Miércoles, 17 De Junio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La CNTE, el chantaje y los actos de Morena

La mayor parte de los conflictos del país son bicéfalos

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Domingo, Junio 14, 2026

Dice el Diccionario:  Chantajees un acto de coacción en el que se amenaza con causar daño a alguien para obtener dinero u otro beneficio, o para obligarlo a actuar de cierta manera”. En esencia, eso es lo que hace el grupo sedicente magisterial denominado CNTE en contra del gobierno.

Para nada se ha visto una bandera democrática, un beneficio social en la calidad de enseñanza, un innovador programa de capacitación. Si algo de esto hubiera gozaría de la simpatía y apoyo popular. Solo hay holganza, destrucción y caos.

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Pero esto no es nuevo ni tiene un solo actor maléfico y villano. En su contraparte hay, siempre la habido, una complicidad perversa de compra de votos a cambio de prebendas. Esa podredumbre ha sido el potaje de la educación en México. De arriba hacia abajo: sometimiento, programación mediocre y exigencia de votos. De abajo hacia arriba: servidumbre, control, votos y manejo de millonarias prebendas para cúpulas sindicales corruptas.

Debe aclararse: eso no es todo el magisterio. Eso es lo que se hace “a nombre del magisterio”. En la base hay miles de profesores de calidad, entrega diaria y compromiso con su misión y con el país. Como en todo, generalizar no es justo.

Pero en tanto no haya decisiones políticas rectas y verticales, con una visión auténtica de cambio y construcción de otro país, México seguirá el empedrado camino de la mediocridad y el deterioro cada vez mayor en lo que es la base y columna vertebral de toda nación: la educación.

PUNTO DÉBIL. Esto es precisamente uno de los puntos débiles de Morena. Casi a diario exhibe una censurable falta de congruencia entre las palabras y los hechos. La popularidad es una cosa y la confianza otra. El discurso atrae y atrapa, pero la confianza no se otorga. El índice de aprobación presidencial es alto, pero se reprueba la inseguridad.

Y en este último punto precisamente hay una constante que se ve cada vez que hay casos  de combate a la delincuencia. Decomisan en cualquier estado decenas de pipas huachicoleras y descubren enormes bodegas llenas de combustible robado, y nunca hay detenidos. Estallan depósitos de gasolina o descubren gigantescos laboratorios de drogas, y jamás hay dueños de predios, ranchos o depósitos del botín apresados.

Uno que otro despistado chofer que no alcanzó a escapar queda como chivo expiatorio.

¿Qué sucede? Lo que cualquier persona, sin ser experto en seguridad deduce y concluye: las cabezas redes de la delincuencia son advertidos, reciben el pitazo anticipado y se asegura la fuga. No gratis desde luego, la complicidad millonaria es parte del negocio.

Y en esa parte de la cadena hay mandos policiacos y militares, presidentes municipales y diputados y senadores; y empresarios, por supuesto. Y todos son intocables. Porque aceitan generosamente las bisagras del poder para que la sanción no llegue.

Un ejemplo de esta estructura del poder vinculada con las mafias se ve en muchas ciudades, sobre todo del norte del país, donde el lujo en residencias, fraccionamientos, autos, hoteles, playas y empresas son el engranaje de la narcoeconomía.

Incluso en Estados Unidos se atrapa a narcos y empresarios lavadores, se denuncian empresas, hoteles y desarrollos fachada, pero aquí, de este lado de la frontera, no hay consecuencia de lo que allá se sanciona.

Todo esto no se toca. Por eso la confianza no permea. La aprobación se queda en simpatía. “Te creo y me caes bien, pero no te doy las llaves de mi casa”. Por eso los nubarrones de sospecha.

Esto trae como consecuencia el recelo siempre presente, la interpretación de que desde el poder no se va a fondo contra el crimen organizado. O lo que es peor, que se le encubre. Y la consecuencia: da pie a que un sector amplio tome elementos para enjuiciar, criticar o difamar los actos de la autoridad.

En este como en todos los renglones del ejercicio del poder, en tanto se dejen cabos sueltos que conduzcan a la conjetura, malicia o suspicacia, se abre la puerta a la resistencia y a la crítica.

Y ya se sabe, no hay mejor remedio para cancelar el prejuicio que la transparencia.

La confianza florece si se le cultiva con el fertilizante de la certidumbre.

xgt49@yahoo.com.mx

 

 

 

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