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Nación
Pescadores enfrentan amenazas, desapariciones y precariedad económica en zonas dominadas por cárteles
Grupos criminales controlan pesca artesanal en costas del Pacífico mexicano
Foto / e-consulta
El papel de los pescadores artesanales se volvió central para las operaciones de cárteles debido a su conocimiento marítimo y la situación de pobreza en la que viven, aseguró Mongabay Latam, un medio que documentó los testimonios de hombres de mar en Jalisco que, por necesidad o bajo amenaza, se vieron obligados a colaborar con el crimen organizado.
De acuerdo con la recopilación de testimonios anónimos de pescadores y periodistas, el crimen organizado abarcó más de mil 500 kilómetros del litoral mexicano -que van de la frontera con Guatemala hasta Nayarit- el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) comenzó a establecer una red de control que abarca desde la política local hasta la vida cotidiana de comunidades pesqueras, indicó la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA), que ubica a esta organización como una de las más expansivas del hemisferio.
El CJNG también logra conectase vía marítima de manera internacional con redes en Asia, África y América, además de mantener abierta su ruta marítima de tráfico ilícito desde Jalisco, operando impunemente incluso en puertos internacionales, como el de Puerto Bolívar, en Ecuador.
Uno de los pescadores, residente de Punta Pérula, ubicada en Jalisco, narró cómo colegas suyos pasaron de tener lanchas sencillas a operar embarcaciones con motores potentes, gracias a su vínculo con el CJNG.
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“Es un negocio de mucho riesgo, pero que da ganancias. Además de que no te puedes negar a una petición de los jefes: tendrías que irte a vivir a otro lado, porque te van a matar o a desaparecer”, declaró.
Desde su nacimiento tras una escisión del Cártel de Sinaloa en 2009, el CJNG acumuló poder, dinero y violencia, donde su expansión se acompañó de alianzas con mafias colombianas y centroamericanas, además de una red internacional de narcolaboratorios, de acuerdo con InSight Crime.
Tan sólo en la costa de Jalisco se desarrolló una ruta estratégica para el trasiego de drogas, al aprovechar su geografía accidentada y baja vigilancia. Según el exdirector del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), Guillermo Valdés Castellanos, la presencia del narcotráfico en esta región tiene más de 40 años.
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El control del territorio también implica el dominio territorial mediante hechos violentos, pues en 2011, en el municipio de Tomatlán, desaparecieron tres dirigentes pesqueros en medio de un conflicto con el administrador de El Hotelito Desconocido, un complejo turístico presuntamente ligado a Los Cuinis, brazo financiero del CJNG. Nunca fueron localizados.
Además del control criminal, los pescadores enfrentan la sobreexplotación y el deterioro ambiental. Algunos de los testimonios evidenciaron sus experiencias y medios de supervivencia en medio de la tensión y control del crimen organizado.
“Yo me iba desde aquí hasta Bahía de Banderas sin tocar tierra. Aprendes a manejar el mar con sus riesgos”, relató a Mongabay Latam un pescador de Melaque que llegó a la costa desde el altiplano en los años 50.
La migración incentivada por el gobierno en aquella época provocó nuevas comunidades al litoral, que vivieron por décadas de una pesca modesta. Sin embargo, con el paso del tiempo, la reducción de especies marinas comenzó a afectar duramente a los pescadores artesanales.
De acuerdo con Enrique Godínez Domínguez, investigador de la Universidad de Guadalajara, cerca de 3 mil personas en Jalisco dependen de esta actividad, pero enfrentan serias dificultades por la falta de planeación en el desarrollo pesquero.
“Muchos migran temporalmente al Golfo de California para sostener a sus familias, mientras otros optan por dejar la pesca o combinarla con otros oficios como la construcción o el comercio informal” indicó.
Estado ignora reclamos de pescadores por control y ocupación de crimen organizado
La indiferencia gubernamental ante la violencia del CJNG y otros grupos criminales no identificados ocasiona un espiral de silencio y resignación entre las comunidades costeras. En municipios como Tomatlán o Cihuatlán, la colaboración forzada con el cártel es una forma de supervivencia.
Pobladores explicaron que el CJNG controla incluso la distribución de gasolina, organiza el saqueo de pipas y utiliza a pescadores como informantes o transportistas de droga.
“Hay jornadas en que ordeñan camiones a la vista de todos. Nadie dice nada”, declaró un ambientalista a Mongabay Latam.
El control llega a niveles personales, incluso hay amenazas de aquellos que cometen delitos menores o alteran la convivencia comunitaria para ser castigados por el propio cártel.
“La primera vez serán tablazos, después, simplemente desaparecen”, cuenta un pescador de Punta Pérula.
Desde que el CJNG se asentó en la región hace más de 15 años, se registraron 843 desapariciones, siendo Puerto Vallarta, la zona que más casos concentra. Sin embargo, los datos no reflejan completamente la magnitud del problema.
De acuerdo con Jorge Ramírez Plascencia, académico de la Universidad de Guadalajara. El miedo presente en los pescadores y habitantes ocasionó temor para denunciar y desató una red de encubrimiento oficial que ya distorsionaron las estadísticas reales. (MIG)
