La economía contemporánea, marcada por la transformación tecnológica, la globalización y las crecientes desigualdades sociales, enfrenta un dilema ético de fondo. El papa Francisco advierte:
“La economía debe ser un instrumento al servicio de la justicia social, del desarrollo humano integral y del cuidado de la casa común” (Francisco, Fratelli tutti, n. 168).
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El modelo de maximización de beneficios ha generado productividad y crecimiento, pero también precarización laboral, exclusión social y deterioro ambiental. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia subraya que:
“Cuando la actividad económica se encierra exclusivamente en el ámbito de lo inmediato y material, pierde de vista la centralidad del ser humano y el valor ético de la economía” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2005, n. 331).
En este contexto, la ética no es un accesorio, sino la base misma de la sostenibilidad. Como afirma Sachs:
“Una economía que deja de lado la ética es una economía que destruye sus propias bases de confianza, equidad y estabilidad” (Sachs, 2016, p. 34).
De esta forma, la empresa se presenta como una comunidad humana llamada a integrar eficiencia con justicia, innovación con dignidad y competitividad con solidaridad.
1. La economía de empresa como actividad humana con responsabilidad moral
La empresa no es una máquina de beneficios impersonales, sino una comunidad de personas.
“La empresa es una comunidad de personas que deben buscar el bien de todos sus miembros y de la sociedad a través de la producción de bienes y servicios útiles” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2012, p. 8).
El papa Benedicto XVI subraya que:
“La empresa no puede considerar su lógica de beneficio como un fin en sí mismo, sino que debe estar al servicio de la sociedad” (Caritas in Veritate, n. 40).
Autores contemporáneos coinciden. Henry Mintzberg afirma:
“No se puede dirigir una empresa como si se tratara únicamente de una máquina de beneficios. Es una comunidad humana” (Mintzberg, 2015).
Ejemplos como Patagonia, que reinvierte sus ganancias en causas ambientales, muestran que el éxito económico no está reñido con la responsabilidad social.
2. Principios éticos que orientan la acción económica
La Doctrina Social de la Iglesia ofrece principios que orientan las decisiones empresariales hacia una “economía con rostro humano”:
Dignidad de la persona humana:
“La dignidad es inviolable y exige siempre ser reconocida, respetada y promovida” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2005, n. 107).
Ejemplo: el grupo Mondragón en España respeta la participación activa de todos sus trabajadores.
Bien común:
“Debe permitir a cada uno alcanzar su perfección más plena” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2005, n. 164).
Francisco lo amplía: “El bien común presupone el respeto a la persona humana… ordenados a su desarrollo integral” (Fratelli tutti, n. 182).
Solidaridad y subsidiaridad:
“Una sociedad justa solo puede realizarse respetando el principio de subsidiaridad” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2005, n. 186).
Ejemplo: cooperativas de ahorro en Colombia empoderan a los socios en las decisiones locales.
Destino universal de los bienes:
“La propiedad privada... está subordinada al derecho primario de la destinación universal” (Francisco, Laudato Si’, n. 93).
Ejemplo: IKEA colabora con artesanos en condiciones de comercio justo.
3. El rol ético del dirigente de empresa
El dirigente no es un simple técnico en gestión, sino un servidor del bien común.
“El dirigente de empresa debe actuar con prudencia, con sentido de la justicia” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2005, n. 340).
Michael Porter y Mark Kramer proponen redefinir el propósito empresarial como “valor compartido”:
“El propósito de la corporación debe redefinirse como la creación de valor compartido” (Porter & Kramer, 2011, p. 64).
Amy Edmondson agrega:
“Los líderes crean seguridad psicológica cuando admiten errores, muestran vulnerabilidad y abren espacios para el aprendizaje colectivo” (Edmondson, 2019, p. 27).
Ejemplos como Paul Polman en Unilever, que impulsó cadenas de suministro sostenibles, muestran que el liderazgo ético puede transformar el mercado.
4. Justicia y sostenibilidad en las decisiones empresariales
La sostenibilidad es un imperativo ético y de justicia intergeneracional:
“El ambiente es un bien colectivo... que debe ser protegido con visión de largo plazo y justicia intergeneracional” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2005, n. 466).
