Tratar con Donald Trump no parece fácil. Ha mostrado al menos cuatro características que sustentan esta afirmación: no sabe negociar, falla en su racionalidad, es voluble y no está muy bien informado.
No sabe negociar. Él diría que al contrario, es un genio de la negociación. Que ese es su fuerte. La cuestión es qué entendemos por negociación.
Más artículos del autor
Creo que lo que se debe entender es una relación de diálogo, en la que cada parte presenta con claridad sus intereses, sus objetivos. Y que escucha con atención los intereses y objetivos de la otra parte. Y de ahí se dialoga para ver en qué puede ceder cada una de las partes, si es que puede ceder.
Trump entiende otra cosa: doblar o quebrar con quien se negocia. Y una vez doblado, imponerle sus intereses. Quizá esto explique su curiosa propuesta para la paz en Ucrania, presentada recientemente: que Rusia se quede con Crimea y con los territorios que recientemente ocupó. Es decir, que Ucrania se doble y ceda todo. Por supuesto los ucranianos ni la consideraron.
Si la idea básica de racionalidad es tener claros los fines buscados y los medios adecuados para esos fines, parece que Trump está muy lejos de esa idea. Aislar la economía de su país del resto del mundo por medio de aranceles no llevará a Estados Unidos a “ser grande otra vez”, sino muy probablemente a una economía ineficiente, de productos costosos y de mala calidad.
Más grave es su acoso a las universidades, el retiro de apoyos federales a las mismas. La ventaja de Estados Unidos sobre el resto del mundo es su capacidad tecnológica, algo que no es posible sin universidades.
China se está esforzando en alcanzar y rebasar a los estadounidenses. Si Trump se empeña en hacer menos a las universidades de su país, lo llevará a una merma científica y tecnológica y lo hará más pequeño que nunca.
Que es voluble e impredecible lo hemos visto ya muchas veces. Esto lo hace poco confiable, y complica, o anula, la posibilidad de tratar con él.
Finalmente, y vinculado a todo lo anterior, parece no tener suficiente información del mundo en que vive. Su propuesta de hacer de una zona vacacional, con campos de golf, Gaza, además de criminal, era ingenua, desinformada, sin la menor idea de la realidad de Palestina y los países que la rodean. Lo mismo puede decirse sobre su propuesta para la paz en Ucrania, su dicho de que Estados Unidos construyó el Canal de Suez, su pretensión de apropiarse de Groenlandia y del Canal de Panamá.
No sé si sirva tener a un doctor en psiquiatría como secretario de Relaciones Exteriores. Pero tratar con Trump, para el gobierno mexicano y para cualquier otro, no parece fácil.
¿Tendrá esto efectos decisivos para el orden internacional? ¿Acabará Estados Unidos sumándose a lo que Anne Applebaum ha llamado Autocracia S. A.?