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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

“Neptuno Alegórico” tras bambalinas

Las palabras halagüeñas vertidas por Sor Juana dejaban entrever situaciones por demás graves

Atilio Peralta Merino

Abogado por la Escuela Libre de Derecho. Premio Nacional de Periodismo “Ricardo Flores Magón” en la categoría de Artículo de Fondo. Compañero editorial de Pedro Ángel Palou; y colaborador cercano de José Ángel Conchello y del constitucionalista Elisur Arteaga Nava.

Sábado, Septiembre 20, 2025

En 1680 fray Payo Enríquez de Rivera trasladó el mando virreinal de la Nueva España a Tomás de la Cerda, Conde de La Laguna. El “Neptuno Alegórico” diseñado por Sor Juana Inés de la Cruz conmemora el acontecimiento, y el poema dedicado a la doble potestad civil y eclesiástica de fray Payo, quien habría de ser sustituido por Francisco Aguiar y Seijas al frente de la Diócesis de México.

“Y vos, Pastor soberano,
ejemplar de lo perfecto,
Alcides de tanta esfera,
Atlante de tanto cielo,

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a cuyo cuidado deben
los más distantes Gobiernos,
el Eclesiástico el logro,
y el Político el acierto,

tan divinamente unidos,
que hacéis que parezca a un tiempo,
el Bastón , Cayado humilde,
y el Cayado Bastón regio”

Un panegírico en donde resuenan, con muy diversos matices, las expresiones de La Ciudad de Dios de san Agustín: “Dos ciudades que elevaron dos amores, el amor de dios hasta el menosprecio de sí mismo que dio vida a la “Ciudad de Dios” y el amor a sí mismo hasta el menosprecio de Dios que dio vida a la Ciudad Humana

Como puede verse, lejos de lo que se suele escuchar entre los “ideólogos gubernamentales” no es una “ciudad diabólica” la que se contrapone a la “Ciudad de Dios”, al menos no según san Agustín, lo que al respecto pudiera decir Rafael Barajas o los señores del “Instituto Vélez”, en lo personal, lo ignoro por completo.

No obstante, las palabras halagüeñas vertidas al respecto de la ocasión por Sor Juana, en medio de aquel episodio de traslado de poderes, dejaban entreverse situaciones por demás graves.

En tanto que Antonio Benavides, “El tapado”, era detenido y trasladado a Puebla en donde fue ejecutado y su cabeza expuesta en el solar que hoy ocupa el templo de La Compañía de Jesús, estallaba en lo que hoy es Arizona la rebelión de los indios hopis.

Hasta donde alcanza a narrar Philip Wayne Powell en La Guerra Chichimeca había quedado ochenta años atrás, no obstante, la rebelión hopi expresa un conflicto larvado que se contenía en la colonización misionera que nunca logró resolver del todo.

La historia profunda de México suele hacer el corte geográfico de dos vertientes a partir de la fundación de la Villa de Santiago de Querétaro, partición entre una zona que padeció una auténtica “conquista” sólo equiparable a la que se vivió en el Perú, y otra, caracterizada por una colonización con misiones al estilo de la que se vivió en las zonas australes del continente o en las planicies limítrofes del Orinoco.

La Rebelión de los Hopis, me parece al menos, obliga a replantear las consideraciones de la referida colonización, acompañada del episodio de “el tapado”, coincidencia en tiempo que deja traslucir los enormes conflictos sociales y políticos que acometieron a la sociedad de la Nueva España.

No cabe duda de que, de cara a los quinientos años de la fundación de Puebla, mucho hay que expurgar, y resultaría por demás conveniente que ello se llevara a cabo con el debido rigor, como aquel con el que se desempeñan de tiempo atrás, en el día a día, los periodistas que cubren el acontecer diario, cuando la ocasión lo permite al menos, claro está.

Me resulta enormemente satisfactorio que se verifique, por ejemplo, que la solicitud de indemnización por daño patrimonial del estado se presenta ante la misma instancia que causa el daño acompañado de las pruebas conducentes, claro que para ello basta con revisar la legislación.

Recientemente llegó a mi correo de Facebook una nota de hace tres años firmada por Martín Hernández Alcántara, a la que, al parecer no pudo darse una revisión de tal talante, nota por demás interesante ya que se refería a la preservación del patrimonio edificado cuya antigüedad corresponde, en términos generales, a la de la sucesión del mando entre fray Payo y el Conde de La Laguna.

Lamentablemente no pudo verificarse , por ejemplo, que la Unidad de Inteligencia Financiera no es competente para recibir denuncias del público, ni tiene tampoco atribuciones para supervisar el ejercicio del erario, ni en la restauración de monumentos, ni en ningún otro caso, una atribución así corresponde a la Auditoría Superior o , en primer término a las instancias de contraloría interna que serían las que tuvieran que indagar hechos , no “pretenciosos” sino delictivos como la autoasignación de los estudios de impacto ambiental a sobreprecio en el trazado del Tren Maya en Campeche, por ejemplo.

Los plácemes  festivos vertidos en honor de fray Payo y el Conde de la Laguna, no dejaban traslucir una historia soterrada de lo que hoy apenas podemos encontrar indicios, pese al rigor con el que Sor Juana se esforzó para  publicar su “Neptuno Alegórico”,  y  aun cuando pueda pensarse que tal rigor no es indispensable para loar las “glorias de Lilia Cedillo y sus respaldos expresados en besos de tigres o de zopilotas”, quizá podría muy bien haberse orientado  a cualquier entusiasta defensor de la historia o de cualquier otra causa noble y justa  que, si un día tiene la necesidad de divorciarse o de adoptar a algún menor, la instancia competente para ello no sería ni  la Secretaría de Energía ni la de Hacienda.

albertoperalta1963@gmail.com

 

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