Hace unos días el gobernador Alejandro Armenta señalaba, con razones ciertas y fundamentado encono, el criminal saqueo a las finanzas estatales que ha significado el contrato de creación, manutención y manejo del Museo Internacional del Barroco (MIB), nuestro particular Fobaproa poblano producto de la ambiciosa megalomanía de Rafael Moreno Valle y Rosas.
No es Alejandro el primer gobernador que lo señala, ni tampoco aquél que termina justificadamente frustrado por la impotencia de aliviar el galimatías que encierra.
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Como lo hemos documentado desde hace nueve años aquellos que nos interesamos y enojamos con el asunto, el embrollo contractual tiene sólo tres posibles derroteros:
1. Continuar igual (entripados o no) pagando más de un millón de pesos diarios por varios años más;
2. Liquidar por adelantado el contrato con el consecuente descalabro financiero que esto supondría, o,
3. Expropiarlo y que en el juicio consecuente los acreedores comprueben la licitud de su leonina adquisición.
Ninguna de las tres cuitas es fácil, ni pronta, por lo que la única verdad existente hoy día sobre este recinto (misma desde 2016 cuando se inauguró), es que el MIB está aquí y aquí seguirá mucho tiempo más; acaso como un bastardo ilegítimo, incómodo, vergonzante pero ineludible. Ante ello sólo queda darle la razón al encono y la muina del gobernador actual, tan legítima como la de todos los demás que la hemos señalado.
En lo que ya no tiene razón el gobernador Armenta (como tampoco la tuvieron los anteriores gobernadores en sus sinrazones) es en volver a dejar al garete de la inexperiencia e improvisación la dirección de un recinto museístico de la calidad, envergadura y presencia cultural del MIB, porque, sin duda alguna (quien afirme lo contrario miente), es un gran referente arquitectónico, una imponente estructura museística y un magnífico espacio de promoción cultural, no sólo del Barroco poblano, sino de la totalidad histórica de nuestros casi 500 años de existencia.
Pero para lograr que aflore todo su potencial cultural e identitario se necesita un apropiado plan de largo aliento nutrido de proyectos que refuercen la multi identidad poblana que hemos forjado durante esos cinco siglos ya prontos a cumplir. Todo ello instrumentado por alguien que deje de mirar al MIB como el engendro maldito de Moreno Valle al que se debe castigar o despreciar por oneroso o, peor aún, al que debe dejársele morir ante los ojos de todos los que andan por la Vía Atlixcáyotl. ¡No por favor!
Quiéranlo o no ese museo existe, es nuestro y debe estar al servicio y provecho de todos los poblanos, pero no con parches y ocurrencias como la de montar una arena clandestina de lucha libre, enseñar yoga, bautizar perros o hacer desfiles de moda y multitudinarias comilonas de chiles en nogada.
El Museo Internacional del Barroco debe transformarse en la punta de lanza de la cruzada cultural e identitaria poblana más importante de este milenio que es cumplir cinco siglos de grandeza nacional y cosmopolita. Por lo tanto, dejémonos, gobernantes y ciudadanos, de lamentos a destiempo y recriminaciones tardías y hagamos del infortunio financiero un éxito cultural e identitario como se merece Puebla por ser uno de los estados fundacionales de este gran país que estamos recuperando de la ignominia en la que lo sumieron todos los Rafaeles Moreno Valle del pasado.
No permitamos nunca más que con argumentos seudo culturales amañados, una runfla de mediocres burócratas nos roben la magnífica oportunidad de mostrarle al mundo porqué la historia nacional mexicana es, mayoritariamente, historia y cultura poblanas. Redimensionar al MIB con una nueva vocación cultural es una batalla tan ardua como las que afrontamos en los siglos XIX y XX, pero recordemos, que en ese entonces dimos gloria y orgullo nacional e internacional a nuestro estado, por lo que hoy no debiera ser distinto.