La frase “Lo personal es político”, que hoy se utiliza con frecuencia en contextos de movilización social y exigencia de justicia, tiene su origen en un artículo escrito por la feminista Carol Hanisch en 1969, publicado al año siguiente en Notes from the Second Year: Women’s Liberation.
Hanisch formaba parte de grupos de mujeres que se reunían para hablar sobre su vida cotidiana y así tomar conciencia de su propia opresión. La premisa era clara: el malestar que experimentaban no era individual, sino estructural, producto de un sistema de dominación sexista. Si los problemas que enfrentaban no eran personales sino derivados de estructuras sociales, políticas y económicas, entonces eran problemas políticos. (Suárez, 2020)
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En años recientes, ha resurgido una campaña de desprestigio contra la llamada agenda woke, con la intención de desacreditar cualquier postura progresista. El término se asocia a causas como la equidad racial y social, el feminismo, los derechos de la comunidad LGBTIQ+, la defensa de la identidad de género, el multiculturalismo o el derecho a decidir.
Sin embargo, “woke” es simplemente el pasado del verbo wake (despertar), utilizado originalmente como slang en la comunidad negra estadounidense durante los años sesenta para promover la conciencia frente a la injusticia racial. El término recobró fuerza con el movimiento Black Lives Matter, y en 2017 fue incluido por el Diccionario Oxford con la definición: “Estar consciente de temas sociales y políticos, en especial el racismo”. (BBC News Mundo, 2022)
En países donde la derecha o la ultraderecha ha ganado terreno, se ha instaurado la narrativa de que es necesario combatir esta agenda para preservar el “orden” y los “valores tradicionales”. Pero lo realmente tradicional debería ser, tras la Segunda Guerra Mundial, el rechazo absoluto a toda forma de supremacismo o discriminación. Lo que vemos, sin embargo, es un retroceso alarmante, como en Alemania con el avance del partido AFD, en Argentina con el gobierno de Milei, o en Estados Unidos con Trump, en donde estas posturas políticas buscan frenar los avances en derechos humanos, silenciar las diversidades y poner en riesgo a las minorías. En ese contexto, comunidades como la LGBTIQ+ estamos en riesgo real.
En 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Compuesta por 30 artículos, establece que los derechos humanos son universales e inalienables. Entre los artículos más relevantes para la defensa de los derechos de la comunidad LGBTIQ+ se encuentran el Artículo 1, que afirma que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos; el Artículo 7, que garantiza la igualdad ante la ley y la protección contra la discriminación; el Artículo 12, que protege la vida privada y la honra; el Artículo 19, que reconoce la libertad de opinión y expresión; y el Artículo 29, que señala los deberes hacia la comunidad como condición para el desarrollo pleno del individuo (ONU, 1948).
Aunque estos artículos no se limitan exclusivamente a la población LGBTIQ+ evidencian la importancia de garantizar el pleno desarrollo de cada persona, incluyendo su forma de vida y su identidad, siempre que no vulneren los derechos de otros. Esto aplica tanto para quienes somos parte de la diversidad, como para quienes intentan limitar nuestros derechos por el simple hecho de ser quienes somos.
El académico Jeffrey Weeks, uno de los teóricos británicos más influyentes en el estudio de la sexualidad, definió la diversidad como un continuo de conductas en el que ningún elemento tiene mayor valor que otro. La diversidad sexual abarca expresiones plurales, polimorfas y placenteras como la homosexualidad, el lesbianismo, la bisexualidad y las identidades de género, ya sea como prácticas o como formas de ser. Esta noción es relativa, abierta al cambio y a la inclusión de nuevas identidades conforme a su contexto histórico y cultural. (Weeks, 2000; López, 2018)
En 1592, en el periodo de la Inquisición católica, se condenó al exilio a Felipa de Souza en la colonia portuguesa de Brasil, tras confesar haber tenido relaciones sexuales con una mujer. Fue flagelada públicamente como advertencia para que estas acciones no se repitieran en la sociedad. (Amnistía Internacional, 2001)
Hoy, en 2024, 62 países miembros de la ONU aún criminalizan los actos sexuales consensuados entre adultos del mismo sexo. En algunos, esto puede ser castigado incluso con la pena de muerte. (Cidon, 2024)
En pleno siglo XXI, ante el resurgimiento del discurso antiwoke y de la extrema derecha, la representación se vuelve vital. Un ejemplo de ello ha sido Zeudi Di Palma, ex Miss Italia de 23 años, originaria de Scampia, uno de los barrios más marginados de Nápoles. Más allá de su belleza, Zeudi se ha convertido en un símbolo para la comunidad sáfica (mujeres que aman a mujeres) gracias a su participación en el programa Grande Fratello (Big Brother Italia), donde sostuvo conversaciones abiertas sobre la libertad sexual, la adopción por parejas del mismo sexo y, sobre todo, salió del clóset como mujer bisexual en televisión nacional, en un país que ocupa el lugar 35 en Europa en materia de derechos LGBTIQ+.
