Trump se vendió como un genio negociador. Durante su campaña gritaba a los cuatro vientos que resolvería cualquier conflicto del mundo en cuestión de minutos. Engerido y ególatra como es, no buscaba una paz verdadera y duradera en ningún lado, sino ser “merecedor” del Premio Nobel de la Paz. Pero Trump está topándose contra la pared de la cruda realidad: negociar la guerra y la paz en el mundo no es lo mismo que negociar bienes raíces en Nueva York.
Los diálogos con Rusia y Ucrania han fracasado. Trump creyó que podía convencer a Putin y presionar a Zelensky. No logró nada de eso. Por el contrario, la Europa aliada de Norteamérica está comenzando una carrera armamentista para disuadir a Rusia de sus ambiciones expansionistas.
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Netanyahu e Israel hacen lo que quieren en el Medio Oriente. La ofensiva en Gaza sigue provocando decenas de muertos inocentes. El ejército de Israel no tiene consideración ni siquiera con la ayuda humanitaria, los periodistas o los voluntarios pacifistas que llegan a la región. Trump comentó hace unas semanas que esperaba que bajaran las víctimas mortales en Gaza. Netanyahu ni siquiera se inmutó.
El gobierno de Estados Unidos comenzó negociaciones con Irán para detener su programa de enriquecimiento de uranio, lo que supondría que ese país pudiera contar con una ojiva nuclear. De por sí Irán ya tiene una sofisticada tecnología de misiles balísticos. No es un secreto para la comunidad internacional que ese país podría tener un arma nuclear en cuestión de meses. Pero Israel decidió por la opción armada, echando por tierra las pretensiones negociadoras de Trump. El Golfo Pérsico y Medio Oriente viven vientos de guerra.
Y, en el conflicto latente entre India y Paquistán, Estados Unidos no pinta nada porque su gobierno no garantiza ningún tipo de confianza.
En el ámbito doméstico, Trump manda a la Guardia Nacional para contener manifestaciones pacíficas en Los Ángeles contra su política anti migratoria. Y el sábado 14 de junio, para celebrar su cumpleaños, Trump desplegó un vergonzoso desfile militar como nunca antes en la historia de ese país, simplemente para cumplir sus sueños de autócrata y dictador en ciernes.
Todo esto es resultado de la política de aislamiento de Estados Unidos que pugna poner a “America First” (América primero) y el mundo después. Los “geniales” estrategas de esta ideología están descubriendo los altos costos de separar a Estados Unidos de su mediación internacional. Incluso por razones explícitamente egoístas, los norteamericanos, al aislarse, terminarán pagando los costos de los conflictos internacionales porque sus intereses en el mundo se verán profundamente afectados. Y ocurre exactamente lo mismo con el comercio internacional. No hay forma de que una guerra comercial no afecte al país más globalizado del mundo: Estados Unidos.
En casa, la política absurda de perseguir migrantes sin miramientos y sin una estrategia inteligente diseñada por un personaje profundamente racista como Stephen Miller provocó que el mismo Trump reculara y dijera que no perseguiría a los migrantes ilegales que trabajan en la industria de la construcción, en el campo y en el sector servicios. Se dio cuenta del profundo nivel de estupidez de emprender semejante proyecto, que solo provocaría el desmoronamiento de su país.
Hay otra razón que explica el deterioro del mundo que también tiene que ver con Estados Unidos. Trump escogió para puestos claves a gente inexperta en seguridad, diplomacia e inteligencia (espionaje). El resultado fue el desmantelamiento de oficinas relevantes para mantener la paz y procurar la cooperación internacional de Estados Unidos. Gente como Marco Rubio (Secretario de Estado), Pete Hegseth (Secretario de Defensa), Kristi Noem (Secretaria del Departamento de Seguridad Nacional) y Tulsi Gabbard (Directora de los Servicios de Inteligencia) han demostrado su absoluta incompetencia y falta de credenciales para cargos de tan alta responsabilidad. El vicepresidente J. D. Vance apenas logra salvarse porque ha moderado su actuar en la diplomacia internacional.
En tan solo seis meses, el mundo ha demostrado que Trump es un hombre ignorante y sin escrúpulos, interesado solo en el espectáculo y en su enriquecimiento personal (económico y en lo que respecta a su ego). Lamentablemente, sus erradas decisiones, que nos están alcanzando a todos, comienzan a provocar repercusiones económicas, sociales y tienen un alto costo en vidas humanas. Y esto es apenas el principio de lo que nos espera.