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OPINIÓN

Rancho Izaguirre, como en los tiempos de Edgar Veytia

Tiempos de terror que anuncia el Rancho Izaguirre no son distintos a los que se vivieron en Nayarit

Claudia Martínez Sánchez

Es  defensora de Derechos Humanos, presidenta del Colectivo Nacional Alerta Temprana de Periodistas y Activistas (CONAPA), documentalista, artista y periodista. Sus documentales periodísticos han salido del país como el de Coyomeapan a Berlín, y To The Cray Of Self-Defenses a Estados Unidos.

Jueves, Marzo 20, 2025

Algunas respuestas a muchas preguntas acerca del campo de exterminio ubicado en el Rancho Izaguirre se encuentran en Nayarit.

¿Alguien se ha preguntado por qué amenazaron a las madres buscadoras de ese estado?

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¿Quién recuerda aquel discurso que enterró la carrera política rumbo a la Presidencia de la República de Miguel Ángel Osorio Chong, cuando declaró que Nayarit era el estado más seguro del país? Sí, en tiempos de Peña Nieto.

¿Recuerdan que en aquellos días quien enterró su carrera política fue Edgar Veytia?

En este estado el que mandaba era el señor Edgar Veytia, El Diablo. El Rancho Izaguirre está relacionado con la información que Estados Unidos posee gracias a muchas de las declaraciones del exfiscal.  Existe una alta probabilidad de que este golpe a nivel nacional pudiera venir por parte de Edgar Veytia.

El exfiscal fue detenido en San Diego, Estados Unidos en 2017 por narcotráfico. Se declaró culpable en 2019. Su condena fue de veinte años, y fue reducida a ocho, gracias a su colaboración con el Departamento de Justicia en Estados Unidos, sin pasar por alto que Veytia es quien declaró en contra Genaro García Luna.

En aquellos años, cuando Roberto Sandoval, exgobernador de Nayarit, andaba de uña y mugre en Las Vegas con El Canelo, era Edgar Veytia el que tenía el control de esos dos puntos: Guadalajara, Jalisco y Tepic, Nayarit. Nadie se le salía de control.

Recuerdo muy bien que había dos grupos de reporteros: los que se formaban a pedir dinero hasta para los tratamientos de las enfermedades de las madres e hijos, y los que le tenían terror, esos compañeros que sabían quién era Edgar Veytia y lo que representaba.

En esos años esta reportera era delegada de la Casa de los Derechos de Periodistas, y había sido invitada por una compañera de Tepic para dar unos talleres e impulsar la ley de protección a periodistas.

Todavía puedo recordar a un Edgar Veytia que me quiso intimidar, y no lo pudo lograr: “¿Tú, a qué vienes de tan lejos? Aquí nadie amenaza a mis periodistas. Aquí nadie se mete con ellos. No se ocupan esos talleres. ¿Hay periodiatas amenazados?”, le cuestionó a mi compañera. “¡No hay! Para qué quieres hablar con el gobernador, si el que gobierna el estado soy yo. Aquí yo decido si se hace o no la ley. Aquí el que toma las decisiones soy yo. ¿Ya viste a mis policías?”

Respondí muy franca: “Se ven mal que anden todos encapuchados y con armas largas. Intimidan a la ciudadanía, a mí no, pero a la ciudadanía sí”.

“Por eso, esa es la clave para tener todo controlado. Aquí sabetelo bien: no hay crimen organizado. Aquí no pasa nada. No se necesitan esos talleres”.

Después de mucho justificarse si había presencia o no de grupos criminales, finalmente aceptó que se impartiera la capacitación para los compañeros periodistas.

¿Que si las madres buscadoras de Nayarit podrían volver a sacar a la luz el nombre de Veytia? Claro y con ello nuevas carpetas de investigación

El Diablo, como así lo nombran en voz baja en los corredores de las dependencias de gobierno y en los cafés matutinos de la prensa en Nayarit, todavía abruma y genera miedo en ese bello terruño.

Aquella tarde de nuestra visita a la Fiscalía, la compañera periodista temblorosa, invadida por sus nervios y su evidente miedo, respiró hondo; inmediatamente que cruzamos la puerta de salida de la oficina del exfiscal. La colega, no perdió tiempo en revisar su auto Platina, buscó en todo el coche algún aparato de espionaje o algo parecido. Me reí de ella. Subestimé su delirio de persecución y miedo. No creí en todas las leyendas urbanas que se contaban de aquel fiscal.

Que si amarraba de la pata de la cama a los golpeadores de mujeres; que si los agarraba a cinturonazos; que si había dejado ciegos y cojos a esos hombres; que si despojaba de sus tierras a familias, etc... 

Tiempo más tarde regresé a Nayarit por un tema de investigación de minería a cielo abierto con J. Jesús Lemus Barajas, y tal como decían los compañeros, se tenía que pedir permiso o avisar que andábamos por allí. Aplicamos el refrán: a la tierra que fueres haz lo que vieres. Mi compañero insistió en querer conocer a Veytia.

Entonces el exfiscal frente a su personal y frente a mí le manifestó: “No quiero que te maten en mi estado, porque de que te van a matar, sí te van a matar, pero no aquí, porque me calientas el territorio, por eso te voy a poner seguridad y se me van a hospedar donde yo diga”.

Obedecimos. Teníamos que sacar adelante los temas de investigación. Quisimos entrar a la alberca del hotel casi de inmediato. En un descuido olvidamos las toallas en la habitación y al volver que no fue mucho tiempo, nos habían abierto las computadoras. Toda nuestra información la teníamos resguardada. Veytia era así, todo lo tenía controlado y no porque le preocupara la vida de Lemus Barajas, sino porque tenía que estar seguro de lo que iríamos a trabajar en Nayarit.

Meses más tarde en un viaje de investigación a La Paz, Baja California, al abrir mis redes sociales, le compartí a mi colega con el coincidí en la investigación de minería a cielo abierto: “Los medios dicen que Edgar Veytia fue detenido en San Diego”. El colega Lemus y yo coincidimos en algo: Edgar Veytia se había entregado por voluntad propia. Lo iban a matar si no lo hacía. Veytia había buscado la manera de ser arrestado. Era reciente lo ocurrido  con el H2.

La casa de Veytia había sido baleada. Años atrás de su detención, incluso había mandado a su familia a Canadá y se movían algunas veces a Estados Unidos.

El 8 de enero del 2016 Guzmán Loera había sido detenido en Mazatlán, Sinaloa.

El 15 de agosto de 2016 había ocurrido el secuestro de los hijos de Joaquín Guzmán Loera en el restaurante La Leche en Puerto Vallarta y el 19 de enero 2017 fue extraditado. La conclusión era fácil: Edgar Veytia se había entregado.

Nayarit es la respuesta a muchas de las interrogantes que muchos reporteros y reporteras tienen acerca del campo de exterminio. Le guste o no al gobierno federal, eso es y este escándalo se empata ni más ni menos que con la liberación del exfiscal en Estados Unidos.

No olvidemos que los índices más altos de desapariciones en Nayarit se reportaron a partir de junio del 2017. Edgar Veitya claro que tenía previsto la consolidación de un ejército delictivo en Jalisco.

Cómo olvidar el remate del discurso que enterró a Osorio Chong políticamente: “Edgar Veitya es el mejor fiscal del país”.

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