Benedicto XVI enfatiza:
“La economía tiene necesidad de la ética, no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona” (Caritas in Veritate, n. 45).
Ejemplos como Interface Inc., que transformó su modelo hacia “impacto cero” ambiental, muestran que es posible combinar rentabilidad con sostenibilidad.
Los ODS de la ONU ofrecen un marco ético para evaluar las decisiones empresariales:
“Las empresas sostenibles son aquellas que consideran sus impactos económicos, sociales y ambientales, con responsabilidad y transparencia” (ONU, 2015).
La justicia exige que la pregunta clave en cada decisión sea: ¿es justo hacerlo?, más allá de si es legal o rentable.
5. Hacia una economía con rostro humano
El horizonte ético de la empresa es una economía centrada en la persona y orientada al bien común.
“No se trata solo de garantizar que todos tengan sustento, sino que cada ser humano pueda desarrollarse plenamente” (Francisco, Fratelli tutti, n. 127).
Benedicto XVI lo reafirma:
“La economía necesita de la fraternidad para que funcione adecuadamente” (Caritas in Veritate, n. 35).
Este ideal conecta con propuestas como la Economía del Bien Común, que según Felber:
“Debe dejar de premiar el egoísmo y empezar a reconocer el bien común como criterio de evaluación” (Felber, 2012, p. 22).
Ejemplos como las Empresas Sociales de Yunus en Bangladesh ilustran cómo el emprendimiento puede servir directamente a la inclusión social y la innovación ética.
Conclusión
La ética no limita la eficiencia empresarial, sino que constituye su fundamento. El Compendio recuerda:
“Las decisiones económicas tienen consecuencias de carácter moral. Esta dimensión ética no puede ser ignorada” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2005, n. 330).
Empresas como Danone, Lush o Tesla muestran que es posible integrar innovación con responsabilidad social y ambiental.
En palabras de Francisco:
“No olvidemos que detrás de cada decisión empresarial… hay personas que sufren o se benefician, que se realizan o son descartadas” (Fratelli tutti, n. 170).
Por tanto, una economía con rostro humano no es una utopía, sino un horizonte posible para líderes y empresas que asumen su papel transformador en la sociedad.
Les invito a ver el video de metododelcaso.org sobre este tema:
Referencias
Benedicto XVI. (2009). Caritas in veritate. Vaticano: Librería Editrice Vaticana.
Comisión Vaticana COVID-19 & Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. (2020). Preparar el futuro, construir la paz en tiempos de COVID-19. Vaticano.
Edmondson, A. C. (2019). The Fearless Organization: Creating Psychological Safety in the Workplace for Learning, Innovation, and Growth. Wiley.
Felber, C. (2012). La economía del bien común. Deusto.
Francisco. (2015). Laudato si’. Sobre el cuidado de la casa común. Vaticano.
Francisco. (2020). Fratelli tutti. Sobre la fraternidad y la amistad social. Vaticano.
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Kant, I. (1997). Fundamentación de la metafísica de las costumbres (M. García Morente, Trad.). Espasa-Calpe. (Obra original publicada en 1785).
Mintzberg, H. (2015). Rebalancing Society: Radical Renewal Beyond Left, Right, and Center. Berrett-Koehler.
Minnerath, R. (2014). Fraternity as a Principle of Social Ethics. Pontificia Academia de Ciencias Sociales.
Naciones Unidas. (2015). Guía del Pacto Mundial sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible. ONU.
Naughton, M., & Cornwall, J. (2015). Una lógica diferente: hacia una renovada visión católica de la empresa. Universidad Católica de Ávila.
Pontificio Consejo Justicia y Paz. (2005). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Vaticano.
Pontificio Consejo Justicia y Paz. (2012). La vocación del líder empresarial: una reflexión. Pontificia Universidad Católica de Chile / Vaticano.
Porter, M. E., & Kramer, M. R. (2011). Creating shared value. Harvard Business Review, 89(1/2), 62–77.
Sachs, J. D. (2016). The Age of Sustainable Development. Columbia University Press.
Sen, A. (1999). Development as Freedom. Oxford University Press.
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Tomás de Aquino. (2022). Suma Teológica (Versión digital).