La semana pasada el gobernador del estado de Puebla dio a conocer que su gobierno, busca opciones para retomar el proyecto que en su momento se planeó como un Nodo Logístico e Intermodal en la región de Libres-Oriental en el predio conocido como La Célula. Según la nota publicada en el portal de e-Consulta, el titular del poder ejecutivo estatal señaló que se están buscando tres empresas: una agroindustrial, otro proyecto de generación de energía y otro adicional que sería un desarrollador, que podría estar buscando otro tipo de empresas.
Creo que la actual administración estatal se tardó en voltear la vista al proyecto que ha calificado injustamente desde hace tres años como “elefante blanco”. Se trata de dinero aportado por la población y merece ser aprovechado, ya sea retomando sus objetivos originales o adecuándolo a nuevos y pertinentes, pues el monto de esa inversión sí tenía horizontes de impulso al desarrollo regional, no propósitos estéticos.
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El proyecto de Nodo Intermodal en Oriental, aunque algunos malintencionados o desinformados, intenten descalificarlo, tenía previsto el impulso el desarrollo productivo de todo el estado y más allá. No estaba dirigida a una sola actividad como lo es el de San José Chiapa, sino a la amplia diversidad económica a cualquier escala. Pero la realidad es que la infraestructura construida, aunque parcial, se dejó abandonada por más de tres años, de manera que su valor funcional e inmobiliario pudo sufrir menoscabo. Entre otras consideraciones porque los edificios y vialidades construidos fueron proyectados para el funcionamiento de procesos aduaneros, cuyo diseño y construcción por cierto, estuvo en su momento bajo supervisión de la SHCP. Así las cosas, habrá que estar atento a la forma en que ahora se manejará el amplio predio de 600 hectáreas de propiedad estatal.
En este contexto adquiere relevancia la información del gobierno del estado, sobre el tipo de actividad económica que está promoviendo, porque el suelo en la zona no puede aceptar cualquiera sin entrar en condiciones de riesgo ambiental. Me explico:
La condición geográfica de la zona Libres-Oriental corresponde a una cuenca endorreica; es decir, las lluvias de la región nunca forman escorrentías superficiales que lleguen al mar, sino que las precipitaciones pluviales se infiltran y/o evaporan en las lagunas de Totolcingo y El Carmen.
Las poblaciones de la cuenca extraen agua para servicios urbanos, domésticos y riego de ciertos cultivos. Sin embargo también se vierten dentro del mismo depósito, las aguas residuales de todas las comunidades de la cuenca, entre las que se encuentran Libres, Oriental, Tepeyahualco, Lara Grajales y Nopalucan como principales. En esta cuenca habitan un poco más de 285mil habitantes en 22 comunidades urbanas y 498 rurales, de las cuales el 20 % no tiene red de agua potable y el cerca del 70% carece de instalaciones de saneamiento, según la Comisión Estatal de Agua y Saneamiento.
Ya hace un par de años en este espacio se advertía que si la región tiene un mismo depósito para extraer agua limpia y recibir las residuales de tan alto conglomerado humano, es de esperarse que el acuífero local pudiera estar alcanzando el umbral de un desequilibrio ambiental por contaminación, de proporciones inimaginables. Este era ya un proceso evidente y continuo antes de la presencia del complejo automotriz de San José Chiapa, por lo que muy pronto se estará ejerciendo una presión mayor no sólo sobre el balance hidrológico de la cuenca, sino sobre la capacidad que esta tiene de depurar naturalmente las aguas residuales.
Un escenario ya de suyo inquietante hoy, es la probabilidad de que pronto se esté extrayendo más agua de la que llueve y se infiltra, provocando escasez del recurso; pero la situación viene agravada porque las aguas residuales de uso urbano o industrial que se vierten al suelo, no lo hacen en la misma calidad en que se extraen del subsuelo, independientemente que procedan de plantas de tratamiento y que sus vertidos se encontraran dentro de los límites permitidos por la norma oficial mexicana. El efecto de acumulación de contaminantes en el suelo y en el acuífero de la cuenca es sinérgico y acumulativo, por lo que el riesgo del colapso ambiental está latente y en lenta, pero inexorable evolución. El potencial de dimensiones y consecuencias sociales, económicas y ambientales en la región por este conflicto, no es asunto menor y merece ser evaluado e informado desde ahora.
Este es el contexto en que debe observarse la promoción de actividades económicas tanto en el predio de La Célula, como en toda la zona que abarca la cuenca cerrada de Libres-Oriental. La disponibilidad y la calidad del agua en la zona están siendo sujetas a presiones de conveniencia económica, que más tarde o más temprano, harán colapsar su equilibrio. Estamos, en otras palabras, ante un serio y latente riesgo ambiental en La Célula.
Por ello las nuevas actividades económicas en esa región deben considerar meticulosamente el uso del suelo pretendido, así como sus procesos productivos. Tendrán que ser congruentes con la fragilidad hidrológica y ambiental existente. Si las autoridades omiten este detalle pueden llegar a provocar consecuencias socioambientales incalculables e irreversibles. La omisión también tiene implicaciones jurídicas y políticas severas ya contempladas en la legislación nacional vigente.