La operación contra Irán del pasado sábado confirma las tendencias del poder en el nuevo orden mundial que estamos viviendo. Los tiempos de la diplomacia han sido desplazados por los tiempos de la guerra.
Muchos analistas y especialistas consideran que el ataque fue un error estratégico de Estados Unidos e Israel, por las consecuencias de desestabilización regional que se abren tras los ataques. Sin embargo, bombardearon Irán de manera abrumadora ¿qué razones hay detrás de esta decisión riesgosa por parte de Washington y Jerusalén?
Más artículos del autor
La primera razón es muy simple: el ataque a Irán se dio porque sencillamente era posible hacerlo en estos momentos. La capacidad militar de Estados Unidos e Israel para atacar por la vía aérea es muy superior a la capacidad de Irán por repeler los ataques o lanzar misiles como represalia. Irán no es ni tan poderoso y su régimen no es tan estable como lo suponemos. Ante ese cálculo, comenzó la operación “Furia Épica”.
La segunda razón apunta hacia el nuevo orden regional en Medio Oriente. En Estados Unidos los opositores de derecha a Trump y los opositores de izquierda insisten en no entender por qué su país apoya incondicionalmente a Israel. El motivo es que la región se encuentra en una fase de absoluta descomposición e Israel apunta a convertirse en la potencia hegemónica regional.
Siria e Iraq están en ruinas. Los aliados de Irán, Hez-bolla en Líbano y Hamás en Palestina han sido desmantelados y debilitados. Arabia Saudita es aliada económica de Estados Unidos y Turquía aliada militar de la OTAN. En este vacío de poder, el plan de Estados Unidos es entronizar a Israel como la potencia del Medio Oriente y contrarrestar los intereses de China y Rusia en la zona.
En el ámbito de la política interna de los Estados Unidos, el ataque a Irán desvía claramente la atención de la develación del contenido de los archivos Epstein que involucran claramente al presidente Donald Trump como amigo cercano del empresario. Esta sería la tercera razón que explicarían los ataques contra Irán.
Pero, la razón más importante y preocupante de estos ataques tiene que ver con la falta de contrapesos tanto a nivel doméstico como en el ámbito internacional. En el ámbito multilateral, el Secretario General de la ONU, António Guterres, condenó tanto los ataques de EE. UU. e Israel como los contraataques iraníes, y urgió a la inmediata desactivación del conflicto para evitar un enfrentamiento regional más amplio.
Desde Europa, los gobiernos de Francia, Alemania y el Reino Unido adoptaron una postura de cautela equilibrada: rechazaron una escalada militar mayor, manifestaron su apoyo a la protección de civiles y a la estabilidad regional, y pidieron una vuelta a la negociación política, aunque sin condenar explícitamente las acciones de Washington y Tel Aviv.
Por su parte, la Unión Europea en conjunto ha llamado a la “máxima moderación” y al respeto del derecho internacional, subrayando que la violencia solo profundiza la crisis y dificultaría soluciones diplomáticas. Ninguna de estas acciones podrá contener los ímpetus belicistas de Estados Unidos e Israel.
De igual forma, dentro de sus propios países, tanto Trump como Netanyahu entienden que no encontrarán mecanismos institucionales que los detengan. Ni el congreso, ni el parlamento ni el sistema judicial los detendrán. Se saben impunes y por eso actúan de tal forma. Esta razón es profundamente preocupante.
Una guerra emprendida por Estados Unidos, por ejemplo, debe ser aprobada por el Congreso. El desprecio de Trump hacia el Congreso es una muestra clara de su falta de respeto por la legalidad institucional de su país. Y se suma la falta de respeto que Netanyahu y Trump han expresado públicamente por los organismos multilaterales.