La sarcopenia se caracteriza por la pérdida de la masa muscular del cuerpo, lo que conlleva una baja de la fuerza muscular y por ende un bajo rendimiento físico.
Además, existe una relación la cantidad de masa muscular con la edad, ya que alcanza su máximo entre los 20 y 30 años y disminuye progresivamente a partir de la cuarta década de vida, acelerándose esta pérdida después de los 60 años.
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Las consecuencias clínicas son una debilidad muscular, disminución de la movilidad, caídas, fracturas, fragilidad, hospitalización y un aumento de la mortalidad. Una manera de evaluar si hay sarcopenia es realizando es la fuerza de prensión manual que es la prueba más utilizada.
La fuerza máxima que se ejerce cuando se aprieta un aparato que mide en kilogramos, de tal forma que cuando son menores de 27 kg en hombres y menos de 16 kg en mujeres significa que se tiene sarcopenia.
Una alternativa más sencilla es la prueba de levantarse de una silla cinco veces consecutivas, pero si el tiempo es superior a 15 segundos sugiere disminución significativa de la fuerza muscular. Finalmente, se puede valorar la velocidad de la marcha y cuando es menor de 0.8 metros por segundo se considerarse anormal.
El ejercicio físico constituye la piedra angular del tratamiento, por lo que se recomienda realizar ejercicios de fuerza dos o tres veces por semana con pesas, bandas elásticas o máquinas de resistencia, además de ejercicio aeróbico que mejora la capacidad funcional general y la salud del corazón.
Por lo que se debe tener una nutrición adecuada para prevenir y tratar la sarcopenia, y consumir 1 a 1.5 g de proteína por kilo de peso corporal al día en personas mayores. Recuerde amable lector que lo mejor es prevenir la sarcopenia, así que manos a la obra.