Este viernes 18 de diciembre se presenta en formato digital el proyecto: Incertidumbre producto de la investigación artística y creativa realizada por Araceli Malpica Jiménez y por Alejandro Castillo Torres. Egresados del Colegio de Arte Dramático de la Facultad de Artes de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Teniendo como punto de partida a la condición de no certeza ahondaron en distintos ejes temáticos concernientes al desempeño profesional de los histriones. Comenzando con la indeterminación y el principio de incertidumbre como espectros nutricios para la creatividad artística. Alejandro Castillo y Araceli Malpica llevaron a cabo una profusa indagación práctica y teórica: cuestionando entre otras cosas las inconsistencias que impiden lograr una formación actoral integral, así como una experticia eficaz en el área de competencia.

Problematizando la identidad profesional de la gente de teatro. Debido a la romántica idealización y comprensión distorsionada y pletórica de prejuicios que se puede tener acerca de las artes escénicas y en particular de la actuación.

Evidenciando con datos duros las precarias condiciones de desempeño laboral a las que las actrices y los actores nos enfrentamos. Debido a los vacíos legales que padecemos los artistas al no contar con un garante de nuestros derechos como profesionistas generadores de bienes simbólicos.

Lo incierto que puede resultar la praxis escénica histriónica, dado lo intangible del arte de actuar. Abordándose esto con ironía corrosiva en la obra teatral: Incertidumbre dramaturgizada y dirigida por Elvira Ruiz. A partir de los laboratorios creativos efectuados por la actriz Araceli y el actor Alejandro protagonistas del montaje escénico y autores del escrito de investigación resultado del proceso artístico.

Apostando este proyecto por la gestión de condiciones menos adversas para el desempeño actoral. Generando nichos de oportunidad para conseguir una mejora continua de las circunstancias: personales, laborales y profesionales de la comunidad artística y en específico, de las actrices y los actores.

Contextualizando a su vez el desamparo social que padecemos muchos creadores de arte en México. No obstante, todas nuestras contribuciones al universo cultural.

Promoviendo uno de nuestros derechos humanos que es el acceso libre a la cultura. Expreso en la Declaración Universal [DUDH - ONU] hecha en 1948 por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas.

Referenciando a su vez al Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966 [III- art. 15]. Donde se insta a los estados para que adopten las medidas indispensables en pro de asegurar la conservación, el desarrollo y la difusión de la ciencia y de la cultura, comprometiéndose a respetar la libertad de investigación científica y de la actividad creadora y, reconociendo los beneficios del fomento y el desarrollo de la cooperación internacional en materia científica y cultural.

Mientras en lo tocante a la Declaración sobre la Diversidad Cultural, adoptada por los estados miembros el 2 de noviembre de 2001. En su artículo 5° se manifiesta que, los derechos culturales son parte integrante de los derechos humanos, identificándolos como: universales, indisociables e interdependientes. Por lo que toda persona debe tener la posibilidad de: expresarse, crear y difundir sus obras en la lengua que desee; así como llevar una educación y una formación que respeten su identidad cultural.

En nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos también se garantiza este derecho humano. Fue el 30 de abril del 2009 cuando se publica en el Diario Oficial de la Federación la reforma al artículo 4°. Adicionando el párrafo noveno [ahora párrafo 12], incorporando el derecho a la cultura dentro de los derechos fundamentales.

Por otra parte, se destaca además del aquilatamiento simbólico, el valor económico de la creciente producción cultural y su impacto propositivo para el crecimiento social. Analizando lo que la Cuenta Satélite del INEGI aporta en el rubro correspondiente a cultura, así como la repercusión económica en lo relativo a: cadenas productivas, empleos, salarios, etcétera.

En la década entre el 2008 y el 2018 se registra un crecimiento anual de 4.4% en la aportación de cultura al producto interno bruto de acuerdo al INEGI. Siendo el 2018 cuando cultura tuvo una participación de 3.2% del PIB con un monto de 702 mil 132 millones de pesos. Aportando artes escénicas y espectáculos 38 mil 699 millones de pesos.

Ese mismo año 2018, el PIB del sector de la cultura generó empleos equivalentes a 1 millón 395 mil 669 puestos de trabajo. Lo que representa 3.2% de la ocupación en el país. Al observar la constitución de dichos puestos en el sector cultura, de acuerdo con las actividades culturales del 100% de los empleos generados, 1.6% lo ocupan las artes escénicas y espectáculos; lo que equivalen a 22 mil 330 puestos de trabajo.

Aunque como nos comparten Alejandro Castillo y Araceli Malpica en su documento de investigación. El sector cultura se ve mermado por el presupuesto que a través de los años los gobiernos en turno destinan. Al no ser bien distribuido antes las necesidades del gremio artístico. Resultando insuficiente e irrisible en comparación con lo que autogenera el sector cultura a través de los mismos artistas. Con la creación de sus propias compañías, escuelas, foros; entre muchas otras empresas que generan empleos y espacios alternativos de expresión.

Ahora mismo el presupuesto etiquetado por la Cámara de Diputados para este sacudido 2020 fue de 13 mil 367 millones 480 mil 531 pesos. A lo que se resta 6 mil millones de pesos para servicios laborales y de los 7 mil restantes, se deberán cubrir gastos de operación, como: agua, predio, luz, mantenimiento de equipos, oficinas, vehículos, entre otros; además del pago de los programas sustantivos.

Con estas cifras como botón de muestra se evidencia la inequidad que en términos de: garantías sociales, derechos laborales y partidas presupuestales, tenemos que tolerar los creadores de arte y cultura en México. Transmitiendo con un aire mordaz, aunque no por ello menos divertido, las contrariedades que tenemos que sortear los histriones al pretender dedicarnos únicamente a la actuación.

Ruta que se propone como un camino de autoconocimiento profundo y al mismo tiempo se exponen varias de las peripecias que impone la terca insistencia en mantenernos vigentes las actrices y los actores en la escena mexicana. Siendo este un espectro de incertidumbre que conmina a seguir indagando en los entresijos del campo espectacular, intentando proponer alternativas críticas de resolución ante un entorno precario para el quehacer teatral de los artistas escénicos.