte del Banco de México tal y como lo señalara en su oportunidad Francisco Borja, o bien; sin embargo, se decidió destinar recursos federales del gasto público no programable a un fideicomiso privado, como lo es el consabido Fobaproa lo que a todas luces constituye una conducta delictiva”.
El viernes 22 de mayo de ese mismo año, el entonces director general del Fobaproa Javier Arrigunaga Gómez de Campo declaró al diario “EL FINANCIERO” lo siguiente:
“La deuda (… de las instituciones de crédito) no la generó el Fobaproa, sino que éste llegó a pagar la cuenta y como sus recursos fueron insuficientes, el gobierno, mediante el Banco de México, está actuando como prestamista de última instancia”
En el referido artículo de mi autoría se establecía al respecto : “El artículo 122 de la Ley de Instituciones de Crédito ( en el que se estatuía la existencia del Fobaproa como un fideicomiso privado establecido con aportaciones de las propias instituciones de crédito) es un precepto de orden público, su interpretación es literal y estrictamente gramatical, no permite interpretaciones flexibles como es el caso de la interpretación de las normas concernientes al derecho Civil, y , tal precepto, en ningún momento faculta al comité técnico del Fobaproa a recibir recursos de otra fuente que la que al efecto establece el mismo normativo”.
La crisis derivada de la devaluación del 22 de diciembre de 1994 obligó a sobrepasar los límites de participación accionaria extranjera en el sistema bancaria que había sido establecido en un máximo de 15 % en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, hasta alcanzar grados insostenibles de extranjerización del sistema nacional de pagos, en tal tesitura, el Grupo Financiero “Banco Nacional de México” fue adquirido por Citigroup, en una operación que no causó impuesto alguno, al haber sido concertada por medio del corretaje de la Bolsa Mexicana de Valores en los términos vigentes en esos momentos de la aberrante legislación tributaria , quedando al frente de su dirección el propio Javier Arrigunaga Gómez del Campo.
El Fobaproa mismo, por lo demás, desapareció y tuvo que ser sustituido por IPAB en que de manera abierta y clara se asumió la deuda concertada en los términos referidos por Javier Arrigunaga como deuda pública.
Por su parte, el Capítulo 14 del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, prohíbe expresamente a los estados partes el ostentar el dominio directo o indirecto de un prestador de servicios financieros establecido en el territorio de otro de los estados suscribientes, prohibición que se transgredió durante el plazo en el que la Reserva Federal se convirtió en tenedor accionario mayoritario del Citigroup, mientras que la dirección general del grupo financiero en México corría a cargo de Javier Arrigunaga Gómez del Campo, precisamente por las mismas fechas, en que Banamex otorgaba cuantiosos créditos a la Compañía “Oceanografía”.
Primo de la otrora Primera Dama de la nación, el entonces director del Fobaproa enfrentaría el reclamo que le hiciera como dirigente del Barzón mi amigo el finado Rogelio Carvajal Lozano, quién logró romper el cerco de seguridad en un evento bancario para dejar a sus pies la cabeza de un cerdo, la prensa de la época llegó a hacer mofa aconsejando al flamante servidor hacendario para que se preparara un buen pozole, ironías que tiene la vida, hoy por hoy, es su cabeza la que ha rodado.