Por supuesto que el fenómeno referido se ubica en diversas dimensiones, sin embargo, en la coyuntura del T-MEC el tema de la prevención, tratamiento y rehabilitación de adictos se ha dejado de lado y la “narcocultura”, con creencias de tipo religioso, cine y música, es tan difícil de atender que no se analiza o comenta con seriedad.
La situación. Las viejas circunstancias y medios para atender el narcotráfico han quedado atrás. Ahora los Estados Unidos de América consideran a los traficantes de drogas ilícitas como terroristas y los canadienses secundaron la postura, por lo que para sus gobiernos pasaron de ser delincuentes a enemigos, ¿es lo mismo?, no, pues a estos últimos se les aplica el derecho del enemigo y en el uso de la fuerza por la autoridad legítima se aplica toda la capacidad para eliminarlos.
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Derivado de lo anterior, las fuerzas del orden que intervienen actualmente son más, no sólo la DEA quien atiende el fenómeno, sino todas las agencias que velan por la seguridad nacional, defensa e inteligencia, de los gobiernos de quienes ubican a los narcotraficantes como terroristas.
Con otra visión y esquema México llegó al mismo resultado que los países vecinos, pues se puso legalmente a disposición de la Secretaría de la Defensa Nacional a la mayor fuerza que tenemos para atender los delitos del orden federal y hoy la Guardia Nacional y el Ejército Mexicano se despliegan en el territorio para contener a la delincuencia organizada, apoyadas por la Armada de México, el CNI y la FGR.
Se presentan por lo menos las interrogantes siguientes: ¿la delincuencia organizada es enemigo en México, o seguirá siendo grupo delictivo? ¿el gobierno de los Estados Unidos de América es adversario, amigo o las dos cosas?
Las consecuencias. Al no existir en México un programa específico para atender el asunto de las drogas ilícitas, se ha circunscrito el fenómeno en la seguridad pública, paradigma rebasado por la realidad pues una visión y esquema local no es lo más efectivo para contener un fenómeno trasnacional.
En este escenario México quedará rebasado y puede corroborar ser el favorecedor de las condiciones del problema con algunos jueces “aliados” a los narcotraficantes. La Casa Blanca ya ha expresado que el gobierno tiene alianzas con los cárteles y la posibilidad de que continúen las acciones unilaterales del gobierno americano seguirá persistiendo, como ya lo vimos en el caso de “El Mayo” y los comerciales en nuestro país contra los inmigrantes ilegales.
Por su forma, la cooperación entre países tiene muchos años, en ocasiones ha sido más intensa a veces menos, por lo que el asunto no prosperará si sólo se continúa practicándola, sino que es en su alcance y calidad donde radica la transformación, pues ante las nuevas circunstancias la cooperación bilateral y/o trilateral podría tener una visión antiterrorista internacional en vez de una delictiva local.
Si el gobierno mexicano adoptara una visión proactiva contra el narcoterrorismo, entonces el fenómeno sería tratado dentro de la lógica del derecho del enemigo y su propósito sería la eliminación de objetivos, empleando diversas formas de control conjunto con los americanos o por nosotros mismos, con el propósito de abatirlos y/o llevarlos ante la justicia nacional e internacional. ¿Cómo esperan que México se presente ante el mundo en este tema? ¿qué opinan ustedes amigos lectores?
José Ortega y Gasset expresó: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.