Durante su campaña presidencial en 2023, Javier Milei prometió una revolución económica basada en la desregulación y la libertad individual. Entre sus pilares se destacaba la reforma laboral como herramienta para "dinamizar" el mercado de trabajo, eliminando lo que denominaba "burocracia excesiva" y "normas desfasadas" que, según él, expulsaban a millones del empleo formal.
Milei argumentaba que flexibilizar las relaciones laborales generaría empleo, atraería inversiones y combatiría la informalidad, que afecta a cerca del 40 % de la fuerza laboral argentina. Sin embargo, tras su aprobación en el Senado en febrero de 2026, la realidad de la reforma ha generado intensos debates sobre sus verdaderos impactos.
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Las propuestas clave de la reforma incluyen modificaciones profundas en indemnizaciones, jornadas laborales, derechos sindicales y contribuciones sociales. Por ejemplo, se reduce la base de cálculo de las indemnizaciones al excluir aguinaldos, vacaciones y premios, lo que baja significativamente los montos finales y abarata los despidos.
Además, se introduce un "banco de horas" que permite jornadas extendidas hasta 12 horas diarias sin pago de extras, priorizando acuerdos individuales sobre colectivos, y se limitan huelgas y asambleas, debilitando la representación sindical.
Otras medidas incluyen la condonación de deudas por aportes no pagados, incentivos para formalización temporal y reducción de contribuciones patronales a obras sociales del 6 al 5%. Estos cambios, aunque presentados como modernizadores, podrían afectar negativamente el modelo económico argentino.
En primer lugar, la flexibilización fomenta la precarización: al abaratar despidos y extender jornadas, se incrementa el riesgo de explotación, afectando la salud de los trabajadores y elevando accidentes laborales.
Mientras Argentina avanza hacia una mayor flexibilización laboral, incrementando potencialmente las jornadas a 12 horas diarias bajo el banco de horas, México opta por el camino opuesto: una reducción gradual de la jornada de 48 a 40 horas semanales entre 2027 y 2030, manteniendo salarios íntegros y garantizando al menos un día de descanso por seis de trabajo.
Esta reforma, aprobada por unanimidad en el Senado, que busca el consenso de los sindicatos, busca mejorar la productividad, la salud, el bienestar y la calidad de vida, reconociendo que menos horas no implican menos eficiencia.
En contraste, la propuesta argentina podría profundizar desigualdades, ilustrando dos visiones opuestas: una de desregulación extrema versus una de protección social. Esta divergencia resalta cómo las políticas laborales moldean no solo economías, sino sociedades enteras.