En su mensaje con motivo de su segundo Informe de gobierno, la presidenta Claudia Sheinabum planteó que sigue la “transformación”. Una de las premisas de su gobierno, dijo, es la separación entre el poder económico y el poder político. Habló también de un incremento de recaudación fiscal relevante. Señaló una “primavera laboral” coronada con 40 horas de trabajo semanales (hasta 2030) y la creación de 86 mil empleos tan solo en agosto. Hay, leyó, una economía estable y un peso fuerte.
Claro, México se ha transformado, sobre todo institucionalmente, para que emerja una clase política no tan nueva, sino más bien reciclada con antiguos políticos “profesionales”, “purificados” por el oficialismo —provenientes del tan odiado Prian, aunque más tricolores que otra cosa— y reincorporados no a una separación entre el poder político y el poder económico, sino precisamente coludidos, imbricados y fusionados: Políticos enriquecidos —que vuelan en jets privados— atentos al mensaje.
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Después la mandataria habló del desarrollo en la infraestructura del país y de los 10 de 25 polos de desarrollo que ya están activos (3 mil 760 millones de USD); planteó el desarrollo en ciencia, del modelo Coatlicue como uno de los proyectos más ambiciosos en informática (previsto para operar en 2028). Destacó los programas sociales, una de las fortalezas de este régimen. La meta: alcanzar los 42 millones de beneficiarios con una inversión de 1 billón de pesos. El 2027 debe estar bien aceitado.
No cabe duda que para el poder, desde los tiempos del PRI hegemónico y ahora con Morena no es la excepción, los programas sociales se enfilan a propósitos llanamente clientelares. El pretexto es la solidaridad, lo cual está muy bien y, en toda sociedad humanizada, es esencial; pero sin subsidiariedad, es decir, sin vitalidad social de las familias y las comunidades, fácilmente termina en mero asistencialismo, tentación recurrente de los neopopulismos, tanto de izquierdas como de derechas.
La Presidenta continuó con su informe; habló de la soberanía alimentaria, el apoyo al campo. Destacó el tema de la educación, no de la calidad, sino del apoyo en programas sociales mediante becas —8 millones de beneficiarios en primaria, 5 millones en secundaria y la meta de abrir 800 mil lugares para la educación media superior. Enfatizó que, a diferencia de antes, ahora “todas las escuelas de educación media superior son buenas.” No dijo nada de sindicatos, acuerdos, conflictos, etc.
En el rubro de la salud hizo una megasíntesis. De 1943 a 1982, dijo, se habilitaron 29 mil camas; en lo que llamó “periodo neoliberal”, de 1983 a 2018, se implementaron 4 mil; en el lapso que va de la 4T, remarcó, van 9 mil camas. Se lanzó contra el Seguro Popular y destacó el IMSS-Bienestar: 24 estados (los gobernados por Morena) se incorporaron con un incremento de atención del 106% más que en 2022. Desde luego, uno puede ir a consulta y que le atiendan, pero las medicinas a menudo faltan.
Siguió con una danza de datos: 33 nuevos hospitales (contra 80 inservibles o a medio vapor de antes), 36 centros de atención de la salud, 650 quirófanos; además, enfatizó, “ningún hospital que atiende cáncer carece de medicamentos”. Se abrieron, en esos estados afiliados, 12 mil consultorios. En suma, en el rubro de prevención de la salud, el de México, es el más importante del mundo. Uno no puede dejar de recordar las palabras de AMLO sobre el sistema de salud mexicano “mejor que el de Dinamarca”.
También habló del tema de la vivienda; Infonavit y Fovissste están revitalizados, presumió. La meta de todo su gobierno es que 12 millones de familias tengan casa; dijo además que 5 millones de familias han sido rescatadas de la usura crediticia. Habló de las mujeres: “llegamos a la Constitución, a las leyes, a la toma de decisiones”. Igualmente señaló el apoyo a los pueblos indígenas y afroamericanos (25 mil millones de apoyo), la reducción de la deuda de Pemex y el funcionamiento de los trenes, incluyendo el Maya. Nada de descarrilamientos ni de fallecidos.
En el tema de seguridad destacó el 51% de disminución de homicidios dolosos, el 54% de disminución en delitos de alto impacto, el combate al crimen organizado. En esto dio cifras: 63 mil personas detenidas, 32 mil armas de fuego y 519 toneladas de droga decomisadas, 2 mil 700 laboratorios destruidos. Pidió un reconocimiento al gabinete de seguridad. Insistió en que con Estados Unidos hay coordinación y entendimiento, no subordinación y que defenderá la soberanía. Política exterior: No intervención, etc.
Para cerrar, habló de México como un país democrático. Y, en un mensaje ad intra, porque lo dijo para adentro —y que lo oigan los de afuera—: no hay divisiones, no hay rompimiento. Por un momento creí que se refería a la nación, a la patria, a México entero. Pero no, se refería a su movimiento, a los suyos. Como su movimiento pretende apropiarse del pueblo, dijo: “Hay defensa del pueblo y de su dignidad”. La dignidad se escribe con honestidad y ésta da resultados. El pueblo es camino y destino.
No mencionó a las familias buscadoras ni a Sinaloa ni a las regiones sometidas por el crimen organizado. México es el país más democrático del mundo, pero no mencionó a las oposiciones, y no me refiero sólo a los partidos políticos, hay oposiciones en la sociedad, en sectores del pueblo mismo que reclaman solución de sus problemas sin ser escuchados. No mencionó la megafarmacia de Huehuetoca inutilizada; tampoco la deuda pública que rebasa más del 50% del PIB con este régimen. Hay temas cuyo silencio es más elocuente que la danza de los números.