El enamoramiento intenso se entiende desde la neurociencia como un estado motivacional dirigido a una persona específica caracterizado por búsqueda de cercanía, con atención hacia esa persona y todas las acciones conductuales orientadas a metas.
Estudios de resonancia magnética funcional (fMRI) han mostrado que al observar el rostro de la persona amada se activan regiones del cerebro relacionadas con el sistema de recompensa, esto es aquellas que generan placer.
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Así se activa la denominada área tegmental ventral y el núcleo accumbens que están llenas de una sustancia denominada dopamina. En base a estos hallazgos se ha propuesto que el enamoramiento comparte mecanismos con los sistemas de motivación y aprendizaje por recompensa.
Es entonces la dopamina la responsable de que seamos tan perseverantes en la búsqueda del ser amado, y en las sensaciones de emoción y placer asociadas a sus presencia física e incluso mental.
Normalmente después de ocho a doce meses pasamos del enamoramiento a una fase más estable de apego emocional con vínculos que duran varios años en relaciones amistosas o con la pareja. En esta etapa son dos proteínas pequeñas (péptidos) denominadas oxitocina y vasopresina las que participan en la formación y mantenimiento de dichos vínculos afectivos de largo plazo.
De hecho, es la oxitocina la responsable de las relaciones de confianza, afiliación y sincronía social. Mientras que, la vasopresina está vinculada con el reconocimiento social y el mantenimiento de un vínculo de apego afectivo.
Así que normalmente pasaremos de un amor apasionado lleno de dopamina hacia un amor de pareja con mayor estabilidad y apego emocional y sensación de seguridad lleno de oxitocina y vasopresina.