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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Armenta y las feministas de Xicotepec

“Justicia para Fanny” fue el grito que se pudo escuchar durante todo el evento del gobernador

Antonio Madrid

Comunicador y periodista. Reportero, corresponsal y columnista (La Pasarela) en diversos medios poblanos. Ha ejercido su labor reporteril en radio, televisión y prensa escrita en medios de Huauchinango y Xicotepec.

Viernes, Abril 18, 2025

Casi rayaba el medio día cuando Alejandro Armenta arribó al centro de Xicotepec, municipio gobernado por el morenista Carlos Barragán Amador. La voz institucional anunciaba rimbombante su presencia con calificativos superlativos en torno a su persona. Ya se sabe, cuando alguien llega al poder, se le comienzan a atribuir virtudes y habilidades extraordinarias dignas de una divinidad.

Cuántas veces hemos escuchado decir de sus subordinados aquello de: “La licenciada (o el licenciado) es incansable. No le aguantamos el paso”. Sobra decir que una vez que el funcionario ha caído en desgracia (si es que cae) dichas virtudes habrán desaparecido. Ahora será un ser humano común y corriente y en el peor de los casos, alguien muy por debajo de los estándares. ¿Quién por ejemplo lanza ahora halagos públicamente a Mario Marín?

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Por mucho que se sea tonto, habrá que fingir que ni siquiera lo conoce, cuando hoy  muchos de los funcionarios de primera línea, fueron subordinados suyos y –entonces sí- le endilgaban calificativos de súper hombre.

Pero decíamos, que la voz institucional lanzaba vivas a Armenta, mientras una canción popular con letra cambiada, lanzaba también elogios al gobernador y al gobierno humano, ese de “Por amor a Puebla”.

El gobernador llegaba saludando a todos, escoltado por el alcalde, la diputada local Lupita Vargas y –of course- la flamante diputada federal, Gisselle Santander, la misma que como muchos compañeros suyos defendieron al Cuau en los difíciles momentos cuando fue acusado de violador de parte de su media hermana. Y claro está, una pléyade de gente que gusta estar siempre cerca de hombre del poder en turno.

Comenzó el evento protocolario y Carlos Barragán, el alcalde, hizo gala de su experiencia y comprometió al gobernador con el tema del Ramal hacia la autopista México –Tuxpan, que conectaría con Xicotepec. Todos aplaudían, sin embargo, al costado izquierdo del presídium, las voces de un grupo feminista, no paraba –a voz en cuello- de exigir “Justicia para Fanny”.

Y fue una vez terminado el discurso del edil que el gobernador, súbitamente se levantó de su asiento para dirigirse hacia las feministas. Ahí, les ofreció trabajar de la mano para que la justicia se siga aplicando en cualquier delito y particularmente en cuanto a los feminicidios y la violencia hacia la mujer. Las mujeres, no parecían estar convencidas. Pero si buscaban algún compromiso concreto, no encontraron nada. Más aún, ni siquiera se podía escuchar muy bien pues en el sonido local, la cancioncilla apológica del gobierno volvió a sonar haciendo gala de decibeles.

Armenta volvió a subir al presídium. Siguieron los halagos, los aplausos, ya se sabe, las peroratas de siempre. Pero a Barragán le fue bien, pues el gobernador se comprometió a que se haría el Ramal de la autopista. Y de paso, dijo que se construirá una Casa Carmen Serdán en Xicotepec, igual a las de Zacatlán y Huauchinango.

Y ahí retomó el tema feminista, reiterando que con la Casa Carmen Serdán se trabaja para prevenir la violencia hacia la mujer.

Pero digamos que su mejor discurso fue cuando se puso empático. Y dijo que, si a una hija suya le hubiese pasado algo similar, “por supuesto que estaría yo protestando como ellas”.

Esto –hay que decirlo- marca una diferencia con antecesores suyos como Moreno Valle, por ejemplo, quien lucía su insensibilidad con arrojo, acallando cualquier manifestación en torno suyo. Armenta hasta bajó a atenderlas.

No obstante, las feministas siguieron gritando consignas durante todo el evento y ya en una improvisada rueda de prensa, el gobernador volvió a refrendar su postura de apoyo respecto al tema.

Fue una tarde de reclamos, de política, de promesas, pero no de soluciones. Las feministas se fueron como llegaron, eso sí, con la promesa de que “se seguirían atendiendo las demandas”.

Gissel Santander huyó en cuanto pudo. No fuera a ser que se acordaran las feministas que un día marchó junto a ellas y juró ser también feminista de hueso morado. Hoy, ni siquiera el saludo les regala.

 

 

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