Cultura
Fantin Latour, el provocador del impresionismo moderno
Se presenta en el Museo de Luxemburgo, en la ciudad de París, la exposición A flor de piel, con obra de este pintor francés del siglo XIX
“A flor de piel”, así se intitula una exposición dedicada al pintor Henri Fantin-Latour en el museo de Luxemburgo, en la ciudad de París.
Absolutamente adecuada para el intenso invierno que se vive en la ciudad.
Fantin Latour, pintor francés del siglo XIX, fue un genio que deja un legado impresionante en su obra, aún más en el mensaje de ella.
Desde joven se destacaba por sus dibujos en la escuela de Bellas Artes en París y compartía taller de dibujo con Edgar Degas y Alfonso Legros, dos artistas cuyo talento más tarde se revelaría.
Su vida estuvo marcada por fuertes inspiraciones, desde la música de Richard Wagner, Schumman y Brahms, Berlioz, los dibujos de Tintoret (Jacobo Robusti), Veronèse (Paolo Caliari), Harmenszoon van Rijn Rembrandt, Jean Simeon Chardin, Diego Rodríguez de Silva y Velázquez y Edouard Manet, hasta por las letras del poeta maldito, Charles Baudelaire.
Entre sus obras destacan aquellas que le dedica a la naturaleza muerta, utilizando de manera preponderante los colores rojo, negro y blanco y jugando con las sombras hasta lograr una armonía con ellas.
Catalogado por sus contemporáneos como el provocador del “impresionismo moderno”, Fantin-Latour nunca dejó de soñar y vivir gran parte de su vida en el museo de Louvre.
Según el catálogo “Henry Fantin-Latour: A fleu de peaux” fueron Félix Bracquemond, Claude Monet y Edouard Monet quienes un día le sorprendieron en el museo de Louvre dibujando con una técnica de pequeños toques de tonos aislados, el contraste de los colores.
Para ellos lo que Fantin hacía en ese momento estaba ahí, vivo, encantador, fresco, personal, expresivo, el mismo “impresionismo moderno”.
La exposición se divide justamente en un reflejo fiel del pintor: primera sección: Autorretrato; segunda: Esperanza y Coraje; tercera: Ambición e Innovación; cuarta: Naturaleza y verdad; quinta: Poesía de lo íntimo; sexta: Fantin al trabajo; séptima: Fantin-Latour y la música; octava: Encantos; y, novena: El triunfo de la imaginación.
Uno de sus cuadros más reconocidos y por el cual recibió dos mil francos, le confirió la reputación al nivel de los grandes de ese periodo: “L’Hommage à Delacroix” que en 1864 envío a la gran exposición en París y le valió que todo mundo hablase de él.
Reunió a Édouard Manet, Eugène Delacroix, Charles Baudelaire, Alphonse Legros, James Abbott McNeill Whistler, Jules Champfleury, Louis Cordier, Félix Bracquemond y Albert de Balleroy.
Instintivo como lo fue, hoy deja un legado con sus trazos de quien se atrevió a abrir caminos entre luces y colores, entre sombras, letras que enardecieron a más de un corazón y música que estuvo presente en su obra.