Donald Trump ha dado una ofensiva sin precedentes contra la migración latina desde que retomó la presidencia en enero de 2025. Uno de sus primeros movimientos fue cancelar la aplicación móvil CBP One, instaurada por la administración anterior para regularizar citas de solicitantes de asilo en puertos de entrada. La medida eliminó de golpe unas 30 mil citas ya agendadas y dejó fuera de la vía legal a cientos de miles de personas.
De forma casi simultánea, se canceló el parole humanitario que beneficiaba a unos 500 mil migrantes, principalmente de Cuba, Haití, Nicaragua y Venezuela. La Corte Suprema permitió al gobierno avanzar con esta suspensión tras revocaciones en tribunales inferiores.
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La cosa es que el fin abrupto de este mecanismo despoja de estatus legal a cientos de miles, obligándoles a enfrentar procesos de deportación sin alternativas claras.
Con esos cimientos destruidos, el gobierno intensificó deportaciones, las autodeportaciones y amenazó con sancionar a quienes no abandonen el país. Según informes de CBP, los encuentros con migrantes ilegales cayeron, pero las deportaciones se aceleraron, reflejando una voluntad clara de aplicar la política de "cero tolerancia".
El fin de CBP One y del parole humanitario no son sólo simbólicos: cierran vías legales y dejan a miles en limbo. El efecto colateral ha sido un colapso en los recursos de asilo, acelerando el ritmo de expulsiones sumarias de personas que ya habían cumplido requisitos formales.
A medida que avanzan estas políticas, el enfoque se traslada ahora a California, bastión demócrata y santuario. En Los Ángeles y áreas vecinas se ejecutaron redadas masivas del ICE bajo la premisa de detener a “criminales”. Las operaciones sorprendieron por su magnitud y por ocurrir en lugares de trabajo, como tiendas Home Depot y fábricas.
Las redadas, que comenzaron el 6 de junio de 2025, derivaron en arrestos multitudinarios (entre 44 y 118 detenidos según distintas fuentes) y en fuertes protestas en Paramount, Compton y el centro de Los Ángeles.
La reacción de Trump fue militarizar la zona: desplegó 2 mil soldados de la Guardia Nacional sin el consentimiento del gobernador Gavin Newsom, y puso en alerta a Marines adicionales, elevando la tensión política al máximo.
Esto impacta directamente a Newsom, considerado un aspirante presidencial demócrata. La intervención federal sin su aprobación violenta protocolos estatales y podría fortalecer las críticas de los demócratas, al convertir a California en el “campo de batalla” de la próxima elección nacional.
En el fondo, el pensamiento de Trump no es sólo xenofobia o cálculo electoral: está alineado con una visión empresarial global que ve en la reducción de la población un camino hacia la automatización y el aumento de la productividad. Así lo dejó claro Larry Fink, CEO de BlackRock, en el Foro Económico Mundial, al afirmar que los países desarrollados con poblaciones en descenso estarán mejor preparados para enfrentar los problemas sociales derivados de “sustituir humanos por máquinas”.
Fink habló sin rodeos: “Los países que combinan baja natalidad con alto desarrollo tecnológico y educativo serán los “grandes ganadores” en términos de calidad de vida. A diferencia de los países con poblaciones jóvenes pero poco educadas, los países ricos y envejecidos podrán usar la inteligencia artificial y la automatización para elevar su nivel de vida sin depender de mano de obra migrante”.
Este mensaje resuena con las políticas de Trump: cerrar fronteras, expulsar migrantes y presionar para que la economía dependa menos de trabajadores extranjeros. Bajo esta lógica, no se trata sólo de controlar la migración, sino de rediseñar la sociedad: menos cuerpos, más máquinas; menos inclusión, más eficiencia. Es un programa de reorganización social radical, que pone a los migrantes como el problema a resolver, no como parte de la solución.