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Cataluña: la república independiente que duró unos cuantos segundos
El presidente de la Generalitat declara la independencia, pero la suspende de inmediato para iniciar un diálogo con el gobierno español
Parecería que el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, quisiera quedar mal con todos.
Tras crear un ambiente de expectación e incluso esperanza entre la gran cantidad de catalanes que ansía la independencia de Cataluña, al reunirse con el Parlament, el presidente de la Generalitat centró su tan esperado y anunciado discurso en la “humillación” sufrida por “millones” de catalanes por la campaña de “catalonofobia” por parte del gobierno del Reino de España y el recorte del último estatuto de autonomía, alcanzando el clímax al aseverar que Cataluña se ha ganado a pulso el ser independiente.
“Hemos logrado lo que nos propusimos al principio de la legislatura; asumo el mandato del pueblo de que Cataluña se convierta un Estado independiente en forma de república”.
El efecto de esperanza generado por sus palabras fue fugaz, ya que, acto seguido, Puigdemont solicitó al Parlament suspender los efectos de la declaración de independencia de Cataluña, pidiendo unas semanas para un diálogo con el Estado español.
Así fue como Cataluña fue independiente por menos de un minuto, sometiéndose de nuevo al yugo castellano.
Mientras los opositores le recriminan haber hecho pasar a todos un periodo de incertidumbre con su “berrinche” independentista, organizaciones catalanas como la juvenil de izquierda radical Arran lo acusan de “traición inadmisible”.
Puigdemont logró dos cosas importantes: la primera, inspirar a todo un estado en su anhelo independentista, enfrentándose al férreo control de un gobierno que no duda en usar la fuerza pública para aplastar un referéndum. Lo segundo, no menos difícil, fue enojar tanto al gobierno español como a los miles de catalanes que se sentían ya independientes.