Ante la devaluada imagen de los políticos tradicionales, quienes provocan desconfianza ciudadana por actitudes arrogantes y mezquinas, encontré un ejemplo de lo que un verdadero líder necesita hoy en día.
Más allá de credos, filias y fobias personales, observo en el Papa Francisco un auténtico líder de Estado; por supuesto que la investidura de jerarca católico le genera adeptos entre miles de creyentes; sin embargo hasta los detractores de la Iglesia reconocen su congruencia y modestia.
La clave de un buen político está en su sencillez pero no en ese concepto malentendido de ensuciarse los zapatos en campaña o entregando apoyos oficiales; sino en su trato permanente y de respeto hacia los demás.
En ocasiones el político 'bonachón' que en época electoral es amigo y compadre de conocidos y desconocidos se transforma en gobernante duro, desconfiado y soberbio. El trato déspota se impone ante cualquier circunstancia humana. Primero es él y después él.
Jorge Mario Bergoglio quería predicar con el ejemplo y por eso eligió el nombre de Francisco. “Un pastor sencillo que desea conducir (la Iglesia) no con la fuerza ni con el poder sino con el servicio, amor y fraternidad”.
El Papa Francisco ha ganado simpatías por esa amabilidad y carisma. Sabe que los lujos forman parte del Vaticano pero ha renunciado a varias canonjías que entre otras cosas no empatan con el mensaje del Dios piadoso y austero que enseña la liturgia.
En cambio, la clase política actual entre más tiene más demanda. Renuncian a los valores que estorban sus aspiraciones profesionales y económicas. Intentan abrirse camino pisando al de abajo y confunden la mano firme con tiranía.
El Papa Francisco utiliza a su favor la educación y los principios que forjaron su carácter y anhelos para proyectar la imagen de un hombre sensible ante la condición humana. Juzga cuando debe juzgar y abraza cuando debe abrazar.
En cambio, el mayor fracaso de los políticos es el orgullo, esa piedra que les impide aceptar errores y corregir camino a pesar de las coyunturas y costos personales de haber obrado mal. No se dan oportunidad de convencer, pretenden imponer y casi siempre verdades a medias.
En un gesto de sencillez, el Papa Francisco rechazó los zapatos rojos de lujo que usaban históricamente los pontífices y prefirió un sillón de madera tapizado de blanco, en lugar del ostentoso mueble de oro con tapiz rojo que frecuentaban sus antecesores.
En contraparte, el político fantoche elige la camioneta blindada más cara del mercado; ocupa la oficina más fastuosa, selecciona el mayor número de escoltas y asistentes posibles; se relaciona con los influyentes e ignora críticas sobre su conducta pública; la sencillez atenta contra esa proyección de todopoderoso.
“¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!”, dijo el pontífice argentino durante una audiencia con los medios, días previos a su primer Ángelus. En la política, la pobreza es una condición inaceptable; el viejo Hank Rhon decía " Un político pobre es un pobre político".
Los políticos gastan millones de pesos en su propia mercadotecnia pero descuidan la "humildad" como la parte esencial de su imagen, aunque seguramente debajo de esa piel de lobo siempre hay seres vacíos, incapaces de ofrecer y recibir afectos sinceros.
El Papa dijo "Un creyente puede perder la fe a causa de sus pasiones y vanidad, mientras que un pagano puede llegar a ser creyente a través de su humildad". Hoy en día cuanta falta hace dignificar a la política con personas más humanas y sensatas. Que oigan los que quieran oír.
Mi cuenta en Twitter @estradapaty
OPINIÓN
Un político de verdad...
Patricia Estrada
Directora de noticias y conductora del noticiero de La Tropical Caliente 102.1 FM
Ex reportera de Ultranoticias, Radio Oro, Radio Tribuna y Momento Diario. Aprendizaje permanente del año 2001 a la fecha; egresada en Ciencias de la Comunicación UPAEP.
Domingo, Julio 27, 2014