Los asesinatos del Dr. Alejandro Chao Barona y su esposa, muertos a pedradas en su domicilio, acontecido este fin de semana en la hermosa ciudad de Cuernavaca, nos permiten llevar a cabo una reflexión acerca del estado de la condición humana en que nos encontramos una buena cantidad de habitantes de este hermoso país. Y habrá que hablar en plural, porque ninguno de nosotros puede, ni debe, sentirse ajeno y lejano a los hechos que desde hace ya un buen tiempo suceden en México.
Si bien a muchos no les agrada el lenguaje religioso, creo que la clasificación católica del pecado, que la gran mayoría aprendimos de niños, nos servirá para evitar caer en disertaciones propias de sociólogos, analistas, psicólogos, etc.; para explicar las causas de los males que nos aquejan.
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Así que para nuestra personal reflexión solo existen dos tipos de faltas causantes del mal: las faltas por comisión y las faltas por omisión.
Esto es lo que sucede en nuestro país con los diferentes tipos de delitos que llamamos de comisión, sea el de la violencia, el del crimen organizado o no, la indiferencia criminal de los gobiernos para responder a las necesidades de sus gobernados, el grave desequilibrio social entre los pocos ricos y los muchos pobres, la agresión contra nuestro medio ambiente disfrazada de "modernidad", como los casos del gasoducto Morelos, o de la explotación a cielo abierto de las minas en todo el territorio nacional, la venta de nuestro petróleo a las compañías depredadoras que próximamente serán legalizadas, y muchísimos casos más.
Lamentablemente el otro tipo de faltas y de mayor gravedad, por su facilidad para ser ocultas con solo echarlas al subconsciente, son las de omisión, ya que solemos ocultarlas y justificarlas para no vernos en problemas que pasen a afectar nuestra integridad, seguridad, o conformidad.
Precisamente estas son las faltas que practicamos la mayoría de los mexicanos, quienes por cobardía, comodidad o indiferencia hemos permitido que las cosas alcancen tal nivel de maldad.
¿Qué tuvo que pasar para que hayamos llegado a este nivel de pobreza moral?, ya que igualmente son culpables quienes cometieron este crimen perverso, como culpable es el triste gobernador de Tamaulipas que sale a declarar tranquilamente que en su estado hay paz y tranquilidad... ¿quién comete el crimen mayor?
Ya sea unos por comisión u otros por omisión, pero la mayoría hemos permitido que continúen autoridades corruptas al frente de un sistema político social descompuesto, con una pequeña élite concentradora de la riqueza y una enorme masa de mexicanos omisos empeñados en sobrevivir sin sobresaltos.
A propósito de la celebración del 5 de Mayo, y la intervención francesa en México, deberíamos releer la novela del notable escritor francés Víctor Hugo y amigo de la República: los Miserables, quizás al hacerlo nos permitiría ver con claridad en qué estado nos encontramos.