Logo e-consulta

Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Chats y construcción de ciudadanía

Los chats, ejemplo de la polarización social que impide la construcción de comunidad

David Córdova Tello

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM con maestría en Administración para la Seguridad y Defensa Nacional. Analista y consultor en seguridad, inteligencia y análisis político, especialista en análisis estratégico. Ha ocupado diversos cargos en instituciones como el CISEN, la Secretaría de Seguridad Pública y el INE.

Miércoles, Abril 16, 2025

Vivimos una época en la que la realidad más que nunca está en entredicho. La verdad está en disputa y no representa un punto de encuentro. En plena era de la posverdad, la paradoja que enfrentamos es que la información abunda, pero con ella también lo hacen las mentiras. Nunca habíamos tenido tanto acceso al conocimiento, ni tantas fake news al mismo tiempo, y en parte las redes sociales han contribuido a ello, al menos como vehículo de propagación.

Parte de esta distorsión proviene del uso —y sobre todo del abuso— de las redes sociales. Entre ellas, WhatsApp ocupa un lugar central en la vida cotidiana de millones de mexicanos. Es una de las plataformas más utilizadas para informarse, organizarse… y sí, también deliberar y construir ciudadanía.

Más artículos del autor

Se afirma que los medios tradicionales – televisión, radio y prensa impresa o digital- han perdido espacio, credibilidad e influencia, en gran medida porque muchas personas los consideran al servicio de intereses políticos y económicos, y por tanto dudan de su independencia.  Esta percepción ha sido así, desde décadas, pero hoy se pronuncia más que antes.

Frente a este panorama la irrupción de las redes sociales -en apariencia neutras y desinteresadas- han emergido como un contrapeso a los discursos y narrativas oficiales. Son vistas como espacios más libres, auténticos y democráticos. Pero su presunta neutralidad es engañosa y están colmadas de sesgos e intereses diversos.

Múltiples estudios revelan que la TV sigue siendo un medio preponderante para enterarnos de lo que ocurre a nuestro alrededor, sobre todo en segmentos poblacionales mayores de cuarenta años. Por otro lado, los jóvenes se informan a través de diversas plataformas como Tik Tok, YouTube, Instagram y X.  Esta transición no sólo cambia el formato de la información, también transforma la manera en que la procesamos y reaccionamos ante ella.

Hasta aquí el contexto.  Todo esto viene a colación porque hace unos días, en un chat de vecinos de Whatsapp, se desató un agrio debate al abordar un tema aparentemente simple: el avance de puestos ambulantes en un paradero de autobuses. La conversación comenzó con una solicitud para que las autoridades intervinieran, debido a que los vendedores estaban invadiendo banquetas y zonas de paso.

Todos hemos sido testigos de la polarización, radicalización y apasionamiento que se despliega en nuestras pequeñas pantallas. El debate parecía razonable, hasta que alguien comentó que esos puestos “dan una mala imagen” o algo así… y ardió Troya.

En cuestión de minutos, el grupo se dividió en dos bandos: unos hablaban de legalidad, otros de economía informal, algunos apelaban a los derechos humanos, otros a la estética urbana. Lo que era un problema local y mínimo se convirtió, de pronto, en una discusión sobre pobreza, justicia, corrupción y desigualdad.

En ocasiones, los chats de vecinos se convierten en una herramienta invaluable de comunicación para resolver problemas individuales, pero también colectivos, para hacer comunidad y construir ciudadanía.

Esa que va de acciones como mantener limpias nuestras banquetas y calles, para que vivamos en entornos de mayor bienestar y armonía, hasta aquellas que impulsan el fortalecimiento de nuestra democracia.

En ocasiones esto se logra de forma inmediata, espontánea y generosa. Siempre aparece alguien dispuesto a ayudar, para resolver dudas o problemas personales y en muchas ocasiones comunes. Sin lugar a dudas son un gran instrumento de ayuda, cooperación y de construcción de ciudadanía, en el más amplio sentido del término.

Sin embargo, de una pequeña escaramuza arribamos a una batalla sin cuartel en la que nadie resultó vencedor, más que el silencio inoculante.

Ese pequeño episodio es un reflejo de algo más profundo: nuestra dificultad crónica para dialogar y ponernos de acuerdo en algo. En México, seguimos hablando de la conquista y sus secuelas, y ya han pasado más de cinco siglos. Continuamos discutiendo estérilmente, si debemos sentirnos orgullosos por lo que somos y de dónde venimos.

La incapacidad de comunicarnos, de entender algo esencial, que la comunicación es posible y únicamente posible, si escuchamos y hablamos, si hay un emisor y un receptor, si hay dos partes y no solo una e inmutable, que anula a los demás. Descalificamos inmediatamente al otro, sin saber, que con ello nos anulamos a nosotros mismos.

El resultado frustrante, supongo para algunos, es que los chats se autoflagelan y terminan por ser un eco sordo, sin reverberación, que incentivan a la inmovilidad y al silencio.

Es una pena, porque los chats vecinales pueden ser herramientas poderosas para ejercer ciudadanía. No sólo sirven para resolver problemas inmediatos —un bache, un apagón, una fuga de agua—, sino también para construir comunidad.

Y no es culpa de la tecnología. El problema somos nosotros: nuestra falta de escucha, nuestra impaciencia, nuestra necesidad de tener siempre la razón, como si cada conversación fuera un campo de batalla personal.

Olvidamos que comunicarse no es hablar más fuerte, sino escuchar mejor. Que dialogar no es imponer, sino construir con el otro. Que para que exista una conversación real, deben participar dos partes dispuestas a entenderse. Terminamos con espacios rotos, sin resonancia, sin acuerdo, sin avance. Y lo más grave: sin comunidad.

El escritor Mario Vargas Llosa, recientemente fallecido, escribió alguna vez: “Se escribe para llenar vacíos, para tomarse desquite contra la realidad, contra las circunstancias.” Tal vez también se conversa —o se debería conversar— por esas mismas razones: para comprendernos, para acercarnos, para no resignarnos únicamente al ruido y al silencio.

cotellodavid@gmail.com  

 

 

Vistas: 356
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs