I
Apuntaba Roland Barthes en La aventura semiológica que un mensaje está conformado por múltiples signos que hay que aprender a distinguir.
Igualmente, añado, todo evento social está conformado por múltiples elementos e, incluso, racionalidades que también hay que distinguir.
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La propia teoría de la acción social – y no digamos la teoría de juegos- pone en duda la idea de que toda acción social obedezca al puro calculo racional, reconociendo un amplio margen al azar, la indetermnación y el caos en la dirección que pueda tomar cualquier acción.
La posible filtración de algún grupo- o grupos- de interés en el conflicto universitario, no le quita legitimidad al movimiento estudiantil de la BUAP. Tampoco su estigmatización logra ocultar el malestar generalizado que se vive en la institución.
Para volver a Weber, las autoridades universitarias no pueden seguir “operando” el conflicto bajo la ética de la convicción y renunciar a una ética de la responsabilidad. Lo que está en juego ahora es la estabilidad y futuro de la universidad y no la estabilidad y futuro de su administración, aunque, lo subrayo, lo peor que podría pasarle en este momento a la universidad sería la renuncia de la rectora.
La política -eso lo deben entender antes que nadie las autoridades de la universidad y del gobierno estatal- no se reduce a la relación amigo-enemigo, como lo pretendió C. Schmitt.
Y, en último caso, si hay un déficit democrático entre los paristas es, eminentemente, responsabilidad de nosotros como educadores; desde hace mucho he preguntado a profesores, administradores e, incluso, a mí mismo, qué tipo de ciudadanos estamos formando en nuestra universidad. Esa pregunta debería ser tan importante como la referente a la formación de competencias técnicas en distintos ámbitos del saber.
II
Estoy muy lejos de creer que Antorcha Campesina tenga un interés particular en la UAP, como lo señaló el gobernador Alejandro Armenta; sus verdaderos intereses -económicos y políticos- están en otro lado. Tampoco creo que le interese usar a la universidad como brazo armado para obtener un beneficio particular. Finalmente, la capacidad de movilización de esa organización es, por sí misma, suficiente para desestabilizar cualquier gobierno u obtener cualquier prebenda.
Es posible que muchos estudiantes de nuestra institución sean miembros de Antorcha Campesina, pero eso no equivale a que la organización esté interfiriendo directamente en el conflicto universitario. En último caso, si Antorcha Campesina, por las razones que sea, quisiera desestabilizar el gobierno de Alejandro Armenta, tendría otros recursos más efectivos para conseguirlo, como la toma de calles, generar violencia en mercados, cierre de carreteras, y no un conflicto, ceñido, de entrada, a la propia institución.
Por otra parte, siempre me ha resultado sospechoso que un político señale, con tanta certeza, un responsable determinado. Pero ya que estamos en el ámbito de las suposiciones y todo el mundo se otorga el derecho a echar a andar mecanismos paranoicos, por qué no sospechar, también, de la probable interferencia del propio gobierno del Estado en el conflicto universitario, para hacerse de un férreo control de la entidad, o simplemente, mostrarnos su músculo político de cara al 2030, por más que el gobernador Armenta intente convencernos de lo contrario. Tanta reiteración resulta igualmente sospechosa.
Pero lo más preocupante de las declaraciones del gobernador poblano es el tono amenazador que usó contra esa organización política que, por extensión, alcanzaría a los propios universitarios, entretejidos, según él, con ella.
III
Y para terminar, un retrato del mismísimo diablo… Ahora resulta que los estudiantes paristas no solo son agitadores profesionales (seguramente entrenados en Corea del Norte o Camboya), alexitímicos y agentes de los más oscuros intereses regionales; son también especialistas en maltrato animal y otras barbaridades, según la nota de Diario Cambio: “Perrito ‘Carolino’ ya apareció; DASU lo resguarda tras ser golpeado por paristas”.
Nota que deja ver, en primer término, el sometimiento de una parte de la prensa poblana a la administración de la universidad con tal de salvar los convenios económicos entre ambas; y el claro desplazamiento de la estrategia comunicativa- campaña negra- de la administración central de la Universidad. Al no poder convencer de la ilegitimidad del movimiento a propios y extraños a través del recurso del complot, ahora intenta descalificar a los estudiantes tocando una de las fibras más sensibles de la sociedad contemporánea: la de infligir dolor a los animales.
No hay duda que la campaña negra orquestada contra los estudiantes, podrá traer dividendos inmediatos a la actual administración, pero más temprano que tarde, se le acabará revirtiendo.