Los plásticos son de los productos más abundantes en el planeta. Para dimensionar, en el año 2022 se produjeron 400 millones de toneladas de estos derivados del petróleo, y a pesar de todos los esfuerzos solo el 10 por ciento se recicla, pero un 22 están libres en el medio ambiente y estos generan tanto los denominados microplásticos, que son pedazos de 1 milímetro o menos y los nanoplásticos, que son un millón de veces más pequeños que un milímetro.
Estos pequeñísimos plásticos entran al organismo al inhalarlos o al entrar en contacto con nuestra piel, ya que se encuentran en cremas y jabones, o al ingerirlos puesto que entran en contacto con nuestros alimentos.
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Los nanoplásticos una vez que han entrado al cuerpo navegan en nuestra sangre y se ha descrito su presencia en riñones, en los testículos, en el pene, en las mamas, en la placenta entre otros órganos del cuerpo. Dadas sus características químicas pueden alterar los mecanismos que ejercen las hormonas, en particular las sexuales, y por eso se les ha denominado como disruptores endocrinos. Con base a lo anterior, es que se les ha asociado a diferentes tipos de cánceres como el de colón, el de mama, el de la piel y el de estómago.
Estos hallazgos un grupo de investigación en los Estados Unidos de América realizó un experimento con pequeñas bolitas de poliestireno fluorescentes administradas en el agua a ratones de laboratorio y lo que encontraron es que tan solo tres horas después ya estaban en los vasos sanguíneos de la corteza del cerebro, además de que se agrupaban bloqueando el flujo sanguíneo, lo que llevó a los investigadores a describir el fenómeno como algo similar “al atasco que se genera en una carretera después de un accidente automovilístico” e incluso podrían generar infartos.
Así que una buena decisión es disminuir la exposición a los plásticos, por ejemplo, al usar para la comida recipientes de vidrio, checar las etiquetas de los productos que usamos entre otras medidas.