Jueves, 23 De Julio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Compre hoy, pague a meses sin intereses

Se calcula que el 70 por ciento de las familias mexicanas tiene deudas

Norma Angélica Cuéllar

Investigadora y periodista mexicana. Actualmente realiza una estancia de investigación posdoctoral en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP. Tiene publicaciones sobre migración y política en revistas especializadas y en diarios nacionales. Sus temas de investigación son migración, religión y política nacional.

 
 

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Jueves, Julio 23, 2026

Nunca había sido tan fácil endeudarse. Basta revisar el correo electrónico, abrir Facebook o navegar unos minutos por internet para encontrarse con una cascada de ofertas de tarjetas de crédito, préstamos personales, meses sin intereses y financiamiento para comprar prácticamente cualquier cosa, incluso para pagar los servicios más cotidianos.

Y no se trata únicamente de una agresiva estrategia comercial. Detrás de ese bombardeo existe una lógica económica que necesita consumidores permanentemente endeudados para mantener funcionando la maquinaria del capitalismo. No sorprende, entonces, que alrededor del 70 por ciento de los hogares mexicanos -según el INEGI- mantenga algún tipo de deuda.

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El tema del que le estoy hablando es muy serio. El filósofo italiano Maurizio Lazzarato sostiene que el capitalismo no solo produce bienes y servicios; también produce deudores. En su obra La fábrica del hombre endeudado explica que la deuda dejó de ser un recurso excepcional para convertirse en un mecanismo de control económico y social. Quien vive endeudado compromete una parte de su ingreso futuro y termina organizando su vida alrededor de una obligación permanente: pagar. Planea cuándo tener hijos y hasta sus días de vacaciones en función de sus deudas.

La revolución digital llevó este modelo a una escala nunca antes vista. Los algoritmos conocen nuestros hábitos de consumo, nuestros gustos e incluso nuestras preocupaciones financieras. Cada búsqueda en internet y cada clic en las redes sociales se traducen en nuevas ofertas de crédito. Hoy ya no es necesario acudir al banco para solicitar un préstamo; el préstamo llega hasta nosotros antes incluso de que pensemos en pedirlo.

El problema es que el crédito ya no se utiliza únicamente para comprar una casa o financiar un negocio. Cada vez más familias recurren a él para pagar alimentos, servicios, colegiaturas o gastos médicos. Cuando el salario deja de alcanzar, la deuda aparece como una salida inmediata. Sin embargo, esa solución suele convertirse en un compromiso de largo plazo, agravado por intereses que terminan consumiendo una parte importante del ingreso familiar.

Al mismo tiempo, vivimos en una economía diseñada para que casi todo tenga una vida útil cada vez más corta. Los teléfonos celulares quedan obsoletos en pocos años; la ropa cambia de temporada a una velocidad frenética y muchos productos han sido fabricados para ser reemplazados antes que reparados. Consumimos más porque las cosas duran menos y, para mantener ese ritmo, recurrimos cada vez con mayor frecuencia al crédito. Es un círculo que beneficia al mercado, pero debilita la estabilidad financiera de millones de hogares.

Frente a esta realidad, quizá la mejor decisión económica sea también la más difícil: resistir la tentación del crédito fácil. Endeudarse para invertir puede ser una decisión razonable; hacerlo para sostener un consumo impulsado por la publicidad y las redes sociales casi siempre termina favoreciendo a otros. En una sociedad donde el negocio consiste en fabricar deudores, la verdadera libertad financiera comienza cuando aprendemos a distinguir entre lo que realmente necesitamos y aquello que simplemente nos convencieron de desear.

Reutilice los teléfonos, las computadoras, lleve los zapatos al zapatero, arregle, arregle, arregle. No se endeude. Hágame caso. La fábrica del hombre endeudado solo beneficia a los grandes consorcios. Feliz verano.

 

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