Los viajes transatlánticos suelen atravesar múltiples husos horarios, lo que desincroniza nuestro reloj biológico, que tienen un ritmo circadiano, es decir de 24 horas.
La discordancia de los cambios de la luz y de la oscuridad del nuevo país visitado produce lo que conocemos como “jet lag” o retraso del horario debido a los viajes en aviones tipo Jet.
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El jet lag produce síntomas como la dificultad para quedarse dormido (insomnio), tener sueño durante la fase de vigilia, sentirse fatigado, malhumorado, problemas digestivos, dificultades para concentrarse e incluso malestar general. La recuperación suele tomar varios días y esto depende de la dirección del viaje (Este vs Oeste), variando la intensidad de los síntomas de alteraciones de medianas a intensas.
Al viajar hacia el Este, esto es desde México hacia Europa, es común tener dificultad para conciliar el sueño y despertarse demasiado temprano, y el ajustarse las nuevas circunstancias requiere de alrededor de cinco días.
En cambio, al viajar hacia el Oeste, esto es desde Europa hacia México, se pueden experimentar despertares tempranos o fragmentación del sueño y uno se ajusta al nuevo horario en unos tres días.
Para lograr una rápida adaptación al cambio de horario se debe hacer un esfuerzo de no dormir siesta y hacer el esfuerzo de ir a la cama a la hora del nuevo horario, además de evitar absolutamente el consumo de alcohol, y dejar de tomar bebidas que contengan cafeína que se encuentra en café, refrescos de cola, bebidas energizantes; o de teofilina que se encuentra en el té verde o té negro, o de teobromina, en el chocolate.
El único fármaco que ayuda a conciliar el sueño es la melatonina, la denominada hormona del sueño y algunos fármacos derivados. Acuda con un médico neurólogo, él puede ayudarle con otros fármacos similares a la melatonina.