Manuel Reigadas murió recién y con ello se completa la desaparición de los dos hombres de teatro poblanos de mayor envergadura en el siglo XX: Héctor Azar y él.
Manuel fue un hombre querido y admirado, amante de su arte y de desbordada bonhomía; infatigable y comprometido con el drama cotidiano de vivir por el gusto de hacerlo, lo mismo en tono de farsa, que de comedia, que de tragicomedia si el asunto lo ameritaba. Un tipazo, en resumen.
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Lo conocí y traté desde mis primeros años en Puebla durante mis labores en la Secretaría de Cultura y llegamos al aprecio sincero compartiendo mutuas preocupaciones sobre el cada vez más delirante afán de los gobiernos poblanos por confundir folclor con cultura y tradición con chabacanería. Lamento que no esté más en su simbólico Espacio 1900.
No puedo imaginar que cualquier poblano, sobre todo si es citadino, desconozca quién fue Manuel Reigadas, pero se han dado casos ―me consta― en que la ciudadanía y autoridades han ninguneado la partida de esos personajes que tanto hicieron por los cimientos y raíces de la poblanidad actual; un lamentable ejemplo de ello es, sin duda, Ivonne Recek de Luque hoy casi olvidada. Y precisamente para contribuir a que en este caso el menosprecio poblano pudiera patentizarse en la partida de Manuel, referiré lo sucedido cuando le otorgaron la Clavis Palafoxiana en el ya distante 2018.
La Clavis Palafoxiana fue creación de Saúl Juárez Vega, el mejor secretario de Cultura que hemos tenido en los últimos 15 años. Permaneció en el cargo dos o tres años y en ese tiempo revolucionó para bien la política cultural del estado. Trajo a María Fernanda Matos Moctezuma (sí la hermana de Eduardo Matos, premio Princesa de Asturias) a la Dirección de Museos siendo esta la mejor época de esta institución.
Saúl instituyó, entre otros, el Festival Internacional de Teatro Héctor Azar y, asimismo, consciente de la necesidad de elevar al sitio que se merece la cultura poblana en el país, ideó la creación de un reconocimiento a la trayectoria cultural al que, atinadamente, ancló en la prestigiosísima y mundialmente admirada Biblioteca Palafoxiana: la llamó Clavis, es decir, la llave que permite el acceso franco al vasto conocimiento y barroquísimo derroche que significa este recinto Memoria del Mundo desde 2005.
Con Saúl la Clavis fincó prestigio pues se entregó, primeramente, al poeta Eduardo Lizalde; después a varios más de un calado cultural apreciable a Fernando Savater y Sergio Pitol post mortem, entre otros.
Ya en los tiempos de Tony Gali, la Clavis vivió momentos de reconocimiento apreciables al otorgársela a Fernando Lozano y a Manuel Reigadas. Después de estos, el galardón cultural se iría al carajo cuando el propio Gali se lo concedió al General Salvador Cienfuegos, desprestigiando tanto a la Clavis Palafoxiana que ningún otro gobernante ha querido volver a concederla.
Pero como mencioné, desde ese 2018 la entrega a Manuel Reigadas se transformó en un hito en el mundillo cultural de Puebla, puesto que es la única ocasión en que la ceremonia estuvo abarrotada llenando hasta las escaleras la Biblioteca Palafoxiana por infinidad de amigos, seguidores, alumnos y gente que apreciaba y reconocía a Manuel como el más destacado dramaturgo poblano contemporáneo. Está de más aclarar que ninguno de los asistentes fue en calidad de acarreado como era la costumbre de entonces.
Moisés Rosas, en esos días subsecretario de Cultura, no salía de su asombro por la respuesta humana que provocaba entre la gente de la cultura y así lo manifestó durante la lectura de los sobrados méritos artísticos de este buen amigo y mejor hombre que fue Manuel Reigadas.
Por lo anterior, hago un sentido llamado a las autoridades culturales del estado a que reconozcan puntualmente a uno de los suyos, ya sea con nombrar un parque, una calle o un recinto con el orgulloso nombre de Manuel Reigadas Huergo, para que nunca lo olvidemos, como ha ido sucediendo con Ivonne Recek, entre otros poblanos de cepa.