Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Espectáculo y necropolítica en Puebla

Debord y Mbembe para entender la política de seguridad y comunicación del gobierno de Puebla

Ivanhoe García Islas

Compositor, poeta y educador en artes y humanidades. Licenciado en Música (BUAP), Maestro en Ejecución Musical (CMPM) y estudios de Maestría en Estética y Arte. Analista social desde una perspectiva que combina la sensibilidad artística y el pensamiento crítico.

Martes, Abril 7, 2026

Guy Debord (1931-1994) escribió en 1967 que “el espectáculo es el discurso ininterrumpido que el orden presente mantiene consigo mismo, su monólogo elogioso. Es el autorretrato del poder en la época de su gestión totalitaria de las condiciones de existencia.” [1] Caracterización teórica que  encuentra en el gobierno del Estado de Puebla del año 2026 una ilustración precisa y reciente.

Durante la Semana Santa en Puebla se registraron 13 homicidios; sólo entre el  lunes y el martes ocurrieron siete.” [2] Trece muertes violentas en cinco días, mientras el gobernador encabezaba personalmente un operativo de seguridad que incluyó sobrevuelos en helicóptero sobre la capital, operativo que a decir de la propia Secretaría de Gobernación, a través de sus delegaciones, reportó saldo blanco (‘sin novedad’) durante el segundo día de actividades eclesiásticas tanto en la capital como en el interior del estado.” [3]

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El espectáculo del gobierno de Puebla, en su sentido debordiano más estricto, es la sustitución de la realidad por fuegos de artificio. El operativo no estaba concebido para prevenir ni atender ningún homicidio en los municipios de Felipe Ángeles o Acatlán de Osorio, ni en ningún otro lado al parecer; sino para ser visto.

El helicóptero sobre la procesión y todo el despliegue policiaco son elementos teatrales, el titular del ejecutivo el protagonista, y la cobertura en medios y redes es lo que media entre el espectáculo y el espectador. Lo que el gobierno no puede es cambiar la realidad, aunque construya su verdad; el hecho de que no nombre a los muertos no los desaparece, están ahí y se acumulan.

La estrategia de comunicación gubernamental que pretende fabricar una realidad alterna que ya a pocos convence, tiene ahora un mecanismo de defensa; quien critica es acusado de ser un bot. Ante las críticas ciudadanas por la inseguridad en Puebla, el gobernador declaró que “cuando la crítica es de un bot, ¿qué le contestas a un bot? No puedes contestar porque es inteligencia artificial, o hay un robot ahí pegándote sistemáticamente. [4]

Ante el rechazo ciudadano al Cablebús, hay un argumento similar: “Hemos detectado granjas de bots en Argentina, en Costa Rica y en países asiáticos hablando del transporte por cable y financiados por esta televisora, a la que le hemos manifestado nuestro respeto absoluto.” [5] Es la lógica que Debord identificó en su tesis 23 de La Sociedad del Espectáculo:

“Las raíces del espectáculo se hunden en la más antigua de las especializaciones sociales, la especialización del poder. Por ello, el espectáculo es una actividad especializada, símbolo de todas las demás. Es la representación diplomática de la sociedad jerárquica ante sí misma, una sociedad de la que se ha desterrado cualquier otra palabra. En este sentido, lo más moderno es también lo más arcaico. [6]

El monólogo no admite réplica, y toda palabra que no sea la del poder se declara artificial y queda descartada sin necesidad de ser respondida. Este monólogo se sostiene además con encuestadoras cuyo negocio declarado es venderle percepción a los mismos gobiernos que evalúan, y la ciudadanía que no está de acuerdo, en su verdad, tal como los muertos, simplemente no existe, o es un bot.

La violencia en los márgenes, en la periferia social o geográfica, no es un vacío de Estado sino su política, y aquí es donde la lectura debordiana se articula con lo que Achille Mbembe (1957) nombra necropolítica en su obra con el mismo nombre: La expresión última de la soberanía reside ampliamente en el poder y la capacidad de decidir quién puede vivir y quién debe morir. Hacer morir o dejar vivir constituyen, por tanto, los límites de la soberanía, sus principales atributos.” [7]

El gobierno de Puebla no decide matar a los habitantes de sus municipios periféricos, pero sí decide, mediante la asignación diferencial de su política de seguridad, quiénes son sujetos dignos de protección visible y quiénes son las poblaciones entregadas a una violencia que el Estado administra sin combatir. Los trece homicidios de Semana Santa no ocurrieron a pesar del operativo sino en los márgenes que ese operativo deliberadamente ignoró, y esa indiferencia estructural hacia ciertos territorios y ciertas vidas no es negligencia; es política.

Volviendo a Debord, que una obra escrita en 1967 resulte tan precisa para leer la Puebla del 2026 no habla de la visión profética del autor, sino de que las prácticas de poder que describió no sólo no han sido superadas, y que en contextos como el mexicano, han encontrado nuevos instrumentos para perfeccionarse.

Las redes sociales, las encuestadoras de percepción gubernamental y la acusación de bots son versiones tecnológicamente actualizadas del mismo mecanismo; el poder se auto representa para sustituir la realidad por imagen, y en lugar de gobernar, gestiona su propio espectáculo.

México no es un caso de subdesarrollo político sino de regresión: la llamada Cuarta Transformación, que llegó al poder instrumentalizando un discurso de izquierda y prometiendo una ruptura histórica con el autoritarismo priista, es en los hechos su reedición más sofisticada, con los mismos mecanismos de control de la narrativa, la misma intolerancia a la disidencia y la misma confusión deliberada entre el partido, el gobierno y el Estado.

Esto no significa que las opciones electorales que se le oponen representen una alternativa: en última instancia se trata de disputas interburguesas donde lo que está en juego no es un modelo sino quién lo administra. La diferencia es que la 4T lo hace apropiándose de un lenguaje que históricamente perteneció a quienes cuestionaban ese modelo, vaciándolo de contenido para convertirlo en espectáculo.

La pregunta que queda abierta no es si el gobierno de Puebla tiene vocación autoritaria, sino si la sociedad poblana puede generar la fortaleza para que esa vocación encuentre límites, pues una democracia (así sea liberal) requiere que la crítica pueda nombrarse sin ser señalada de inteligencia artificial, que las encuestas no sean instrumentos de los propios gobiernos que evalúan, y que el erario no financie la escenificación del poder sobre territorios que se entregan, en los hechos, a la muerte.

Referencias
[1] [6] Debord, Guy. La sociedad del espectáculo. Trad. Maldeojo. Archivo Situacionista Hispano, 1998 [1967].
[2] Morales Calderón, Paola. “En 5 días de Semana Santa, 13 homicidios en Puebla”. e-consulta, 4 de abril de 2026. 
[3] Redacción Reto Diario. “Armenta supervisa por aire el operativo de seguridad en la Procesión de Viernes Santo en Puebla”. Reto Diario, 3 de abril de 2026. 
[4] “Nos duele, aunque un bot nos critique: Armenta responde a señalamientos por inseguridad en Puebla”. Noticias Tamaulipas NT, 23 de febrero de 2026. 
[5] Contreras, Ilse. “Armenta acusa ‘granjas de bots’ vinculadas a televisora por campaña contra Cablebús”. Publimetro, 31 de marzo de 2026.
[7] Mbembe, Achille. Necropolítica. Trad. Elisabeth Falomir Archambault. Barcelona: Melusina, 2011.​​​​​​​

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