Nación
El Gil no acepta que incineró a los 43 desaparecidos de Ayotzinapa
El diario El País indica que el 27 Batallón de Infantería de Iguala, y su cuartel general, recibieron información de lo ocurrido
Foto enlaceradio.mx
El Gil no ha aceptado que haya incinerado a los 43 normalistas desaparecidos de la escuela normal de Ayotzinapa.
En sus declaraciones sólo reconoce que el 27 de septiembre, entre las 2 y 2:30 de la madrugada, se reunió en su casa con elsubjefe de la Policía Municipal de Iguala, César Nava, quien llegó con otras personas vestidas de civil, tomaron bebidas alcohólicas hasta entrada la madrugada y de manera tangencial, le comentó que hubo eventos en Iguala.
De acuerdo con una recopilación de declaraciones que publica el portal Sinembargo, El Gil aceptó que conoce al ex jefe de la policía de Iguala, César Nava, por sus actividades de gallero y ganadero, pero no reconoce que esa noche haya recibido del mando policiaco a los normalistas desaparecidos.
La nota de Sinembargo recoge la versión del diario español El País, en la que se afirma que el teniente Joel Gálvez y el soldado Eduardo Mota declararon que el teniente ordenó al soldado no acercarse al lugar donde los agentes municipales de Iguala agredieron a los normalistas.
La información de El País indica que el 27 Batallón de Infantería de Iguala, y su cuartel general, en Chilpancingo, recibieron información de lo ocurrido esa noche y permitieron que la Policía Municipal detuviera a los estudiantes.
“No te acerques mucho ni te arriesgues”, fue la orden que le dio el teniente Joel Gálvez al soldado Eduardo Mota, quien presenció cómo la Policía Municipal de Iguala rodeaba un transporte repleto de normalistas e intentaba someterlos mediante gases lacrimógenos y amenazas la noche del 26 de septiembre de 2014.
El diario español refiere que un sargento mantenía al tanto al oficial de inteligencia, quien a su vez ponía en conocimiento de la espiral de violencia a su superior, el coronel José Rodríguez Pérez, y al cuartel central de la 35 zona militar, al mando del general Alejandro Saavedra Hernández.
Asegura que el teniente Gálvez recibió al menos nueve llamadas. En la primera, el oficial ordenó al soldado Mota, encargado de comunicaciones y encriptación, acudir a uno de los focos de tensión, a pocos metros de la central de autobús.
De acuerdo con el relato, el agente de inteligencia tomó fotos y, tras ser conminado por su teniente a no acercarse, regresó a su batallón.
“A partir de ese momento se sucedieron las llamadas del C-4 y también las peticiones de ayuda de ciudadanos. Los militares, bajo órdenes del coronel, empezaron a patrullar la ciudad. Acudieron a los sitios donde se habían refugiado los normalistas, entre ellos, el Hospital General y la Clínica Cristina, se toparon con heridos graves, alguno al borde de la muerte, y escucharon los relatos del terror. El cuartel general fue informado”, dice El País, según el portal Sinembargo.
En su recorrido, los militares encontraron varios cadáveres. Primero vieron a dos estudiantes tiroteados a los que ni siquiera se acercaron. Luego, dice el reporte, avistaron a los tres acribillados en el ataque al autobús del equipo de fútbol Los Avispones, que la Policía Municipal confundió con normalistas.
“Ya al alba, las primeras luces descubrieron el rostro desollado y sin ojos del estudiante Julio César Mondragón”, dice el diario El País.