Domingo, 17 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La violencia escolar y el sencillo arte de vivir juntos

.

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Mayo 26, 2014

“Hemos aprendido a volar como los pájaros y a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos.”

Martin Luther King.

Más artículos del autor

La semana pasada estuvo marcada por varias noticias terribles relacionadas con la violencia que está permeando el ámbito escolar. El más difundido es el del niño que murió en Tamaulipas a consecuencia de que sus compañeros le hicieron “el columpio”, lanzándolo varias veces contra la pared del salón ante la mirada y la inacción de su profesora. Otro caso muy sonado es el de una estudiante indígena que fue insultada, golpeada y humillada por sus compañeros en una escuela de la ciudad de México.

Estos casos se repiten con alarmante frecuencia en escuelas de todos los niveles y en todo el territorio nacional. La violencia escolar, el acoso, el “bullying” no distingue ni región geográfica, ni condición social ni tipo de escuela pública o privada.

Sara Sefchovich en su artículo de El Universal señala la tremenda paradoja que plantea el hecho de que sean niños los asesinos de Tamaulipas y los torturadores de la ciudad de México siendo que la cultura en que vivimos se mueve bajo la premisa de que los niños son inocentes e incapaces de hacer el mal. “¿Dónde aprende un niño a torturar a un perro, a despreciar un indígena o a matar?” se pregunta la escritora.

 “La educación produce la sociedad que la produce” señalo en mi libro de educación humanista para destacar la relación dialógica, recursiva y retroactiva entre sociedad y sistema educativo. Porque en efecto, la educación (re) produce el tipo de sociedad que la genera con sus valores y sus crímenes, con sus solidaridades y sus terribles injusticias, con sus ejemplos de altruismo pero también con sus enormes muestras de egoísmo individual y grupal.

De manera que en el caso del bullying nos encontramos ante un problema sumamente complejo –y como bien afirma el pensador francés Edgar Morin, complejo no es lo mismo que complicado, aunque este problema también es complicado- porque no se trata de una realidad que tenga su causa en el alumno individual que acosa o agrede sino de un fenómeno que tiene que verse como una red de relaciones multicausales y tiene por tanto que atacarse en todas sus dimensiones.

Para abordar el problema del bullying no basta actuar dentro del aula intentando enseñar valores a los estudiantes individualmente. En el análisis y combate de este problema tienen que verse cuando menos cuatro grandes círculos concéntricos, interdependientes y mutuamente influyentes que son: el círculo de la escuela como micro-sociedad dentro del sistema social, el círculo de los padre de familia en su relación entre ellos y con el círculo escolar, el círculo de la sociedad en su conjunto incidiendo en los padres de familia y en la escuela y el círculo de los medios de comunicación que permea todos los círculos anteriores.

En el círculo de la escuela hay que trabajar con mucha fuerza y eficacia en la reconstrucción de la convivencia escolar que está basada en un modelo piramidal, de poder y autoritarismo, de competencia y culto al éxito individual, de violencia simbólica –y a veces física- entre directores, profesores y estudiantes. ¿Cómo aspirar a terminar con el bullying entre los estudiantes si los maestros utilizan la violencia como mecanismo de control y “disciplina” en el aula y como estrategia de supervivencia y ascenso con sus pares? ¿Cómo terminar con este problema si los directores utilizan también el acoso hacia los docentes como forma –falsa- de demostrar su autoridad?

En el círculo de los padres de familia es necesario por un lado trabajar para combatir las relaciones de competencia y poder entre ellos –quién tiene el mejor coche, quién es más rico, quién tiene más poder, quién sabe más- y hacia la escuela. De ser aliados en la educación de los hijos, los padres de familia se han convertido en competidores y hasta enemigos de los profesores y la institución escolar pensando que hacen un bien a sus hijos “defendiéndolos” de la escuela. Sanar la relación entre padres y escuela resulta fundamental.

En el círculo de la sociedad es necesario trabajar en la formación de una ciudadanía que está cada vez más acostumbrada a pasar por encima de los demás y a no respetar ninguna norma o ley porque no existen consecuencias. El mensaje de una sociedad preocupada por las formas, de una “civilización del espectáculo” como la llama el nobel de literatura Mario Vargas Llosa hacia los padres de familia y la escuela resulta un poderoso motor de violencia y acoso para lograr destacar y “pasársela bien”.

Finalmente, en el círculo de los medios de comunicación habría que trabajar con los niños y jóvenes en la formación de hábitos de recepción crítica de los contenidos de la radio, la televisión y el cine que a través de las historias de escuelas norteamericanas donde el bullying se ve como un juego gracioso y la aspiración a ser “popular” en la escuela a través del escarnio y la burla de los “nerds” o “ñoños” –los que estudian y deberían ser valorados pero son vistos como perdedores- introyecta el bullying en la consciencia de todos los niños y adolescentes.

La educación no solamente (re) produce la sociedad que la produce sino que puede incidir en su regeneración. La escuela puede contribuir a regenerar la sociedad actual que degenera cada vez más en la espiral de la violencia.

Para lograrlo tiene que instrumentar estrategias de intervención que aborden el sencillo arte de vivir juntos en toda su complejidad.

Vistas: 1841
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs