Las pesadillas son sueños angustiantes, vívidos y recordados al despertar que causan malestar y, en ocasiones, evitan el quedarse dormido por miedo a que se repitan. Son una parasomnia del sueño con movimientos oculares rápidos.
Las causas más frecuentes se deben a situaciones de estrés, ansiedad o eventos traumáticos recientes que pueden llevar al trastorno por estrés postraumático (TEPT), lo cual aumenta la frecuencia y gravedad de las pesadillas; pero también pueden ser debido a un efecto indeseable del uso de medicamentos por ejemplo algunos antidepresivos, los bloqueadores beta adrenérgicos, y sustancias de abuso como el alcohol, la marihuana o algunos casos asociados a la presencia de ronquidos fuertes pausas respiratorias.
Más artículos del autor
En el caso de pesadillas frecuentes, esto es, tener un episodio o más por semana que afecten el desempeño de las labores diarias, y en casos severos en donde se presenta insomnio por miedo a dormir, se debe acudir con un médico psiquiatra.
Los tratamientos son terapia psicológica, o la terapia cognitivo-conductual encaminadas al manejo del estrés/ansiedad. Así también técnicas de relajación antes de dormir como una ducha tibia, terapia a base de olores o de música.
Solo en casos excepcionales el uso de fármacos como la prazosina (antagonista α1‐adrenérgico), como el trastorno por estrés postraumático; o mediante benzodiacepinas como el clonazepam cuando las pesadillas se asocian al trastorno de conducta del sueño con movimientos oculares rápidos.
La prevención es a través de la higiene del sueño que consiste en no tomar café, té o chocolate seis horas antes de dormir; no usar ningún tipo de pantallas 2 horas antes de ir a la cama; tener una habitación oscura y silenciosa, y usar ropa cómoda y que permita regular la temperatura. Hay que recordar que a mitad de la noche baja la temperatura corporal hasta un grado centígrado.
Lo más importante es mantener la calma y dar todo el soporte a quién padece de este trastorno del sueño.