Esta posición se encuentra por debajo de otros países como Albania (25), Kosovo (27) y Macedonia del Norte (31), que enfrentan distintos desafíos sociales y políticos pero han logrado avances más significativos en materia de igualdad. (ILGA-Europe, 2024)
Zeudi se convirtió en un símbolo porque en su participación como concursante de Grande Fratello, aunque no se diferencia mucho de otros "Big Brother" del mundo, se caracterizó por dos momentos clave que merecen ser analizados desde perspectivas políticas y sociales:
1. Fue atacada, desacreditada y violentada durante 3 meses por declarar su bisexualidad. Fue ridiculizada por la producción, los medios, sus compañeros y gran parte del público.
2. La valentía de Zeudi tuvo un impacto internacional, generando una oleada de apoyo desde al menos 138 países. Para muchas mujeres sáficas, fue un momento de empatía colectiva, porque todas, en algún punto, hemos enfrentado miedo o rechazo por ser quienes somos.
La violencia hacia Zeudi se puede explicar por múltiples factores. Por un lado, el país está gobernado por una administración de derecha liderada por Giorgia Meloni. Además, Italia tiene la edad promedio más alta de Europa (44.5 años), según Carbonaro (2024), lo que podría influir en una visión social menos progresista.
A esto se suma la profunda influencia del Vaticano en la política italiana. Aunque el artículo 7 de la Constitución de este país establece la independencia entre la Iglesia y el Estado, también reconoce explícitamente a la Iglesia católica, lo cual puede reforzar visiones excluyentes hacia otras religiones o formas de entender el mundo (Constitución de la República Italiana, 1947).
El revuelo internacional causado por Zeudi reafirma una verdad contundente: lo que no se ve, no existe. Por eso, la representación es crucial, no sólo para quienes ya están fuera del clóset, sino para quienes aún no pueden salir de él. También, porque mientras sigan existiendo casos de crímenes de odio en contra de la población de la diversidad sexual, alzar la voz se vuelve aún más necesario.
Ver a Zeudi en la televisión generó un sentimiento de validación y esperanza. Su ejemplo, quizás, les permitió a muchas sentirse menos solas, más fuertes, más libres. Y si bien no tiene la obligación de representar una causa, su gesto puede abrir camino para que las nuevas generaciones vivan con mayor libertad, entendiendo que su sexualidad e identidad no son algo que deban ocultar.
Uno de los momentos más significativos fue el de su madre, Maria Rosaria, quien en televisión nacional dijo con absoluta naturalidad que acepta a su hija tal como es. Para muchas personas, ese es un sueño: tener padres que nos amen por quienes somos, que se sientan orgullosos de nuestra existencia y de a quién amamos.
Porque como dice el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio contra Personas LGBTI+ en México: No somos cifras. Somos vidas.
Referencias
Amnistía Internacional. (2001). Crímenes de odio, conspiración de silencio. Madrid, España: Amnistía Internacional España.
BBC News Mundo. (2022). Qué es “woke” y por qué este término generó una batalla cultural y política en EE.UU.
Carbonaro, G. (2024). El país más viejo de Europa: ¿a qué se debe el envejecimiento de Italia? Euronews.
Cidón, M. (2024). Casos de homofobia en el mundo: retos y avances en la protección LGBTI. Amnistía Internacional España.
ILGA Europe. (2025). Principales hallazgos de la edición 2024 del Mapa del Arco Iris.
López, M. (2018). Diversidad sexual y derechos humanos. Ciudad de México: Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).
Organización de las Naciones Unidas (ONU). (1948). Declaración Universal de los Derechos Humanos. París: ONU.
República Italiana. (1947). Constitución de la República Italiana. Artículo 7.
Suárez Tomé, D. (2020). “Lo personal es político” en contexto. En D. Maffía (Ed.), Intervenciones feministas para la igualdad y la justicia. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina: Editorial Jusbaires.
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