Hoy se cumplen 10 años de la muerte de Amy Winehouse, quien murió a la edad de 27 años, como Robert Johnson, Brian Jones, Jim Morrison, Jimi Hendrix, Janis Joplin y Kurt Cobain.

El 23 de julio de 2011, después de varios días de tomar alcohol sin parar, Amy Winehouse murió en su cama. Tenía 27 años. La encontró sin vida su guardaespaldas, que se dio cuenta que estaba muerta cuando intentó despertarla por segunda vez en el día, poco después de las 3 de la tarde. En el piso de la habitación había dos botellas de vodka vacías. La causa de la muerte fue “intoxicación por alcohol”: en su sangre tenía el quíntuple de lo permitido para conducir, según La Nación.

Amy alcanzó la fama con su disco Back to Black, donde se desprenden sencillos como "Rehab", "Back to Black" y "Love is a losing game".

A lo largo de su trayectoria Amy ganó importantes premios como un Bit Award, MTV VMAs, Grammy, entre muchos otros.

La joven cantante nació en el seno de una familia de clase media londinense el 14 de septiembre de 1983.

Janis, su madre, era farmacéutica y Mitchell, su padre, era un taxista que durante la infancia de su hija vendía paneles de ventanas de doble vidrio. Él fue quien la introdujo a la música de Frank Sinatra.

Amy fue tratada con antidepresivos desde la adolescencia para aplacar su comportamiento, pero como ella misma relató.

“Creo que nunca supe lo que era la depresión. Sabía que a veces me sentía rara y que era diferente. Creo que es algo de los músicos, por eso hago canciones. No soy como muchas que sufren depresión y no tienen manera de canalizarla. No pueden agarrar una guitarra durante una hora para sentirse mejor”, expresó en su momento.

“El problema principal residía en que Amy y su gente entraban en un territorio desconocido, sin mapa de carreteras. La naturaleza de su fama, su visibilidad en el Londres nocturno, implicaban un acoso constante de paparazzi y otros buitres. La prensa basura no reconocía límites: es muy probable que tuvieran pinchados sus teléfonos. Además, nadie se resistía ante un blanco tan sencillo: humoristas e ilustres figuras de la televisión hacían chistes crueles con la chica del momento. Llegó un punto en que buena parte del público acudía a sus conciertos esperando encontrarse, no con la creadora superdotada, sino con el desastre andante. Y veían lo que deseaban ver, claro.

“Se perdían al prodigio”, publica El País.