Martes, 19 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El Posicionamiento por la Humanidad de la BUAP

La despolitización de los universitarios sólo lleva a contradicciones y absurdos

Guadalupe Grajales

Licenciada en Filosofía por la UAP con Maestría en Filosofía (UNAM) y Maestría en Ciencias del Lenguaje (UAP). Candidata a doctora en Filosofía (UNAM). Ha sido coordinadora del Colegio de Filosofía y el posgrado en Ciencias del Lenguaje (BUAP), donde se desempeña como docente. Es la primera mujer en asumir la Secretaría General de la BUAP.

Jueves, Febrero 5, 2026

El jueves pasado se llevó a cabo una reunión del Consejo Universitario de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla que duró casi seis horas.

Entre los puntos del orden del día, el relativo al “Posicionamiento de la BUAP por el genocidio en Palestina. Manifiesto universitario por la humanidad. Compromiso de la BUAP ante el quebranto de la paz mundial y la defensa de la vida en Palestina y el mundo”, fue el que llamó poderosamente mi atención dada la intervención del director de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas.

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Otros temas como el informe de la abogada general o el proyecto anual de presupuesto y egreso de la universidad son de gran importancia y merecen una consideración aparte.

Abordo, pues, la mencionada intervención que, como veremos, resultó no sólo contradictoria sino confusa, dada la falta de precisión en lo que al significado de las expresiones utilizadas se refiere.

Su intervención duró 39 segundos y aunque empezó celebrando la prudencia del Posicionamiento de la BUAP, terminó rechazándolo por considerarlo un movimiento político.

Pero veamos su argumento. Lo formularé en la forma clásica: primero las premisas o razones ofrecidas y después la conclusión que se deriva de esas premisas.

1) No podemos permitir que la BUAP regrese a los tiempos oscuros en los que la autonomía se usaba como arma política o trinchera ideológica.
2) Nuestra misión es la ciencia, la docencia, la cultura y el pensamiento crítico no el activismo geopolítico.
3) Como universidad pública debemos condenar la violencia en todas sus manifestaciones
4) Debemos defender los derechos humanos de manera universal no selectiva
5) Si abrimos la puerta a juzgar conflictos internacionales perdemos nuestra neutralidad académica
6) Con qué autoridad moral señalamos un conflicto mientras guardamos silencio ante otros
7) Vamos a emitir condenas para todos ellos o sólo para los que una agenda ideológica dicte.
8) La universidad no es ni puede ser un tribunal internacional ni un foro para dogmas religiosos o posiciones político partidistas . Esto sería traicionar nuestra esencia plural
9) Un posicionamiento institucional va en contra de la libertad de pensamiento.

10) No permitir que un grupo ideológico secuestre la visión amplia de la universidad

Primera conclusión: Nuestra postura debe ser única y firme a favor de la paz y el conocimiento y en contra de la politización de la educación.

Segunda conclusión: Un llamado a la paz sí, transformar una preocupación legítima en movimiento político no.

Lo primero que hay que señalar es la contradicción flagrante entre su papel como miembro del consejo universitario y su aseveración de que un pronunciamiento institucional va en contra de la libertad de pensamiento. Las declaraciones de las instituciones como el Consejo Universitario de la BUAP se basan en el diálogo y la confrontación de ideas de sus miembros.

Además, si lo que le preocupa es la libertad de pensamiento de cada uno de los miembros de la comunidad universitaria, hay que señalar que el hecho de que el todo, en este caso la universidad a través del consejo universitario, emita un posicionamiento, no implica que cada una de las partes del todo, tenga la misma opinión. Esto equivaldría a cometer la falacia de la división o del todo a la parte.

Por supuesto que hay que respetar las opiniones particulares.

Yo creo que nos encontramos aquí ante una profunda confusión entre lo que entendemos por ideología, política, politización, incluso universalidad y selectividad.

Con respecto a estas últimas, tal parece que no podemos condenar una acción particular a menos que condenemos todas y cada una de las acciones de la misma clase. En primer lugar, yo diría que el título del posicionamiento de la BUAP condena toda esa clase de acciones. En segundo, aun si no lo hiciera, no se puede derivar que la condena de una acción particular es una no condena de las otras acciones de la misma clase.

Es como si nos dijeran que no puedes castigar una falta determinada, por ejemplo, una violación, si no castigas todas las violaciones. Sería absurdo decirle a la víctima que tiene que esperar justicia hasta que todos los criminales de la misma clase sean castigados. Esto es un enorme sinsentido. Jamás castigarías falta alguna.

Por otra parte, usa el término ‘ideología’ junto a expresiones como “tiempos oscuros” y denuesta todo aquello que forme parte de una “agenda ideológica”, cuando en realidad todos tenemos una ideología, esto es, una forma de ver el mundo. No somos omniscientes sino que conocemos y valoramos nuestra realidad desde una posición determinada, dentro de una forma de vida que compartimos con los demás.

Por esto nos sorprende que se oponga a la politización de la educación. ¿De dónde saca que hay una “neutralidad académica”? Un académico no puede ser neutral. Al contrario, debe sostener opiniones fundadas y saber defenderlas y educar a sus estudiantes de la misma manera. Si no es así, ¿cómo va a cultivar el pensamiento crítico que afirma esta persona que es la misión de la universidad? ¿O cómo va a valorar la pluralidad de culturas prevaleciente en nuestra comunidad si adopta una posición neutral?

Las opiniones se vuelven valiosas no sólo por ser verdaderas sino por estar fundadas, por estar sustentadas en razones válidas dirigidas a convencer, a persuadir a nuestros oyentes.

El principio que sustenta a la autonomía universitaria no es la “neutralidad académica” sino la libertad de cátedra y de investigación. Las luchas universitarias no se dieron para poder “ser neutral”. ¡Todo lo contrario! Se dieron para ganarse el derecho a disentir, a criticar, a proponer formas distintas de convivencia social y política.

Quien pertenece al Consejo Universitario, pertenece a un órgano político por excelencia, puesto que es el máximo órgano de gobierno de la universidad y ahí se decide su forma de conducción.

Asimismo, educar no sólo consiste en capacitar profesionalmente a los universitarios sino forjar en ellos una conciencia crítica, un sentido de pertenencia a su comunidad y un interés genuino en el bienestar individual y social.

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