Jóvenes de la Sierra de Guerrero son plagiados para servir como esclavos en campos de amapola y en laboratorios de drogas, según el testimonio de un universitario que logró escapar de sus captores.

El joven fue secuestrado en las calles de Iguala y trabajó durante seis meses en jornadas de sol a sol, con torturas y alimentado con sobras de comida, hierbas y hojas de árboles. Bajó 20 kilos durante su reclutamiento, según narró al periódico Reforma.

“Salíamos casi en la madrugada; caminábamos por el cerro durante dos horas y luego llegábamos al lugar donde nos obligaban a sembrar (amapola) vigilados por la gente armada”.

Cursaba su último semestre en una facultad de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) cuando fue privado de su libertad en marzo de 2019 en las calles de Iguala por varios hombres y luego trasladado a la sierra en Tlacotepec.

Dice que era preferible trabajar en la siembra para evitar ser obligado a trabajar en un laboratorio donde se procesaba la droga (heroína y cocaína). “Si me hubieran llevado ahí (al laboratorio clandestino) no sé que hubiese pasado conmigo; seguramente estaría enfermo por inhalar eso (la droga) o a lo mejor ya estuviera muerto”, narró.