Los flashes despertaron, uno tras otro, en una avalancha. La foto esperada después de mucho tiempo, anécdotas e historias, las últimas poco gratas: el rector en la cúspide, y otro en un letargo, eclipsado: Enrique Agüera Ibáñez hizo su aparición pública, cuando las apuestas eran en contra: que no se presentaría al primer informe de su predecesor, Alfonso Esparza Ortiz… y sin embargo lo hizo, sin pena ni gloria. El abrazo fue posado, una sonrisa, unos segundos, las palmadas diplomáticas en la espalda, y un adiós.
Esparza se dio la vuelta, lo esperaba una larga fila para felicitarlo, entrevistarlo, fotografiarlo.
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Agüera se fue en sentido opuesto, solo y en silencio.
Antes, accedió a otra foto, una triada que atestigua la herencia trágica, embalsamada de traiciones, señalamientos culposos, promesas y acuerdos que nunca se cumplieron: el propio Agüera, Enrique Doger y José Doger Corte.
Los exrectores fueron invitados, sentados en primera fila, pero no fueron mencionados por Esparza en el micrófono, como tampoco lo hizo con ningún funcionario público o político, diputado, senador, presidentes de partido o empresario, clásico requisito de los anteriores informes de rectores de la BUAP, una especie de guiño para el político en turno, quien se levantaba y saludaba, mientras lo cobijaban los aplausos y la cámara de televisión de circuito cerrado lo enfocaba.
Aunque fueron todos, y muchos corrieron a tomarse la foto con el rector, por primera vez en décadas la fiesta fue para los estudiantes y docentes de la BUAP.
Otro cambio: no hubo derrote, ni excesos ni lujos. El rector vistió una corbata con el azul institucional de la BUAP, del mismo lote que mandaron hacer para el resto de sus administrativos, quienes también la portaban.
Frutas, baguetes, canapés y agua fresca para los invitados.
El video institucional, así como toda la logística y organización del evento corrio a cargo del personal administrativo y comunicación de la BUAP, es decir, no se contrató a una costosa empresa publicitaria para manejar la imagen de la universidad, pero principalmente del rector en turno.
“Mi única política será la universitaria”, repitió 4 veces Esparza Ortiz en su breve informe.
En otras palabras, el rector deja en claro su juego:
No buscará una candidatura.
No incursionará en la política.
No utilizará los recursos de la BUAP para promover su imagen.
No terminará su periodo convertido en un hombre millonario.
Muchas promesas.
Un compromiso de hacer las cosas diferentes, frases que repitió 5 veces, en presencia de sus antecesores.
“Este primer año de trabajo me llena de satisfacción… juntos la estamos haciendo”, remató Esparza, quien fue interrumpido de su discurso 20 veces para ser aplaudido.
Lo que no se dijo
Corrieron para la foto
Quienes aprovecharon los reflectores sobre el rector para salir en los medios fueron Ana Isabel Allende, quien de plano hasta corrió para ser de las primeras para felicitar a Esparza y posar para la foto, al igual que Eukid Castañón, José Chedraui y Antonio Trauwitz Echeguren.
Los más entrevistados
Como siempre, el presidente municipal Tony Gali fue el último en abandonar el recinto: todos querían platicar o tomarse la foto con él. Blanca Alcalá llegó tarde otra vez, con su infaltable toque blanco en su guardarropa, en esta ocasión fue el saco; se le acercaban para felicitarla o prometerle apoyo para su búsqueda por la gubernatura; Víctor Giorgana partió plaza, al igual que Guillermo Deloya, y a diferencia de Alberto Jiménez Merino que apareció agazapado en las filas centrales. Resucitó, como en sus mejores tiempos en el melquiadismo, Luis Antonio Godina y José Alarcón Hernández. Como siempre, Melquiades y Chucho Morales en la primera fila. Llamó la atención el activismo de Antonio Trauwitz y de Denisse Ortiz, quien llegó de la mano de su novio Ricardo Urzúa.
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