Lunes, 3 De Agosto De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Extranjeros en Puebla

No hay cifras disponibles de cuántos son

Norma Angélica Cuéllar

Investigadora y periodista mexicana. Actualmente realiza una estancia de investigación posdoctoral en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP. Tiene publicaciones sobre migración y política en revistas especializadas y en diarios nacionales. Sus temas de investigación son migración, religión y política nacional.

 
 

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Domingo, Agosto 2, 2026

Todos los días, Carlos sale muy temprano de su casa para llegar a tiempo a un restaurante de Plaza Explanada, en San Pedro Cholula. A las diez ya está atendiendo mesas. Saluda a los clientes, toma órdenes y sirve el desayuno con una sonrisa cándida. Tiene 28 años y hace apenas seis meses llegó a Puebla. Carlos es venezolano. Forma parte de los casi ocho millones de personas que abandonaron su país desde que comenzó la crisis económica y política que provocó el mayor éxodo de América Latina. A diferencia de muchos de sus compatriotas, nunca tuvo como destino Estados Unidos. Quería venir a México, encontrar trabajo y establecerse. Puebla fue el lugar donde lo consiguió.

Entre un pedido y otro suele hablar de su pueblo, cercano a La Guaira, donde nació. Menciona a su familia, recuerda el mar y, cuando la conversación llega al terremoto que sacudió recientemente esa región, prefiere guardar silencio. Su vida hoy transcurre entre mesas, clientes habituales y sus jornadas de trabajo. Poco a poco ha dejado de sentirse un extraño en una ciudad que, hasta hace muy poco, ni siquiera figuraba como destino para migrantes internacionales. La de Carlos ya no es una historia excepcional, sino parte de una nueva realidad que comienza a transformar a Puebla.

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Laura también llegó del extranjero, aunque su rutina es distinta. Es colombiana y, junto con su familia, abrió un pequeño negocio de carne gourmet en Cholula. Atiende a sus clientes con cordialidad, pero aprendió pronto que en algunos espacios es mejor suavizar el acento para evitar preguntas incómodas o comentarios que la coloquen, antes que como comerciante, como extranjera. Vender carne marinada es su forma de construir un patrimonio.

Las historias de Carlos y Laura tienen un punto en común: ninguno imaginó que Puebla sería su destino. Durante décadas, el Estado estuvo lejos de las rutas tradicionales del asentamiento migrante. Los mapas de la migración internacional señalaban a Tijuana, Ciudad Juárez, Tapachula o la Ciudad de México. Puebla aparecía, cuando mucho, como un lugar de paso. Hoy esa geografía cambió silenciosamente.

Sin grandes anuncios oficiales ni políticas públicas diseñadas para recibir población extranjera, la migración comenzó a instalarse en colonias, mercados, restaurantes y pequeños comercios. Venezolanos, colombianos, haitianos, cubanos y personas de otras nacionalidades han encontrado aquí oportunidades laborales, redes de apoyo y, sobre todo, la posibilidad de permanecer cuando otros destinos dejaron de ser viables. Puebla dejó de ser un territorio ajeno a la movilidad humana, aunque muchos todavía no lo hayan advertido.

El cambio es visible para quien quiera observarlo. Está en las mesas que atiende Carlos, en el negocio que sostiene Laura y en decenas de historias similares que rara vez aparecen en las estadísticas oficiales. La migración ya no es únicamente un fenómeno de tránsito ni una realidad exclusiva de la frontera sur o del norte del país. También forma parte de la vida cotidiana de las ciudades poblanas, donde la integración ocurre todos los días, casi siempre lejos del debate público.

Quizá la mayor transformación no sea que hayan llegado migrantes a Puebla, sino que ya forman parte de su economía y de su vida social, sin que todavía los reconozcamos como tales. Mientras seguimos pensando que la migración ocurre en otros lugares, Carlos sirve el desayuno y Laura abre su negocio cada mañana. Los dos, como miles más, están escribiendo una nueva historia de Puebla. Una que no estaba en los mapas, pero que ya es imposible ignorar.

No existen estadísticas estatales que permitan conocer cuántos venezolanos y colombianos viven hoy en Puebla, cuántos solicitaron asilo, regularizaron su estancia o permanecen en condición migratoria irregular. La migración ya cambió el rostro de la entidad, pero las cifras oficiales siguen sin alcanzarla.

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