Megan Rapinoe no solo destaca por su alto nivel de futbol, sino porque no tiene pelos en la lengua para decir las cosas. Cuando se le preguntó si irían a ver al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, tras el Mundial, la capitana resopló y dijo: “No voy a ir a la jodida Casa Blanca”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

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A sus casi 34 años, la futbolista es un símbolo que traspasa el deporte y utiliza su condición para reivindicar causas sociales y luchar contra la discriminación.

“Soy una protesta andante”, por eso no entona el himno de Estados Unidos, ni se lleva la mano al corazón como sus otras compañeras.

“No creo que vuelva a cantar el himno”, expresó en una entrevista en Yahoo antes del Mundial.

 
 
 
 
 
 
 
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En 2012 Rapinoe hizo pública su homosexualidad y desde entonces es una defensora de numerosas organizaciones LGBT. “Sexista, misógino, mezquino, racista y mala persona”, son algunos de los adjetivos que la capitana a dedicado al presidente de EU.

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