Definitivamente no sabía qué escribir; luego de dos semanas sin poder hacerlo, una tercera se me hacía un extremo. A veces por falta de tiempo, otras por exceso de temas, corre uno el riesgo de divagar. No es que esté mal la divagación, también tiene su arte y su oportunidad. Como en las excursiones, las divagaciones, aun sin propósito predeterminado, pueden tener buenos hallazgos. Como cuando uno sale a realizar una caminata, aunque el camino sea conocido, hay cosas nuevas que ver.
Los temas políticos llaman primariamente la atención. El régimen hegemónico que hoy gobierna nuestro país sigue dando de qué hablar, no por sus grandes logros, sino por los escándalos que se visibilizan, pese a la gran opacidad con que opera. No sólo a nivel nacional, sino también en el ámbito local. Para muestra un par de botones. En el ámbito federal los temas del “huachicol fiscal” y el de “La Barredora” son inocultables. Adán Augusto no sabe a dónde moverse. Y Armenta sigue con sus ocurrencias.
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El primero, como el Adán bíblico, mordió la manzana prohibida y no puede autoincriminarse. El segundo, en la aldea, quiere meterse hasta en los horarios de clase de las universidades poblanas, ¿de veras no atina a gobernar y, al dejar de hacerlo, no hace sino inventarse ocurrencias? Primero fue su mascota, ahora pretende imponer horarios de estudio. Quiere emular al expresidente López Obrador como figura moral, que acusa a los delincuentes con sus mamás o sus abuelas, sin lograrlo.
Pero no tiene caso insistir en los lugares comunes, los analistas políticos han hecho mejores perfiles y escenarios de los asuntos públicos, aquí sólo he mencionado esos dos casos. Son de pena ajena. A lo anterior habría que añadir lo que mencionó Silva-Herzog en su columna de los lunes: Aunque la presidenta Sheinbaum tenga una política de seguridad distinta a la de su antecesor, sigue la misma ruta marcada por éste: consolidar un régimen hegemónico, autoritario y, no muy lejos, dictatorial.
Hay otros dos temas que son también relevantes por el futuro que pretenden definir. Por un lado, las reformas a la ley de amparo; por el otro, la reforma electoral. Me dio gusto escuchar, respecto al primero, a Román Lazcano, a quien no le conocía sus dotes oratorias. A los miembros del Senado les dijo que, tal como está la propuesta, si no escuchan las voces que saben, le estarán dando al tirano (futuro) todos los elementos para serlo. En cuanto a la reforma electoral, Fernando Belaunzarán, hizo lo propio.
En efecto, el filósofo político le recordó a Pablo Gómez la relevancia de la pluralidad y de la representación en los regímenes democráticos. Aunque reconoció que los dados están cargados en la determinación de esa reforma y que, como lo han dicho reiteradamente los líderes del oficialismo en las cámaras de diputados y senadores, usarán la mayoría para llevarla a cabo; le recordó a Gómez que la pretensión del morenismo es perpetuarse en el poder. No hay peor ciego que el que no quiere ver.
Ante todo este panorama, ¿qué les toca hacer a los ciudadanos, a quienes forman este tan manoseado “pueblo”? Todavía más, ¿qué les corresponde hacer a los cristianos, a los católicos, a los fieles de la Iglesia católica? Son preguntas fáciles de hacer, pero difíciles de responder y de realizar. En cuanto a la primera cuestión, la ciudadanía no es homogénea. Un buen número de ciudadanos inscritos en la Lista Nominal (38 millones) no está interesado en la política; simpatizantes del oficialismo son 36; y 25 son críticos del régimen gobernante, pero están divididos, fragmentados, desunidos.
¿Qué pasa con el país? Los problemas siguen sin resolverse. La educación no mejora; el sistema de salud tampoco, al contrario, parece empeorar; la pobreza (por ingreso) disminuyó, pero los factores que la generan aumentaron; la inseguridad sigue galopando, igual que la violencia; y las desapariciones siguen siendo un misterio para las familias que las padecen. El régimen no toma al toro por los cuernos. Buena parte del territorio del país se desangra y el oficialismo sigue en su halo moralista.
Esto en cuanto al momento presente. Del futuro en estas condiciones poco se puede decir. Las jóvenes generaciones parecen no ver un porvenir promisorio. Precisamente las y los jóvenes son los más vulnerables ante los factores del poder. Ante el poder del oficialismo son manipulables: los cantos de las sirenas de los programas sociales que los mantiene cautivos son muy elocuentes. Ante el poder del crimen organizado no se diga: No son cantos, sino forzamientos. Los desaparecidos en su mayoría son jóvenes.
En cuanto a los católicos, ¿qué hacer? Rocco Buttiglione sostiene que no se trata de tomar el poder y, desde ahí, construir la sociedad cristiana. El acontecimiento cristiano, el encuentro con la persona de Cristo, genera una forma nueva de vida, de obras, “una pólis alternativa en la que se inicia inmediatamente una vida en la verdad.” (1). Esto es relevante porque no se trata de repetir consignas que un régimen quiere imponer, a veces a sabiendas de su falsedad. Sino de reconocer lo que son la cosas.
Nota
1 Rocco Buttiglione, La presencia de Cristo en la vida política, Upaep, 2025, p. 16.