La V Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas descubrió en Veracruz más de una decena de “cocinas”, lugares habilitados por los criminales para destazar a sus víctimas y meterlas en tambos metálicos de 200 litros de capacidad en donde las disolvían en químicos o combustibles.

La V Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas expuso una situación que permaneció oculta administrativamente, a pesar de que autoridades tuvieron conocimiento desde hace 9 años, según una nota del diario Excelsior.

Después de diez días de búsqueda son pocos los restos óseos que la Brigada ha localizado: fragmentos de cráneo, vértebra, costilla y piezas dentales el primer día, en la zona serrana entre Veracruz y Puebla, dentro de Coyutla; un hueso de brazo en un terreno enmontado y cerca del Río Cazones, en la colonia La Rueda, en Poza Rica; y nuevos fragmentos óseos carbonizados en el rancho de La Gallera, en Tihuatlán, aquel sitio al que ya se había entrado cuatro veces, pero se sigue desenterrando huesos.

Entonces, la Brigada decide exponer lo que han concluido: en el norte de Veracruz, la característica más cruel de la desaparición de personas habría tomado forma debido a la producción petrolera de la zona. Es decir, que entre los miles de pozos petroleros y mechones que flamean entre el espesor de la vegetación de los cerros, de tambos también rugían las llamas de las cocinas humanas, la práctica en la que las personas eran destrozadas, metidas en contenedores de metal de 200 litros de capacidad, acomodadas en el interior como en un emparrillado y disueltas en químicos o combustible, que hasta el momento los buscadores no han podido precisar.

La otra parte, la que indigna a la Brigada, explica Miguel Trujillo, es que esta modalidad de las “cocinas”  data de 2011 e incluso las autoridades federales supieron de esta situación, mientras que, ante los descubrimientos de los buscadores, han señalado no tener datos de la investigación o procesamiento de este tipo de lugares.