“Estoy enferma del alma. Me encierro en mí misma y estoy siempre ahí, no sólo por el tiempo que paso adentro, en esa cueva interior que me ha carcomido pero no termina de matarme, sino por la constancia en la que me encierro. Parece que salgo pero me vuelvo a meter. No es por miedo, es por haber aprendido…
“Pero ayer, que en mi mente supe que estaba encerrada, observé la celda… y en esa celda yo no entré sola. Alguien me metió ahí, y sí, con el tiempo y la repetición, yo me quedé dentro y me meto sola.
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“No sé si al principio quise salir, si luché por salir, si peleé por salir, si intenté salir… o si siquiera me di cuenta que me estaban metiendo en un encierro. Ya no recuerdo, pero después de sentirme impotente, no sé ni por qué, me quedé triste y amargada aquí, sin intentar siquiera espiar afuera.
“Llevo años… sí, años aquí dentro. Es mi zona de ‘confort’, dicen. Nadie lo sabe más que yo. No estoy bien pero me acostumbré a estar aquí. Me dicen que me encierro en mí misma y que eso me hace daño. Pero no es que me quiera hacer daño, es que ahora soy yo la que se mete aquí como respuesta a la vida, en esta celda oscura, fría, sola. No sé cuándo fue que la voluntad de alguien más que quería hacerme daño, me lo hizo, al hacer mía su voluntad y hasta ahora lo logro ver.
“De niña tenía una voluntad incontrolable, irrompible, indomable. Pero en el camino la gasté en peleas inútiles pensando que al usarla de esa forma, se fortalecería como, si fuera un músculo. Pero no fue así, me perdí en el camino. Me la gasté, la desgasté. Los pleitos no te fortalecen. Sólo te minan. Te pierdes en las ganas de pelear, y nunca descubres que ese tesoro lo tienes que cuidar para que nadie lo envenene, lo contamine y logre su cometido de sacarte de la pelea real de la vida que es el conseguir tu sueño.
“No es que tengas una dosis de voluntad y la tengas que cuidar porque se acaba, al contario, pero si no descubres que es tuya, la confundes con la de alguien más que te mete en un pleito sin fin y pierdes tu sentido, tu tiempo, tus oportunidades y la vida se pasa. Esa persona te distrae, te engaña con la ilusión. Te hace creer, en tu ingenuidad, que la verdadera pelea es ganarle y eso es sólo un espejismo para inutilizarte, para extraviarte de la vida. Y ahí te pierdes, ya no tienes la posibilidad de que sea tu fuente, tu manantial de ganas de vivir y de triunfar en lo tuyo. Te conformas con sobrevivir en las sombras porque tu sueño ya no existe y la voluntad se esfumó sin darte cuenta siquiera… como yo lo hice yo.
“Tenía voluntad y no supe usarla: me domé, me reblandecí, me amansé, me amaestré pensando que peleaba por lo contrario… No sé si por cansancio o por costumbre me rendí, porque son pleitos en donde nunca ganas. Pero de repente encontré cómodo el encierro en mí misma, el aislamiento, la soledad, el sinsentido, el fracaso, el dolor, la amargura, la rendición sin una declaración franca que me definiera y me hiciera sentir rendida.
“Ahora… sólo busco la incomodidad, porque sólo así voy a salir de ésta. ¡Qué paradójico es tener que buscar la incomodidad para recuperar mis fuerzas, mis sueños, mis ganas de vivir, para salir de la comodidad del daño, para salir de mi alma enferma…”
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