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Lo que parecía el final de sus sueños, se transformó en el inicio de una nueva etapa: hoy, a sus 38 años, es un atleta de alto rendimiento
Foto: Cortesía
A sus 20 años, un reto entre amigos le cambió la vida para siempre. José Alan Frías Moreno sufrió una fuerte descarga eléctrica al subir a una torre de alta tensión y desde entonces utiliza silla de ruedas.
Lo que parecía el final de sus sueños, se transformó en el inicio de una nueva etapa: hoy, a sus 38 años, es un atleta de alto rendimiento y un ejemplo de superación para San Martín Texmelucan.
“Un compañero de la escuela me retó a subirme a la torre, yo acepté y él no lo hizo. Fue ahí donde me electrocuté y quedé en silla de ruedas”, recuerda.
Lejos de rendirse, encontró en su familia el motor para salir adelante. José asegura que sus seres queridos han sido su mayor fortaleza: “Sin ellos no seguiría vivo, son mi pilar en los momentos más difíciles”, afirma.
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El camino no ha sido sencillo. Durante más de una década ha dedicado su vida al deporte, entrenando de manera constante y especializándose en pruebas de pista como los 100, 400, 800 y 1500 metros. La disciplina lo llevó también a los maratones, donde suma ya 11 años compitiendo y subiendo al pódium.
Aunque reconoce que la vida en silla de ruedas representa retos diarios, José insiste en que la clave está en mantener una actitud positiva y nunca perder de vista las metas. “Que no se dejen vencer por nada y que nunca hagan caso a quienes dicen cosas negativas. Siempre hay que fijarse un objetivo y jamás soltarlo”, comparte.
Hoy, su historia inspira a quienes lo conocen. Más allá de sus logros deportivos, José Alan Frías es un recordatorio de que la constancia, la familia y el optimismo son capaces de transformar la adversidad en orgullo y esperanza. (RC)